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Sobreviviendo a mis muertos
Uno no supera a sus muertos. Aprende a vivir con ellos muertos. Y no es lo mismo.

Hay libros sobre el duelo que prometen enseñar a soltar, cerrar ciclos, sanar heridas y encontrar un sentido después de la pérdida.
Este no es uno de esos libros.
Sobreviviendo a mis muertos nació de haber enterrado demasiada gente, demasiado pronto, y de descubrir que la muerte no convierte a nadie automáticamente en una persona sabia, serena ni espiritualmente evolucionada.
A veces uno aprende. A veces se emputa. A veces se ríe en un velorio y después se siente culpable. A veces guarda un número de teléfono durante diez años sabiendo perfectamente que nadie va a contestar. Y a veces simplemente sigue viviendo porque amaneció otra vez y hay cosas que hacer.
Este libro habla de eso: de lo que ocurre después de que todos regresan a sus casas y al vivo le toca volver a la suya.

Un libro sobre muertos, pero sobre todo sobre los vivos
Yenny Astrid Londoño empezó a conocer la muerte demasiado temprano.
A los quince años descubrió que una conversación cualquiera puede convertirse en la última sin avisar. Después llegaron más pérdidas: algunas de golpe, otras anunciadas, algunas lejos y otras demasiado cerca.
Con los años aprendió los procedimientos: funerarias, cementerios, llamadas, papeles, flores, horarios y todas esas obligaciones absurdamente prácticas que aparecen cuando uno apenas está intentando entender qué carajos acaba de pasar.
Lo que nunca aprendió fue una fórmula para acostumbrarse. Porque no existe.
Sobreviviendo a mis muertos no convierte el dolor en una historia bonita para agradecerle al universo. Tampoco idealiza a los muertos ni los convierte en santos porque hayan dejado de respirar.
Los recuerda humanos: con sus virtudes, sus defectos, sus chistes, sus peleas, las cosas que dejaron resueltas y también con las que dejaron hechas una mierda.
Porque querer a alguien completo también significa recordarlo completo.
«Yo no superé a mis muertos. Aprendí a vivir con ellos muertos, que no es lo mismo.»
El duelo sin maquillaje
«Mis muertos se murieron. Yo no. Todavía.»
El duelo que aparece en estas páginas no tiene música triste de fondo ni sigue cinco etapas perfectamente organizadas.
Tiene cuentas que pagar, hambre, sueño, familias que se abrazan frente al ataúd y tres meses después vuelven a no hablarse, gente bien intencionada diciendo exactamente lo que uno no necesita escuchar, cumpleaños, Navidades, objetos que nadie sabe qué hacer con ellos, números de teléfono que uno no quiere borrar, culpa por reírse, miedo de olvidar una voz, rabia con Dios y rabia con la vida.
Y la sospecha permanente de que uno debería estar llevando todo esto de una manera más digna.
No. Cada uno sobrevive como puede.
¿Qué vas a encontrar en este libro?
Una historia personal atravesada por la pérdida, pero escrita sin convertir el dolor en espectáculo.
Vas a encontrar funerales y llamadas que parten una vida en dos, la culpa por lo que uno dijo y por lo que no alcanzó a decir, la absurda logística que empieza cinco minutos después de una tragedia, el miedo de perder a quienes todavía quedan, la relación con Dios cuando las respuestas dejan de alcanzar, los objetos de los muertos, las fechas, los sueños y la memoria.
Y también humor.
Porque incluso en un velorio alguien termina diciendo una barbaridad.
Porque la vida tiene una falta absoluta de respeto por el tono narrativo.
Y porque algunos dolores, cuando pasan los años, se pueden mirar de frente sin dejar de querer a quien se fue.
Capítulos
- Introducción
- 1. La noticia no viene sola
- 2. El mundo no pidió permiso para seguir
- 3. La llamada que nadie quiere hacer
- 4. Lo que se lleva la muerte además de la persona
- 5. El muerto se va y las cosas se quedan
- 6. El velorio es de los vivos
- 7. La culpa siempre encuentra dónde sentarse
- 8. Cuando también me emputé con Dios
- 9. Los vivos también empiezan a morirse en la cabeza
- 10. El hijueputa «por lo menos»
- 11. Hay muertos que todavía respiran
- 12. Mi mamá no cabe en la palabra «muerto»
- 13. Tengo miedo de olvidar cómo se reían
- 14. Los sueños con los muertos
- 15. Sobrevivir el calendario
- 16. Seguir
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Sobre la autora
Yenny Astrid Londoño escribe desde la experiencia, la memoria, el sarcasmo y esa costumbre bastante poco conveniente de preguntar lo que otros prefieren dejar quieto.
Es autora de Putas historias, putos escritos, No estoy loca, estoy rodeada de incompetentes, No todos los hijos de puta vienen con advertencia y otros libros donde la vida aparece sin demasiado maquillaje.
En Sobreviviendo a mis muertos escribe sobre una de las cosas que más han atravesado su historia: perder personas queridas y descubrir que sobrevivirlas no significa olvidarlas, superarlas ni convertir el dolor en una enseñanza bonita.
Significa seguir. A veces bien. A veces a las patadas. Pero seguir.
Preguntas frecuentes
- ¿Sobreviviendo a mis muertos es un libro de autoayuda sobre el duelo?
- No. No propone pasos, ejercicios, métodos ni fórmulas para superar una pérdida. Es una obra de narrativa personal sobre la muerte, el duelo, la memoria, la familia y la vida que continúa después.
- ¿Dónde puedo comprar Sobreviviendo a mis muertos?
- Esta edición digital no está a la venta. Se entrega gratuitamente a quienes se suscriben al newsletter de yennyastrid.com.
- ¿El libro está basado en experiencias reales?
- Sí. El libro parte de las experiencias personales de Yenny Astrid Londoño con la muerte y la pérdida, narradas desde su memoria y su perspectiva.
- ¿Es un libro triste?
- Habla de la muerte y del duelo, así que hay dolor. Pero también hay sarcasmo, humor negro, familia, recuerdos absurdos y todas esas contradicciones que siguen existiendo incluso cuando alguien muere.
- ¿Tengo que haber perdido recientemente a alguien para leerlo?
- No. Es un libro sobre la muerte, pero también sobre memoria, culpa, familia, miedo, amor y la extraña tarea de seguir vivo después de perder a alguien.
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