Yenny Astrid Londoño

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Verdades incómodas

Cerrar sesión y volver a vivir:
cuando sentís que tu vida está estancada

Sentirse estancado también es parte de la vida. Esto no es un método de cinco pasos: es una conversación sobre dejar el pasado atrás, salir del piloto automático y volver a vivir el presente.

Por Yenny Astrid Londoño ·30 de septiembre de 2026 ·7 min de lectura ·Verdades incómodas
Yenny Astrid Londoño escribiendo entre velas, libros y plantas: una imagen sobre qué hacer cuando sentís que tu vida está estancada
Cerrar sesión y volver a vivir · Por Yenny Astrid

A veces uno está tirado en la cama, celular en la mano, mirando redes sociales de gente que aparentemente tiene la vida resuelta, mientras suena una canción que tuvo la pésima idea de traer recuerdos que nadie estaba buscando.

Y empieza el inventario.

El inventario que nadie pidió

Esa auditoría no autorizada que a uno le llega a las once de la noche

Hace semanas que no llamás a ese amigo que jurás querer muchísimo.

Compraste un libro que todavía está exactamente donde lo dejaste porque, por supuesto, comprar libros y leerlos son dos hobbies completamente diferentes.

La ropa limpia lleva tres días sobre una silla esperando ese acontecimiento extraordinario en el que finalmente decidas guardarla.

Y ese proyecto que llevás meses diciendo que vas a comenzar sigue avanzando maravillosamente.

En tu cabeza.Qué productividad tan impresionante.

Y entonces aparece esa sensación incómoda: sentirse estancado en la vida.

Sentirse estancado en la vida no es lo mismo que estar perdido

Spoiler: casi nunca es falta de claridad

Porque lo curioso es que muchas veces uno no está perdido.

Uno sabe qué quiere. Sabe lo que debería hacer. Tiene planes, ideas, sueños, listas, propósitos y hasta conversaciones enteras consigo mismo donde deja perfectamente claro que «mañana sí».

El problema es que mañana tiene una extraña tendencia a convertirse otra vez en hoy.

Y uno sigue ahí.Pensando muchísimo.Haciendo bastante menos.

Cuando lo que querés y lo que hacés no se parecen

La contradicción más hijueputa de estar vivo

Ahí está una de las contradicciones más hijueputas de vivir: uno puede querer algo de verdad y aun así no mover un dedo para conseguirlo.

Puede querer cambiar de vida y seguir años quejándose del mismo jefe.

Puede querer escribir y no sentarse nunca a escribir.

Puede querer recuperar una amistad y esperar eternamente que sea el otro quien llame.

Puede querer empezar de nuevo mientras continúa abrazado exactamente a lo que necesita dejar.

No siempre es falta de ganas. A veces es miedo. O cansancio. O costumbre. O esa maravillosa capacidad humana de complicar durante seis meses algo que probablemente podríamos empezar a resolver un martes cualquiera después del almuerzo.

El correo que nunca llega

También ocurre que seguimos esperando sentirnos preparados

Y esa sí es buena. Como si la vida fuera a mandar un correo diciendo:

«Estimado usuario: nos complace informarle que ya se encuentra emocional, económica y espiritualmente preparado para comenzar».

No va a llegar.

Ya no sos quien eras (aunque no te hayas dado cuenta)

Cambiar de vida a veces ya pasó y nadie avisó

En medio de todo eso uno también descubre otra cosa: ya cambió. Y no necesariamente se dio cuenta mientras estaba pasando.

Hay cosas que hace cinco años parecían indispensables y hoy no moverían ni un pelo. Personas sin las que uno juró que no podía vivir y resulta que sí. Opiniones que defendimos con una seguridad admirable y que hoy preferiríamos que nadie recuerde. Decisiones que parecían brillantes y terminaron siendo una capacitación intensiva en estupidez aplicada.

Así funciona. Uno no es exactamente el mismo que era ayer. Y mañana tampoco será exactamente el que es hoy.

Eso también significa que nunca volvemos a querer de la misma manera, ni confiamos igual, ni deseamos exactamente las mismas cosas. No porque necesariamente nos volvamos mejores —no exageremos—. Simplemente acumulamos vida.

Y la vida modifica.

Vivir mirando hacia atrás también cansa

O por qué cuesta tanto dejar el pasado atrás

El pasado tiene una ventaja bastante peligrosa: ya está escrito.

Uno puede visitarlo todas las veces que quiera. Revisar conversaciones. Recordar personas. Pensar qué habría pasado si hubiera dicho aquello, hecho esto, llamado antes, esperado menos o tenido la maravillosa inteligencia que siempre aparece después de que todo salió mal.

Muy útil.

El problema comienza cuando uno deja de visitar el pasado y decide instalarse allá.

Porque recordar no tiene nada de malo. Extrañar tampoco. Hay personas, lugares y momentos que forman parte de nosotros aunque hayan terminado hace años. Pero otra cosa muy distinta es seguir entregándole el presente a algo que ya pasó.

Frase de Yenny Astrid Londoño sobre dejar el pasado atrás: hay sitios, personas y versiones de nosotros mismos que ya cumplieron su turno

Vivir el presente no significa olvidar

Contra la industria del «soltá y seguí»

Eso también me parece importante. Hay demasiadas frases diciendo que hay que «soltar», «cerrar ciclos», «dejar todo atrás» y aparecer al día siguiente renovado, agradecido y con una planta nueva al lado de la ventana.

La vida real suele ser menos organizada.

Hay cosas que uno nunca olvida. Personas que siguen teniendo un lugar en la memoria. Dolores que no desaparecen completamente. Sueños que cambiaron. Partes de uno mismo que quedaron en determinadas épocas.

Y no pasa nada.

Vivir el presente no exige borrar el pasado. Exige dejar de permitir que el pasado administre cada decisión de hoy.

Esa diferencia es enorme.

Tal vez no necesitás empezar de cero

Volver a empezar desde donde ya estás parado

También nos vendieron esa idea. «Empieza de nuevo». Como si uno pudiera formatearse.

No.

Uno empieza desde donde está. Con lo bueno. Con las cagadas. Con lo aprendido. Con lo que todavía no entiende. Con aquello que salió bien y con las decisiones que, miradas desde hoy, parecen tomadas bajo efectos de alguna sustancia que uno ni siquiera recuerda haber consumido.

Todo eso viene incluido.

Volver a empezar no consiste en convertirse mágicamente en otra persona. Consiste en mover algo. Aunque sea pequeño.

Una sola cosa · elegí la que más te incomode

  • Llamar.
  • Escribir.
  • Guardar la puta ropa.
  • Abrir el libro.
  • Mandar la hoja de vida.
  • Salir.
  • Terminar.
  • Comenzar.

Hacer esa primera cosa que llevás demasiado tiempo posponiendo mientras esperás tener ganas. Porque a veces las ganas llegan después.

Cerrar sesión también puede ser una forma de volver

Salir del piloto automático sin irse a una montaña

Las redes sociales no tienen la culpa de todo. Sería demasiado cómodo echarles semejante responsabilidad. Pero sí tienen una capacidad impresionante para mantenernos ocupados mirando cómo viven los demás mientras nosotros aplazamos la nuestra.

Cinco minutos se convierten en cuarenta. Después aparece una fotografía. Una canción. Un recuerdo. La vida perfecta de alguien que probablemente también tiene ropa acumulada sobre una silla fuera de cámara.

Y uno vuelve a compararse.A recordar.A pensar.

Tal vez algunas veces haga falta simplemente cerrar sesión. No para convertirse en monje. Ni para irse a una montaña. Ni para comenzar una nueva existencia a las cinco de la mañana tomando agua con limón. Dios nos libre.

Cerrar sesión un rato. Mirar alrededor. Y preguntarse:

La pregunta

¿Qué parte de mi propia vida llevo demasiado tiempo dejando para después?

La respuesta probablemente no necesita una revolución. Tal vez necesita una llamada. Una decisión. Una hora. Un primer paso. O dejar finalmente de visitar un lugar emocional donde hace años ya no vive nadie.

El pasado ya tuvo su turno

Y hoy todavía es nuestro

Porque hay personas, momentos y versiones de nosotros mismos que fueron importantes. Algunos incluso nos cambiaron.

Se pueden recordar.Se pueden querer.Se pueden extrañar.

Lo que no tiene sentido es seguir viviendo allá.

El pasado ya tuvo su turno.
Hoy todavía es nuestro.

Preguntas que me hacen siempre

Lo que la gente escribe cuando siente que su vida está estancada

¿Qué significa sentirse estancado en la vida?

Sentirse estancado en la vida no siempre significa estar perdido. Muchas veces uno sabe perfectamente qué quiere y qué debería hacer: tiene planes, ideas y listas. Lo que no se mueve es la acción. El estancamiento aparece cuando lo que querés y lo que hacés dejan de parecerse.

¿Cómo salir del piloto automático?

No exige una revolución. Empieza por cerrar sesión un rato, mirar alrededor y hacer una sola cosa concreta de las que llevás tiempo posponiendo: una llamada, una hoja de vida enviada, el libro abierto. Las ganas suelen llegar después de la acción, no antes.

¿Se puede vivir el presente sin olvidar el pasado?

Sí. Vivir el presente no exige borrar el pasado ni cerrar ciclos de un día para otro. Hay personas y momentos que uno nunca olvida, y no pasa nada. La diferencia está en dejar de permitir que el pasado administre cada decisión de hoy.

¿Hay que empezar de cero para cambiar de vida?

No. Uno no puede formatearse. Se empieza desde donde está: con lo bueno, lo aprendido y las cagadas incluidas. Volver a empezar no es convertirse en otra persona: es mover algo, aunque sea pequeño.

Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Escribo porque matar es ilegal. Empresaria, tarotista, fabricante de anchetas y autora de seis libros donde el sarcasmo y la honestidad brutal se turnan el micrófono. Si esto te removió algo, probablemente en alguno de mis libros te vas a encontrar completa.

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