Yenny Astrid Londoño

Inicio › Blog › Esa sensación de que algo te falta

Verdades incómodas

Esa sensación de que algo te falta aunque no sepas qué es

Si supiera qué es, por lo menos tendría la decencia de buscarlo. Pero no.

Por Yenny Astrid Londoño ·30 de septiembre de 2026 ·12 min de lectura ·Verdades incómodas
Yenny Astrid Londoño en una terraza al atardecer, junto a la frase «Esa sensación de que algo te falta aunque no sepas qué es»
Esa sensación de que algo te falta aunque no sepas qué es · Por Yenny Astrid

La respuesta corta

Sentir que algo falta casi nunca significa estar incompleto. Suele significar estar lejos de uno mismo: haciendo lo que toca, cumpliendo, resolviendo, y perdiendo de vista qué le gusta a uno y qué quiere. A veces no falta alguien. A veces faltamos nosotros.

Hay días en los que uno siente que algo falta.

No sabe qué.Y eso es lo más desesperante.

Porque si supiera qué es, por lo menos tendría la decencia de buscarlo. Pero no.

Uno sigue viviendo con esa sensación rara de tener una pieza faltante sin saber de qué rompecabezas estamos hablando.

Muy práctico todo.

Dónde aparece exactamente

Nunca en el momento dramático que uno esperaría

Porque lo curioso es que no llega cuando pasa algo grave. Ahí uno está ocupado resolviendo. Llega después, cuando todo está en orden y no hay nada de qué quejarse.

Los momentos de siempre

  • Un domingo a las seis de la tarde, cuando la luz cambia y la casa se queda muy callada.
  • En el parqueadero, ya llegaste, pero te quedás tres minutos más adentro del carro sin ninguna razón.
  • Haciendo scroll en algo que ya no te está divirtiendo hace rato y aun así no cerrás.
  • En una reunión donde la estás pasando bien y de repente te sentís como mirando todo desde afuera.
  • Viendo una foto donde salís sonriendo y no lográs acordarte de qué sentías ese día.
  • A las once de la noche, justo cuando ya era hora de dormir. Siempre a esa hora. Nunca a las ocho.

Uno trabaja, habla con gente, se ríe, hace mercado, resuelve problemas, paga cuentas. Y aun así, en medio de cualquier día absolutamente normal, aparece esa incomodidad.

Como si algo estuviera fuera de lugar. No necesariamente mal. Solo incompleto.

Uno siempre cree que lo que falta está afuera

Y ahí empieza la cabeza a hacer lo suyo

Tal vez sea una persona.Tal vez un trabajo distinto.Una casa.Más plata.Un viaje.Un proyecto.Una relación.Una vida menos complicada.

Cualquier cosa sirve. Tenemos una capacidad admirable para imaginar que la pieza que nos falta está en algún lugar esperando que finalmente lleguemos.

Y uno empieza a buscar. En personas. En planes. En lugares. En versiones futuras de uno mismo.

«Cuando consiga esto…»«Cuando llegue aquello…»«Cuando aparezca alguien…»«Cuando cambie mi vida…»

Ahí sí.Ahí sí voy a sentirme completo.Claro.

Después llega. Y uno descubre que la sensación sigue ahí.

Qué hijueputa sorpresa.

Hay cosas que parecen ser la respuesta hasta que dejan de serlo

Y eso cuesta entenderlo

A veces uno encuentra algo que durante un tiempo parece encajar perfecto. Una persona. Un proyecto. Una ciudad. Un momento. Algo que hace que por fin todo se sienta más claro.

Y uno piensa:Era esto. Esto era lo que me faltaba.

Entonces se entrega. Se acomoda. Construye alrededor de eso. Y un día ya no funciona igual.

No porque necesariamente haya sido falso. Puede haber sido completamente real. Solo que algunas cosas cumplen una función durante un tiempo y después dejan de hacerlo.

Eso cuesta entenderlo. Porque cuando algo nos hizo sentir completos, queremos que nos siga completando para siempre. Como si las personas y las etapas vinieran con contrato indefinido.

No.Algunas cosas llegan.Nos cambian.Nos acompañan.Y se van.

«Pero si vos tenés todo»

La frase que convierte una sensación en un defecto de carácter

Y acá hay que decir algo, porque esto es lo que uno recibe apenas se atreve a contarlo.

«Pero si vos tenés todo.» «Eso es falta de gratitud.» «Hay gente que la está pasando peor.» «Agradecé lo que tenés.» «Es que pensás demasiado.»

Y uno se calla. Porque además tienen razón en lo obvio: sí, hay trabajo, hay salud, hay gente que quiere a uno, hay comida en la nevera. Todo eso es cierto y no cambia absolutamente nada.

Porque esta sensación no funciona por comparación. No se arregla mirando a quien está peor, igual que un dolor de muela no se quita porque exista gente con fracturas.

La gratitud es buenísima. Pero usada así deja de ser gratitud: se convierte en una orden para que uno se calle.

A veces no estamos incompletos. A veces simplemente estamos demasiado lejos de nosotros mismos

Guardala o mandásela a quien la necesite hoy

También hay encuentros que duran un segundo

Eso siempre me ha parecido extraño

Hay personas que uno conoce durante años y apenas dejan una marca. Y otras pasan por la vida durante cinco minutos y, por alguna razón, quedan ahí.

Una conversación.Una mirada.Una frase.Algo que uno no sabe explicar.

Como si hubiera reconocido algo sin conocerlo. Y después desaparece.

Eso pasa con lugares también. Uno llega a una ciudad que nunca había visto y siente una familiaridad absurda. O escucha una canción nueva y jura que ya la conocía. O sueña algo que parece importante y al despertar apenas queda la sensación.

No el contenido.La sensación.Eso es todavía peor.

Porque uno sabe que estuvo ahí. Cerca. Pero no sabe de qué.

El problema es esa sensación de llegar tarde

Dos palabras maravillosas para dañarse una tarde completa

Hay momentos donde uno siente que algo estuvo a punto de pasar. Que casi conoció a alguien. Que casi tomó una decisión. Que casi cambió de camino.

Y después se queda pensando: ¿Y si?

¿Y si hubiera hablado?¿Y si hubiera ido?¿Y si me hubiera quedado?¿Y si me hubiera ido antes?¿Y si esa persona era importante?¿Y si ese trabajo sí era?¿Y si ese momento no volvía?

La vida está llena de puertas que uno no sabe que eran puertas hasta mucho después. Y para cuando uno entiende, ya cambiaron la cerradura.

Qué consideración.

La vida está llena de puertas que uno no sabe que eran puertas hasta mucho después

La vida está llena de puertas

No todo lo que buscamos tiene nombre

Confundimos bastante

Eso también lo aprendí. Porque no siempre sabemos ponerle nombre a lo que nos duele. Mucho menos a lo que nos falta.

Y cuando uno no sabe qué falta, empieza a probar cosas. Relaciones. Trabajos. Planes. Rutinas. Todo puede servir por un rato. Hasta que deja de servir.

El traductor de lo que creemos estar buscando

Lo que uno pide casi nunca es lo que necesita

Lo que uno cree · lo que suele ser

  • Cree que busca amor→y busca tranquilidad
  • Cree que necesita compañía→y necesita sentirse visto
  • Cree que quiere éxito→y quiere dejar de sentirse insignificante
  • Cree que necesita cambiar de ciudad→y necesita cambiar de vida
  • Cree que le falta tiempo→y le sobran cosas que no eligió
  • Cree que quiere descansar→y quiere dejar de ser responsable de todo

Ninguna de las de la izquierda es mentira. Simplemente están mal tituladas. Y uno puede pasarse años persiguiendo el título equivocado con una dedicación admirable.

A veces no estamos incompletos, estamos desconectados

Y esta idea me gusta más

Porque hablar de «completarnos» suena como si viniéramos defectuosos de fábrica. Como si uno fuera media persona esperando encontrar la otra mitad.

Qué pereza.

Yo no creo que uno necesite que alguien lo complete. Pero sí creo que uno puede pasar temporadas completamente desconectado de sí mismo.

Haciendo lo que toca.Cumpliendo.Resolviendo.Sobreviviendo.

Y en medio de eso perder de vista qué le gusta, qué quiere, qué necesita.

Ahí aparece el vacío. No necesariamente porque falte alguien. A veces faltamos nosotros.

¿Y si es cansancio y no vacío?

Antes de salirle a buscar sentido a la vida, revisá lo aburrido

Porque esto también hay que decirlo y casi nadie lo dice, probablemente porque no suena profundo.

El agotamiento se disfraza de vacío con una facilidad impresionante. Uno lleva tres años sin unas vacaciones de verdad, durmiendo mal, resolviéndole la vida a tres personas, y llega un domingo con una sensación existencial tremenda sobre el sentido de la existencia.

Y a lo mejor lo que necesita no es replantearse la vida entera. A lo mejor necesita dormir ocho horas seguidas tres días seguidos y volver a revisar.

Poco glamoroso.Bastante efectivo.

No digo que toda sensación de vacío sea falta de sueño. Sería demasiado cómodo. Pero antes de tomar decisiones gigantescas —renunciar, mudarse, terminar algo— vale la pena preguntarse si uno está decidiendo o simplemente está mamado.

Son dos cosas distintas y se sienten casi igual.

También buscamos versiones antiguas de nosotros mismos

Eso es todavía más tramposo

Uno dice: «Quiero volver a ser como antes.»

¿Antes cuándo?¿Antes de qué?

Porque también idealizamos nuestras propias versiones anteriores.

La que tenía más energía.La que se enamoraba sin miedo.La que confiaba.La que soñaba más.La que se levantaba sin sentir que todo costaba.

Y uno intenta regresar. El problema es que no se puede.

Ya pasó demasiado.Ya sabemos demasiado.Ya perdimos cosas.Ganamos otras.

Uno no vuelve.Uno sigue.Aunque no siempre sepa para dónde.

A veces sí estuvimos cerca

Y eso también puede ser verdad

Tal vez hubo momentos donde sentimos algo que se parecía mucho a eso que buscamos.

Paz.Pertenencia.Amor.Libertad.Una sensación de estar exactamente donde había que estar.

Y después se fue. No necesariamente porque hicimos algo mal. Algunas experiencias no están hechas para quedarse. Solo para mostrarnos que existe otra forma de sentir.

Eso puede doler. Pero también sirve. Porque después ya sabés que esa sensación existe. Y eso cambia la búsqueda.

El vacío también puede ser una brújula

No siempre hay que llenarlo inmediatamente

Eso cuesta. Porque nos incomoda sentir que falta algo. Entonces buscamos cualquier cosa que tape.

Trabajo.Gente.Compras.Sexo.Redes.Proyectos.Ruido.

Cualquier cosa sirve con tal de no escuchar el hueco.

Pero a veces conviene dejarlo hablar.

Las seis preguntas

Las que uno evita porque sabe más o menos la respuesta

  1. ¿Qué falta?
  2. ¿De verdad falta algo, o estoy cansado?
  3. ¿Estoy solo, o estoy rodeado de gente con la que no puedo hablar?
  4. ¿Estoy viviendo una vida que ya no me representa?
  5. ¿Estoy esperando algo que ya no va a llegar?
  6. ¿Estoy tratando de encontrar afuera una respuesta que llevo años evitando mirar adentro?

Ahí empieza algo. No una solución perfecta —eso sería demasiado bonito—. Pero por lo menos una conversación más honesta.

Qué se puede hacer un martes cualquiera

Porque «conectá con vos mismo» no es una instrucción, es un adorno

Y acá me toca ser práctica, porque a mí también me da rabia cuando un texto me deja conmovida y sin nada en la mano.

No hace falta un retiro espiritual ni renunciar al trabajo. Lo que sirve es más chiquito y más aburrido:

Hacer una sola cosa que no le sirva a nadie más que a vos.Sin productividad. Sin que rinda. Sin publicarla.

Puede ser media hora. Puede ser leer, caminar, cocinar algo que te guste a vos y no a los demás, oír un disco entero sentada sin hacer nada más.

Suena tonto. Pero cuando uno lleva años haciendo únicamente lo que toca, media hora de algo elegido se siente rarísimo. Y esa rareza es exactamente la medida de qué tan lejos andaba uno de sí mismo.

Ahí no se resuelve nada.Pero por lo menos uno vuelve a aparecer en su propia agenda.

No todo lo que buscamos tiene nombre

No todo lo que buscamos tiene nombre

Tal vez no llegamos tarde

Esa también es una posibilidad

Tal vez algunas cosas simplemente no eran para quedarse. Tal vez no perdimos «la oportunidad de nuestra vida». Tal vez era solo una oportunidad. Una entre muchas.

A veces nos gusta pensar que hubo un momento exacto donde todo pudo cambiar porque eso hace que la historia parezca más importante. Más cinematográfica.

Pero la vida rara vez depende de una sola escena.

Hay más puertas.Más personas.Más caminos.Más versiones de nosotros mismos esperando aparecer.

Y quizá esa sensación de que «casi encontramos algo» no sea una tragedia. Tal vez sea una pista. Una forma de saber qué nos importa.

Seguimos buscando

Todos. De alguna manera

Algunos buscan amor.Otros paz.Otros propósito.Otros solamente un lugar donde sentirse menos cansados.

Y muchos ni siquiera saben qué están buscando. Solo saben que cuando algo se acerca, lo reconocen.

No con la cabeza.Con esa sensación rara.Familiar.Como si ya hubieran estado ahí.

Tal vez por eso hay momentos que duran poco y aun así se quedan. Porque tocaron algo que uno llevaba mucho tiempo intentando nombrar.

Y quizá no se trata de encontrar una cosa exacta que finalmente nos complete. Tal vez se trata de seguir aprendiendo qué nos mueve. Qué nos calma. Qué nos devuelve a nosotros mismos.

Y dejar de perseguir la idea de que estamos incompletos solo porque todavía no entendemos todo.

Porque a veces uno no llegó tarde.Simplemente todavía estaba aprendiendo a reconocer lo que tenía enfrente.

No siempre sentimos que algo falta porque estemos incompletos.
A veces simplemente estamos demasiado lejos
de nosotros mismos.

Preguntas que me llegan siempre

Lo que escribe la gente que se reconoció en este texto

¿Por qué siento que algo me falta si tengo todo?

Porque la sensación no depende de lo que uno tiene, sino de qué tan cerca está de sí mismo. Se puede tener trabajo, familia y salud y aun así pasar temporadas desconectado: haciendo lo que toca, cumpliendo, resolviendo, y perdiendo de vista qué le gusta a uno y qué quiere.

¿Qué significa sentirse incompleto?

Casi nunca significa venir defectuoso de fábrica ni estar esperando una media naranja. Suele significar que uno está lejos de sí mismo. A veces no falta alguien: faltamos nosotros.

¿Cómo saber qué me falta si no logro ponerle nombre?

Revisando qué está pidiendo en realidad. Uno cree que busca amor y busca tranquilidad; cree que necesita compañía y necesita sentirse visto; cree que quiere éxito y quiere dejar de sentirse insignificante. Lo que falta rara vez se llama como uno cree.

¿La sensación de vacío siempre es algo emocional?

No siempre. A veces no es una crisis existencial: es cansancio acumulado. Antes de salir a buscarle sentido a la vida conviene preguntarse hace cuánto no se descansa de verdad, porque el agotamiento se disfraza de vacío con una facilidad impresionante.

¿Hay que llenar el vacío de inmediato?

No. Lo incómodo nos empuja a taparlo con trabajo, gente, compras o ruido. Pero a veces conviene dejarlo hablar: el vacío también puede funcionar como brújula, porque señala qué nos importa y qué dejamos de lado.

¿Y si dejé pasar la oportunidad de mi vida?

Probablemente no era la única. Nos gusta pensar que hubo un momento exacto donde todo pudo cambiar porque eso hace la historia más cinematográfica, pero la vida rara vez depende de una sola escena. Hay más puertas, más personas y más versiones de uno mismo por aparecer.

Nota al margen. Una cosa es esta sensación que va y viene, y otra es un vacío que lleva meses, que apaga lo que antes gustaba y que no se mueve con nada. Si es lo segundo, hablarlo con un profesional no es dramatizar: es pedir ayuda para algo que no se resuelve pensándolo más.

Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Escribo porque matar es ilegal. Empresaria, tarotista, fabricante de anchetas y autora de seis libros donde el sarcasmo y la honestidad brutal se turnan el micrófono. Si esto te removió algo, probablemente en alguno de mis libros te vas a encontrar completa.

Seguí leyendo

Desde detrás de las páginas

Historias, verdades incómodas y uno que otro ataque de sarcasmo directo a tu correo. Sin spam, sin frases de calendario.