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Yenny Astrid Londoño Conseguir el libro

Nuevo libro · Primera edición · 2026

No todos los hijos de puta vienen con

⚠ Advertencia.

Una guía sarcástica para reconocer a los que sonríen mientras te destruyen.

Portada de No todos los hijos de puta vienen con advertencia, de Yenny Astrid Londoño
20Capítulos
130+Señales descritas
0Frases de autoayuda
1Que todos conocemos

Nadie llega con un cartel en la frente

«Mucho gusto. Vengo a complicarte la existencia y, cuando finalmente reaccionés, voy a decir que cambiaste».

Sería demasiado fácil. Y los hijos de puta nunca juegan tan limpio.

Llegan sonriendo, ofreciendo trabajo, amistad, amor, sociedades o esa ayuda que parece caída del cielo y después llega con factura. Y cuando menos pensás, ya les abriste la puerta de tu casa, de tu negocio, de tu corazón o de tu vida.

Nadie desconfía de quien llega con buena cara. Ese es precisamente el negocio.

Porque los verdaderamente peligrosos casi nunca hacen una entrada espectacular. Se ganan tu confianza poquito a poco. Hasta que un día descubrís que llevan meses —o años— instalados en tu vida, consumiendo tu tranquilidad como si les perteneciera.

Y todavía tienen el descaro de preguntarte por qué ya no sos la misma persona.

Lo más curioso es que casi nunca fue falta de señales. Las señales estaban ahí. Lo que pasa es que uno aprende desde pequeño a justificar lo injustificable.

«No sea tan desconfiado».
«Dele otra oportunidad».
«Es que él es así».
«Es que ella ha sufrido mucho».
«No juzgue sin conocer».
La mayoría de la gente no cambia cuando consigue poder. Simplemente deja de esconder quién era desde el principio. Introducción

No todos usan corbata

Aclaro algo importante: este libro no habla de un tipo de persona. Habla de todas esas personas que convierten la confianza en un arma y la buena fe de los demás en una oportunidad.

Algunos hablan con calma Una calma que inspira confianza. No levantan la voz. No insultan. No cargan cuchillo.
Otros tienen un currículum impecable Y una Biblia debajo del brazo. Y frases motivacionales publicadas cada mañana.
Algunos parecen los mejores padres Las mejores madres. Los mejores amigos. Los mejores jefes. Los mejores vecinos.
Y por eso son tan peligrosos Porque nadie sospecha de quien aprendió a disfrazarse de buena persona.
El problema nunca ha sido cómo llegan. El problema es cómo terminan. Advertencia

Lo que este libro y no es

Lo que vas a encontrar

  • Sarcasmo, ironía, humor negro y groserías.
  • Verdades que no vienen envueltas en frases bonitas para que nadie se ofenda.
  • Doscientas páginas de práctica de campo: manipuladores, jefes encantadores, amistades de bandeja, salvadores que te ahogan.
  • Ayuda para dejar de ser la última persona en darse cuenta de lo que todos los demás ya habían visto.
  • Permiso para dejar de justificar a quien te rompe la tranquilidad y todavía consigue que te sintás culpable por haberte defendido.

Lo que no vas a encontrar

  • Un tratado de psicología. No hay diplomado en narcisistas ni doctorado en hijos de puta con apariencia de buena gente.
  • Discursos de autoayuda.
  • Que «todo pasa por algo».
  • Que «el universo sabe lo que hace». A veces las cosas pasan porque alguien decidió ser un miserable.
  • Una invitación a desconfiar de todo el mundo.
Si una mala palabra te escandaliza más que una mala persona, este libro probablemente no sea para vos. Advertencia

Los 20 capítulos

Cada capítulo se abre en escenas cortas con nombre propio: «El Tinder corporativo», «Las hienas de mi mesa», «El archivo de la loca», «La mula favorita de la finca», «El comité de justificaciones». Así se lee el patrón antes de que se convierta en historia.

Capítulo 1Parecía buena gente porque todavía no abría la jeta
Capítulo 2Bombardeo de amor: te ahogaron en flores para que no vieras el pantano
Capítulo 3El manipulador también llora, especialmente cuando lo descubren
Capítulo 4Promesas premium, comportamiento de feria
Capítulo 5Cuando la bandera roja parecía decoración
Capítulo 6«Eso nunca pasó»: el gaslighting con final feliz para ellos
Capítulo 7El jefe encantador que te exprime con una sonrisa
Capítulo 8La familia que te ama, mientras no crezcas más que ellos
Capítulo 9Amistades de bandeja: aplauden tu caída, desaparecen en tu éxito
Capítulo 10El salvador que en realidad te estaba ahogando
Capítulo 11Chantaje emocional: «si me quisieras, harías esto»
Capítulo 12Victimismo profesional: expertos en llorar antes de que los acusen
Capítulo 13Vuelven cuando por fin estabas en paz
Capítulo 14Te aman «a su manera» —es decir, mal—
Capítulo 15El silencio también es una forma de mentir
Capítulo 16Desaparecen y regresan con excusas de telenovela barata
Capítulo 17Leer entre líneas sin convertirte en detective
Capítulo 18No eras difícil de querer: difícil era la gente de mierda
Capítulo 19Poner límites sin sentirte culpable por existir
Capítulo 20No todos vienen con advertencia, pero vos ya aprendiste a leer las señales

La advertencia casi nunca está escrita

No vienen con etiqueta. No traen una calavera impresa en la camisa. No se presentan diciendo: «Mucho gusto. Soy irresponsable, manipulador y tengo serios problemas para respetar límites».

Ojalá. Uno podría agradecer la sinceridad, terminar el café y llegar temprano a la casa.

La advertencia aparece de otras maneras. En la prisa. En la contradicción. En la forma como trata a quien no necesita impresionar. En el primer no. En la primera broma que te humilla y después te obliga a pedir perdón por no reírte.

En la historia donde todas las exparejas estaban locas, todos los jefes eran injustos, todos los amigos traicionaron y esa pobre criatura fue la única inocente durante cuarenta años consecutivos.

Qué mala suerte tan organizada.

Las señales estaban. Muchas veces ella las vio. Solo que les puso nombres más bonitos: carácter, trauma, pasión, mala racha, amor complicado. Y a veces, simplemente, hijueputez.

Las personas se conocen en el tiempo. No en el discurso, no en la primera cita, no en la entrevista, no en el abrazo del familiar que aparece el día de la foto. Capítulo 20 · La letra pequeña

Tampoco te volvás un hijueputa por defensa propia

Después de leer doscientas páginas sobre gente de mierda, sería muy fácil salir a la calle mirando sospechosos. El vecino saluda raro. La compañera tarda en responder. El nuevo novio respira demasiado cerca. Listo: culpables todos. No.

Si este libro te deja incapaz de distinguir un error de una estrategia, no aprendiste: te traumatizaste con índice y número de página. La gente buena también mete la pata, llega tarde, se equivoca y dice una estupidez. La diferencia no está en la perfección. Está en lo que hace cuando ve el daño.

La promesa

No puede prometer que jamás volverá a equivocarse —eso sería escribir otro libro de mentiras—. Pero hay algo que sí puede prometer:

  • Cuando la realidad se muestre, no voy a taparla para proteger una fantasía.
  • No voy a llamar paciencia al miedo.
  • No voy a confundir lealtad con servidumbre.
  • No voy a negociar mi dignidad para sostener una relación, un empleo, una amistad o un apellido.
  • Y si un día vuelvo a caer, no voy a quedarme en el suelo insultándome por no haberlo visto antes.

Voy a mirar. Voy a aprender. Y me voy a levantar con la experiencia en una mano y la poca paciencia que me quede en la otra.

La próxima vez

La próxima vez alguien va a llegar sonriendo. Porque esto no termina con música épica ni con todos los personajes sospechosos mudándose a otro continente.

Va a llegar una persona amable. Un cliente encantador. Un familiar arrepentido. Una amistad que parece entenderte desde la primera conversación. Tal vez sea alguien bueno. Tal vez no.

Y por primera vez no vas a necesitar decidirlo durante el saludo. Ese es el cambio.

Antes ella entregaba confianza para demostrar que tenía buen corazón. Creía que poner distancia era juzgar, que hacer preguntas era desconfiar y que esperar tiempo podía espantar a la gente.

Ahora sabe que quien merece entrar no necesita tumbar la puerta. Puede esperar. Puede mostrarse.

Sigue confiando. Sigue ayudando —sin abrir un cajero automático en el pecho—. Sigue queriendo —sin firmar su propia desaparición—. Solo que ahora la puerta tiene cerradura y la llave no se entrega durante el saludo.

La vida es demasiado corta para seguir repitiendo la misma puta historia con distinto nombre. Capítulo 20

Todos conocemos al menos a uno

Y si todavía creés que no… tal vez seas la única persona de la reunión que aún no sabe quién es. Disponible en Amazon.

eBook Kindle Tapa blanda Tapa dura · próximamente

⚠ Advertencia real: este libro tiene sarcasmo, ironía, humor negro y groserías. Si eso te incomoda más que una mala persona, ya sabés qué hacer.

Yenny Astrid Londoño con un ejemplar de Putas historias, putos escritos
Yenny Astrid Londoño

Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño escribe desde la catarsis y sin filtro: memoria, confesión y sarcasmo en dosis iguales. No tiene un diplomado en narcisistas —según ella, solo tantas horas de práctica de campo que ya debería tener consultorio, placa en la puerta y una secretaria diciendo: «La doctora ya no recibe más casos. Perdió la paciencia con los anteriores».

Este libro se lo dedica a su madre, que no le enseñó a desconfiar de todo el mundo sino algo mucho más útil: a mirar dos veces antes de creer. Y también a sí misma: a la que se cansó de decir «no lo vi venir».

Este libro es mi manera de dejar de sorprenderme por la misma clase de gente con distinto nombre, diferente cara y el mismo hijueputa disfraz. Dedicatoria
Sus otros libros: Putas historias, putos escritoseBook · tapa blanda · tapa dura
100 formas de hacer el ridículo sin perder la dignidadeBook · tapa blanda · tapa dura