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La autoestima sin auditoría: quererse mucho sin revisarse nunca.

El problema no es el amor propio. Ojalá hubiera más. El problema empieza cuando alguien convierte quererse en una excusa para no mirar jamás qué puso en el mierdero.

Por Yenny Astrid Londoño · 30 de septiembre de 2026 · 18 min de lectura · Detrás de los libros
Yenny Astrid con el libro Gente de mierda con excelente autoestima en un post sobre autoestima sin auditoría
Quererse está muy bien. Creerse incapaz de equivocarse ya pertenece a otro departamento.
La respuesta corta

La autoestima sin auditoría es quererse muchísimo sin revisar jamás la propia participación en los problemas. No es amor propio sano: es una manera cómoda de vivir donde el ex estaba loco, la amiga era envidiosa, el jefe tenía miedo de tu potencial y vos, milagrosamente, nunca pusiste nada en el desastre.

Hay gente que se equivoca y después pasa media noche pensando si habló demasiado fuerte.

Y hay otra que acaba de dejar un mierdero de proporciones considerables, duerme como bebé, se levanta al día siguiente, publica una frase sobre proteger su paz y sigue con la vida.

Marica, qué envidia.

Yo durante mucho tiempo pensé que esa gente simplemente no se daba cuenta.

Después entendí que algunos sí.

Lo que pasa es que encontraron una manera mucho más cómoda de vivir:

siempre hay una explicación en la que ellos quedan bien.

Si son groseros, tienen carácter.

Si son egoístas, aprendieron a priorizarse.

Si desaparecen cuando alguien los necesita, están cuidando su energía.

Y si después de todo eso vos reclamás, probablemente seas una persona tóxica que no respeta sus límites.

Así cualquiera duerme ocho horas.

¿Qué es la autoestima sin auditoría?

Quererse mucho no es el problema. No revisarse nunca sí empieza a parecerlo.

Yo no tengo ningún problema con la autoestima.

Al contrario.

Ojalá hubiera más gente que se quisiera bien, que no mendigara afecto, que supiera decir que no, que se retirara de donde no la quieren y que no necesitara la aprobación de medio mundo para sentirse valiosa.

Eso me parece sano.

La dificultad empieza cuando el amor propio se vuelve un blindaje.

Cuando cualquier crítica es ataque.

Cualquier límite es rechazo.

Cualquier reclamo es toxicidad.

Y cualquier consecuencia se interpreta como prueba de que el mundo no soporta a una persona tan auténtica.

Dos cosas que no son lo mismo
Autoestima sanaPodés equivocarte sin sentir que dejaste de valer.Podés pedir perdón.Podés revisar una conducta.Podés cambiar sin sentir que traicionaste quién sos.
Autoestima sin auditoríaLa crítica siempre viene de gente envidiosa.El problema siempre estuvo afuera.La explicación importa más que el hecho.Cambiar sería darle la razón a otro.
Imagen con la frase el problema no es quererse mucho, es quererse tanto que jamás se revisa
El amor propio también debería soportar una revisión de cuentas de vez en cuando.

Siempre fueron los otros

Cinco historias distintas. Un personaje que aparece en todas y jamás sospecha nada.

El ex estaba loco.

La amiga era envidiosa.

La familia era tóxica.

Los compañeros no soportaban su brillo.

El jefe le tenía miedo a su potencial.

Los hijos eran desagradecidos.

La pareja era demasiado insegura.

Uno escucha suficientes historias y, en algún momento, empieza a notar una coincidencia.

Hay alguien que aparece en todas.

Pero ese personaje no.

Ese nunca sospecha nada.

Yo no sé vos, pero a mí me daría susto llegar a cierta edad y descubrir que fui la única persona que jamás tuvo culpa de nada.

No porque uno deba andar echándose encima culpas que no le corresponden.

Por estadística.

Alguna cagada te tuvo que tocar.

Por pura participación.

La conciencia puede ser maravillosa. Mal administrada, es una pesadilla.

Vos revisás tu participación y la del otro. El otro está revisando la tuya.

Eso sí me pasó muchas veces.

Alguien hacía algo que me molestaba y yo empezaba una investigación completa.

Qué dije.

Cómo lo dije.

Qué había ocurrido antes.

Si estaba reaccionando desde algo viejo.

Si de pronto exageré.

Si la otra persona estaba pasando por un momento difícil.

Mientras yo hacía una tesis doctoral sobre mi posible participación en el problema, del otro lado ya habían llegado a una conclusión:

—Vos sos muy intensa.

Bueno.

Muchas gracias por el análisis.

Yo hice una investigación de tres días y vos resolviste todo en cuatro palabras.

Una de las cosas que más agota no es discutir con alguien que piensa distinto. Es discutir con alguien que necesita salir inocente.

Comprender a alguien no significa aguantarlo

La historia de una persona puede explicar muchísimo. No por eso tiene que convertirse en tu condena.

Yo fui muy buena buscando explicaciones para gente que mientras tanto no estaba buscando ninguna para mí.

Tuvo una infancia difícil.

La relación anterior lo marcó.

No aprendió a comunicarse.

Está pasando por una crisis.

Puede ser.

Todo eso puede ser cierto.

Y todo eso puede ayudarte a comprender.

Lo que no entiendo es en qué momento comprender el origen de una conducta se convirtió en la obligación de aguantarla.

Una cosa es tener empatía.

Otra es convertirte en el centro de rehabilitación de alguien que ni siquiera acepta que tiene algo que revisar.

Yenny Astrid con la frase puedo comprender tu historia sin convertirme en parte del tratamiento
Entender el origen no te obliga a quedarte recibiendo el resultado.

No todo el que te hace daño es narcisista

A veces no hay diagnóstico. Hay una conducta de mierda y ya.

Estamos en una época curiosa.

Alguien termina una relación de cuatro meses, ve cinco videos y a la semana ya está hablando de abuso narcisista, apego evitativo, trauma generacional, manipulación encubierta y Mercurio retrógrado.

Yo no estoy haciendo eso.

No soy psicóloga.

Y este libro tampoco pretende diagnosticar a nadie.

Además, no hace falta.

Una persona puede ser egoísta sin tener un trastorno.

Puede mentir.

Puede manipular.

Puede ser cobarde, irresponsable, aprovechada o sencillamente una pendeja.

Convertir cada conducta desagradable en un diagnóstico puede terminar haciendo exactamente lo mismo que una explicación excesiva:

el hecho desaparece.

Cuando todo se enreda, volvé al hecho

Antes de hablar de energía, procesos, infancia y autenticidad: ¿qué pasó?

Esta es quizá una de las cosas que más me habría servido aprender antes.

Volver al hecho.

Si quedamos a las siete y llegaste a las nueve, empezamos por las nueve.

Después hablamos de tu bienestar.

Si dijiste que ibas a hacer algo y no lo hiciste, empezamos por ahí.

Después hablamos de tus expectativas, tu proceso y lo que aprendiste en terapia.

Pero no me movás el hecho.

Frases bonitas que no borran lo concreto
“Estoy cuidando mi energía”“Yo soy as픓No vivo para cumplir expectativas”“Estoy priorizando mi bienestar”“No me responsabilizo de emociones ajenas”“Estoy siendo auténtico”

Todas pueden contener una verdad.

Y, al mismo tiempo, estar siendo utilizadas como excusa.

Las disculpas que empiezan con perdón y terminan facturándote a vos

“Perdón, pero vos también…” no siempre es una disculpa. A veces es reparto de gastos.

Cada vez me gusta más la gente capaz de pedir perdón sin convertir la conversación en un documental sobre su vida.

No necesito que se arrodille.

No necesito lágrimas.

No necesito siete páginas de explicación.

Necesito saber que entendió qué hizo.

Porque hay disculpas que arrancan con “perdón” y, dos frases después, ya estamos negociando cuánto me corresponde de tu culpa.

Y después está una joya:

—Perdón si te sentiste mal.

Esa está muy bien pensada.

No reconoce el acto.

Reconoce tu reacción.

La conducta sale caminando tranquila por la otra puerta.

Poner límites no siempre significa cerrar una puerta de un portazo

A veces el límite es dejar de explicar por quinta vez algo que entendieron desde la primera.

Durante años pensé que si alguien no entendía mi punto era porque yo no me había explicado bien.

Entonces explicaba mejor.

Daba ejemplos.

Reconstruía conversaciones.

Buscaba pruebas como si en algún momento fuera a aparecer un juez imaginario.

Hasta que entendí algo bastante menos romántico:

muchas veces sí habían entendido.

Simplemente no les convenía admitirlo.

Ese descubrimiento me habría ahorrado una cantidad importante de saliva.

Y de tiempo.

Y probablemente un par de gastritis.

El espejo también apunta para acá

Porque escribir un libro entero sobre gente insoportable y salir convencida de que el problema siempre fueron ellos sería una ironía demasiado perfecta.

Acá viene la parte que impide que todo esto se convierta en un desfile de ex, jefes, amigas y familiares con nombre cambiado.

Yo también he sido la persona difícil en la historia de alguien.

He juzgado antes de tiempo.

He hablado cuando habría sido mejor cerrar la boca.

He contado historias de la manera que más me favorecía.

He querido tener razón.

He sido intensa.

Y he tenido una seguridad impresionante para estar completamente equivocada.

La diferencia no está en jamás parecerse a ninguno de estos personajes.

La diferencia está en qué hacés cuando finalmente te ves.

A mí no me da miedo reconocer que fui una pendeja.

Me preocuparía mucho más no poder reconocerlo jamás.

Imagen con la frase señalar pendejos es divertido, dejar de hacerles espacio en la vida sirve mucho más
Reconocerlos entretiene. Aprender a no seguirles dando silla sirve bastante más.

El libro detrás de esta idea: Gente de mierda con excelente autoestima

Quince personajes, un espejo y ninguna obligación de agradecerle al universo por la experiencia.

El libro nació de esa contradicción que me daba vueltas:

gente capaz de dejar un desastre y seguir por la vida con una seguridad admirable.

Personas que se quieren muchísimo.

Eso no está mal.

Lo llamativo es que algunas jamás se revisan.

Por eso aparecen el narcisista de barrio, los amigos que te aman cuando les conviene, el jefe mediocre que se cree visionario, el sabelotodo de internet, el experto en amor que nunca aplica sus propios consejos, el influencer de la abundancia endeudado, los tóxicos espirituales y varios especímenes más.

Y al final aparezco yo.

Porque si iba a escribir sobre gente de mierda con excelente autoestima, lo mínimo era revisar si alguna vez también había tenido membresía.

Portada de Gente de mierda con excelente autoestima de Yenny Astrid Londoño
El libro

Gente de mierda con excelente autoestima

Cómo reconocer personas tóxicas, poner límites y dejar de justificar a quien te hace daño. Sátira, observación social y humor negro, sin diagnósticos de TikTok ni iluminación de cartón.

eBook Tapa blanda Pasta dura

El objetivo no es que terminés desconfiando de todo el mundo.

Eso también sería una forma bastante miserable de vivir.

La idea es otra.

Que tardés menos en reconocer ciertas dinámicas.

Que cuando alguien te diga que cambió no tengás que discutirle.

Buenísimo.

Vamos viendo.

Porque el cambio de verdad tiene esa ventaja:

se nota.

Y que cuando una conducta se repita suficientes veces, no necesités otros cinco años buscando una explicación más bonita.

Podés comprender a alguien y ponerle un límite. Podés conocer su historia y alejarte. No necesitás convertirlo en monstruo para tener derecho a decir “hasta acá”.
Señalar pendejos es divertido. Aprender a no seguirles haciendo espacio en la vida sirve mucho más.

Preguntas frecuentes sobre autoestima, límites y patrones

Sin jugar a la psiquiatra con nadie y sin diagnosticar al ex porque vio tres videos.
¿Qué es la autoestima sin auditoría?

Es quererse mucho sin revisar jamás la propia participación en los problemas. No es autoestima sana: es una forma de proteger la imagen propia a punta de explicaciones donde siempre fueron los otros quienes fallaron.

¿Cómo saber si estoy justificando demasiado a alguien?

Una señal útil es que ya entendés perfectamente por qué esa persona actúa como actúa, pero la conducta sigue igual y la que continúa recibiendo las consecuencias sos vos. Comprender el origen no obliga a aguantar el resultado.

¿Todo comportamiento egoísta o manipulador es narcisismo?

No. Una persona puede mentir, manipular, ser irresponsable, egoísta o grosera sin que eso implique un diagnóstico. Este post y el libro miran conductas y patrones, no etiquetas clínicas.

¿Cómo diferenciar un error humano de un patrón?

Mirando qué pasa después. Quien se equivoca puede defenderse al principio, pero luego escucha, reconoce algo, repara o cambia. En un patrón, la conversación suele terminar desviada hacia tu tono, tus defectos o tus supuestas exageraciones.

¿Poner límites significa cortar a todo el mundo?

No. A veces el límite es mucho menos dramático: dejar de explicar por quinta vez algo que la otra persona ya entendió, no recoger siempre el desastre o dejar de justificar una conducta que se repite.

¿De qué trata Gente de mierda con excelente autoestima?

Es una obra de sátira, observación social y humor negro sobre personas que hacen daño, se justifican con enorme seguridad y rara vez se revisan. También gira el espejo hacia la autora y el lector, porque todos hemos sido alguna vez la persona difícil en la historia de alguien.

Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Escribo sobre relaciones, gente complicada, pérdidas, límites y esas pequeñas miserias humanas que casi siempre resultan más claras cuando una deja de ponerles nombres bonitos.

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