La respuesta corta
Volver a enamorarse después de una decepción no exige volver a ser ingenuo. Uno puede haber elegido mal sin que el sentimiento haya sido el error. Esta vez se puede querer con los ojos abiertos: entregar sin desaparecer y amar sin darle a nadie las llaves de toda la existencia.
No sé si todavía no estás listo para volver a enamorarte o simplemente no ha aparecido alguien que te haga pensar que vale la pena correr otra vez semejante riesgo.
Porque sí: enamorarse es un riesgo
Y va siendo hora de dejar de venderlo como si no lo fuera
Dejemos de venderlo como si fuera únicamente cenas bonitas, mensajes de buenos días y dos personas mirando un atardecer mientras suena una canción estratégicamente escogida.
También implica confiar.Mostrar partes de uno que normalmente mantiene guardadas.Acostumbrarse a una presencia.Hacer espacio.Imaginar cosas.
Y aceptar que existe la posibilidad bastante real de que algún día todo termine y uno quede preguntándose para qué putas abrió la puerta.
Con semejante publicidad, sorprende que todavía exista gente enamorándose.Pero existe.Y menos mal.
«Ya aprendí» y otras promesas que uno hace con el corazón roto
Lo que uno aprende de verdad casi nunca es dejar de amar
Después de una decepción uno suele prometer cosas bastante contundentes.
«No vuelvo a enamorarme.»«Yo estoy mejor solo.»«Ya aprendí.»
Esa última es maravillosa. Como si amar fuera una materia que uno hubiera perdido y finalmente hubiera decidido cancelar para no dañar el promedio.
Uno no necesariamente aprende a no amar. Aprende otras cosas.
El acta de la materia
Lo que sí se aprende
- A reconocer señales que antes ignorabas.
- A no justificar tanto.
- A poner límites.
- A distinguir entre querer a alguien y desaparecer dentro de alguien.
- A irte un poquito antes de protagonizar otro capítulo llamado «qué hijueputa necesidad tenía yo de meterme ahí».
Lo que no debería aprenderse
- A no sentir nada por precaución.
- A tratar cada persona nueva como sospechosa hasta que demuestre lo contrario.
- A confundir independencia con blindaje.
- A llamarle madurez a la costumbre de irse antes de que la cosa importe.
- A dejar de amar. Eso nunca fue la enseñanza.
Después de que te rompen el corazón uno empieza a mirar todo con sospecha
El cerebro protegiéndote con su herramienta favorita
Eso también pasa. Alguien llega siendo amable y uno piensa:
¿Qué querrá?
Es atento: sospechoso.Contesta rápido: algo raro debe tener.Contesta despacio: ya empezó la mierda.
Uno termina haciendo análisis forense de un «buenos días».
Y es entendible. Después de ciertas historias el cerebro intenta protegernos utilizando su herramienta favorita: imaginar todas las formas posibles en las que aquello podría salir mal.
Muy eficiente para evitar heridas.Pésimo para vivir.
Porque llega un momento en que ya no estás rechazando únicamente personas que podrían hacerte daño. También estás cerrándole la puerta a cualquiera que pudiera hacerte bien.
Y ahí es donde la protección empieza a parecerse demasiado a una cárcel.
La cita convertida en interrogatorio
Uno no está conociendo a nadie: está tomando declaración
Y cuando esa sospecha se sienta a la mesa, lo que debería ser una conversación se convierte en otra cosa. Uno cree que está conociendo a alguien. En realidad está levantando un expediente.
Transcripción de una cita cualquiera
- Él dice: «Me encanta lo que hacés».
- Uno traduce: Ajá. Eso también lo decía el otro. Al principio.
- Él dice: «Podemos ir sin prisa».
- Uno traduce: Sin prisa hacia dónde. Definime «prisa». Traeme un cronograma.
- Él dice: «Yo no soy de andar prometiendo cosas».
- Uno traduce: Perfecto. Eso lo pongo en el acta como confesión anticipada.
Y uno sale de ahí convencidísimo de que hizo un excelente trabajo de investigación. Lo único que no hizo fue conocer a la persona.
No estoy diciendo que uno tenga que apagar el criterio. Al contrario: preguntá, mirá, tomate el tiempo. Pero hay una diferencia entre observar y estar buscando pruebas para un juicio que ya tenía veredicto antes de empezar.
Guardala o compartila
Haber amado a la persona equivocada no significa que amar fuera el error
La distinción más importante de todo este asunto
A mí esa diferencia me parece importante.
Uno puede haber elegido mal. Puede haberse quedado demasiado tiempo. Puede haber confiado en alguien que terminó demostrando que no merecía semejante inversión emocional. Puede haber ignorado señales tan evidentes que hoy, mirando hacia atrás, parecen avisos luminosos de carretera.
Eso no convierte el sentimiento en una estupidez.
Tal vez la estupidez estuvo en otro lado.
En lo que toleramos.En lo que justificamos.En cuánto dejamos pasar.En creer que alguien iba a cambiar exclusivamente porque nosotros lo queríamos mucho.
El amor tiene virtudes. Poderes sobrenaturales todavía no le conozco.
Querer mucho a alguien no le arregla el carácter.No le enseña responsabilidad afectiva.No le quita la costumbre de mentir.No convierte a un hijueputa en ciudadano ejemplar.
Qué lástima. Nos habría ahorrado muchísimo trabajo.
A veces simplemente depositamos algo bueno en un lugar que no sabía conservarlo.
El potencial: la estafa más vieja del amor
Enamorarse de una versión futura mientras la actual hace méritos para que salgas corriendo
Y acá hay que detenerse, porque el potencial es el gran vendedor de humo de las relaciones. No promete lo que hay. Promete lo que podría haber. Y eso es mucho más difícil de discutir, porque nadie puede demostrar que algo que no ha pasado no va a pasar.
Uno se enamora de:
Lo que dijo que iba a hacer.Lo que uno cree que es «por dentro».Lo que fue durante los primeros dos meses.Lo que sería si dejara de tomar, de mentir, de trabajar tanto, de hablar con la ex, de lo que sea.
Y mientras tanto la versión disponible —la que sí existe, la que uno tiene enfrente los martes a las siete de la noche— está entregando resultados bastante distintos.
El potencial es peligrosísimo porque nos permite seguir esperando sin sentirnos brutos. Uno no está aguantando: está invirtiendo. Suena mucho mejor.
Pero ninguna inversión sirve si el negocio nunca abrió.
El amor se parece un poco al agua
No porque haya que tener pareja: por lo otro
Y acá sí me gusta la comparación.
El agua necesita moverse. Cuando fluye, recorre lugares, alimenta, limpia, cambia paisajes. Cuando permanece demasiado tiempo encerrada empieza a dañarse.
Con el amor puede pasar algo parecido.
No porque uno esté obligado a tener pareja. Eso sería otra estupidez. Hay gente perfectamente feliz sola y gente acompañada que vive deseando cinco minutos de paz. Tener a alguien al lado no certifica absolutamente nada.
Pero si todavía existe dentro de vos la capacidad de querer y lo único que la mantiene encerrada es el miedo a que vuelva a salir mal, entonces quizá el problema ya no sea aquella persona. Quizá sea lo que aquella historia consiguió convencerte de hacer con todo lo que vino después.
Cerrar.Proteger.Controlar.No sentir demasiado.No ilusionarse.No entregar.No esperar.
Todo parece muy seguro.También bastante seco.
El amor se parece un poco al agua
Sí, derramaste amor donde no debías
Probablemente. Todos lo hemos hecho
Uno mira algunas relaciones muchos años después y piensa con verdadera curiosidad:
¿Yo qué carajos estaba viendo ahí?
Porque el deseo y el enamoramiento tienen una capacidad admirable para agregar características que el producto original nunca incluyó.
Y uno insiste. Porque recuerda cómo empezó. Porque espera. Porque quiere creer. Porque ya invirtió tiempo. Porque está enamorado.
O porque sencillamente está siendo un güevón.Tampoco todo requiere veinte sesiones de análisis.
Y sí, tal vez derramaste amor en lugares equivocados. Pero pensá por qué lo hiciste. No estabas sentado diciendo: «Hoy voy a desperdiciar unos cuantos años y una buena cantidad de estabilidad emocional».
En ese momento estabas feliz.Creías.Querías.Había algo ahí que te hacía pensar que valía la pena.
Eso también fue real. Que haya terminado mal no convierte automáticamente todo lo anterior en mentira.
Volver a enamorarse no significa volver a ser ingenuo
Esta vez podés abrir los ojos mejor, no cerrarlos
Esto también conviene aclararlo. No se trata de volver exactamente como eras antes. Ni siquiera sería posible.
Cada relación deja información.Uno cambia.Aprende.Pierde ciertas inocencias.Gana otras herramientas.
Y cuando vuelve a querer lo hace desde otra persona. Uno mismo, pero con más kilómetros. Eso puede ser bueno.
No necesitás cerrar los ojos para enamorarte otra vez. Al contrario. Esta vez podés abrirlos mejor.
Podés querer y observar.Podés entregar sin desaparecer.Podés disfrutar sin convertir cada promesa en escritura pública.Podés amar sin entregarle a otra persona las llaves de toda tu existencia.
Y si no funciona, dolerá. Claro. No voy a venderte la estupidez de que si sos suficientemente maduro una ruptura se siente como cancelar una suscripción.
Duele.A veces mucho.
Pero el dolor tampoco significa que haya sido un error.
¿Todavía te estás protegiendo o ya te estás escondiendo?
Seis señales de que la precaución se volvió otra cosa
Porque la línea existe y es delgadísima. Protegerse es sensato. Esconderse también se siente sensato, y ese es exactamente el problema: desde adentro, las dos cosas se parecen muchísimo.
- Te gusta alguien y lo primero que hacés es buscarle un defecto que justifique no seguir.
- Te sentís más tranquilo cuando la cosa no avanza que cuando avanza.
- Contás tu historia anterior en la segunda cita, pero no para que te conozcan: para que sepan a qué atenerse.
- Tenés lista una frase de salida antes de tener una razón para irte.
- Llamás «no me quiero hacer ilusiones» a algo que en realidad es «no pienso permitir que esto importe».
- Hace años que nadie te decepciona. Tampoco hace años que nadie te alegra demasiado.
Si te reconociste en tres o más, no pasa nada grave. Nadie se murió por andar precavido. Pero vale la pena preguntarse a quién le estás cobrando esa precaución, porque casi siempre termina pagándola gente que ni conocías cuando te hicieron daño.
¿Y si vuelve a salir mal?
Puede pasar. Qué respuesta tan poco romántica
Podés conocer a alguien maravilloso y que años después deje de funcionar. Podés enamorarte sinceramente y descubrir que quieren cosas distintas. Puede aparecer otra decepción.
No existe garantía. Si alguien encuentra la póliza de seguro contra corazones rotos, que avise porque ahí hay negocio.
Pero también puede salir bien. Y entre esas dos posibilidades está la vida.
Porque evitar cualquier cosa que pueda doler también significa evitar muchísimas cosas capaces de hacernos felices.
Uno puede proteger tanto el corazón que termine conservándolo prácticamente nuevo.Sin rayones.Sin golpes.Sin uso.
Felicitaciones.Qué desperdicio.
No todo amor tiene que durar para haber valido
Nos enseñaron a medir las relaciones con cronómetro
Este probablemente ha sido uno de los aprendizajes más difíciles. Nos enseñaron a medir las relaciones por duración: si llegaron hasta viejitos, funcionó; si terminaron, fracasó.
No estoy tan segura.
Hay relaciones largas que llevan muertas veinte años y siguen juntas por costumbre, miedo, economía o porque ninguno quiere quedarse con el perro los fines de semana. Y existen historias más cortas que cambiaron profundamente a quienes las vivieron.
Durar no es la única medida.
Importa cómo nos quisimos.Quiénes fuimos.Qué construimos.Qué dejamos.Incluso lo que aprendimos cuando todo se fue para la mierda.
No necesito que cada persona que amo se quede conmigo hasta el último día para aceptar que fue importante. Eso también libera bastante.
¿Y cuánto hay que esperar para volver a amar?
La pregunta que todo el mundo hace y nadie puede responder
Nadie tiene ese dato. Lo que sí hay es mucha gente opinando con una seguridad impresionante.
Está el que dice que hay que esperar la mitad del tiempo que duró la relación, como si el corazón funcionara con una fórmula de interés compuesto. Está la tía que a los tres meses ya te pregunta si no has conocido a nadie, y a los tres años te lo pregunta con otro tono. Y está el amigo que jura que la mejor manera de superar a alguien es debajo de otro, consejo que ha producido más problemas que soluciones en la historia de la humanidad.
La verdad es más aburrida: no hay un plazo, hay una diferencia.
La diferencia no está en cuántos meses pasaron. Está en si cuando aparece alguien lo que sentís es «todavía no quiero» o «todavía no me atrevo».
La primera es una decisión.La segunda es una herida hablando por vos.
Tal vez todavía no sea el momento
Y está bien. No existe un calendario
No tenés que salir corriendo a buscar pareja porque alguien decidió que ya llevás demasiado tiempo solo. Tampoco necesitás instalar tres aplicaciones, comprar ropa nueva y anunciar que estás «abierto al amor».
Qué agotamiento.
Podés estar tranquilo. Vivir. Conocer gente. No buscar nada. Incluso disfrutar esa etapa donde nadie pregunta dónde estás, qué estás haciendo ni por qué demoraste siete minutos adicionales en contestar. Tiene sus ventajas.
Pero hay una diferencia enorme entre estar solo porque te gusta tu vida así y estar solo porque alguien del pasado todavía decide, desde su ausencia, a quién le permitís acercarse.
Esa sí vale la pena pensarla.Porque esa persona ya se fue.No debería seguir administrando la puerta.
Lo que sí se puede pedir esta vez
No es una lista de exigencias. Es lo que ya sabés que no se negocia
Porque una de las cosas buenas de haber vivido lo que viviste es que ahora sabés nombrar lo que antes solo intuías. Y eso no se pide de entrada ni se lee en voz alta como un contrato. Simplemente uno ya no se queda donde no aparece.
Lo que ya no se negocia
Esto sí
- Que se note. No que lo diga: que se note.
- Que preguntar no te convierta en intensa.
- Que la calma sea calma, no ausencia.
- Que haya conversación cuando algo incomoda, no silencio de tres días.
- Que lo que promete y lo que hace se parezcan.
Esto ya no
- Explicar diez veces algo que la primera vez ya estaba claro.
- Sentir que hay que portarse bien para que no se vaya.
- Que tus planes siempre sean los flexibles.
- La versión de vos que se achica para que nadie se incomode.
- Confundir estar disponible con estar presente.
Y ojo: esto no es un examen de admisión. Nadie llega cumpliendo todo. La diferencia no está en encontrar a alguien perfecto, está en no volver a convencerte de que algo que claramente no está pasando va a pasar.
No le entregués a alguien del pasado el derecho de decidir quién se te acerca
Cuando vuelva a pasar
Ojalá no salgas corriendo apenas empiece a importarte
Quizá un día conozcas a alguien. Y al principio te dé miedo. Tal vez desconfíes. Tal vez compares. Tal vez una parte de vos quiera salir corriendo apenas empieces a sentir algo demasiado parecido a aquello que juraste no volver a sentir.
Ojalá no corras inmediatamente.Mirá.Esperá.Conocé.
No necesitás entregarlo todo. Pero tampoco esconderlo todo.
Dejá que las cosas tengan la oportunidad de ser lo que son sin obligarlas a pagar las deudas de quien estuvo antes. Porque esa también es una injusticia que cometemos.
Alguien nuevo llega y nosotros le presentamos una factura emocional elaborada por otro hijueputa.
Pobre.Ni sabe qué debe y ya está pagando intereses.
Volver a amar implica también dejar que una persona nueva sea nueva. Sin hacerla responsable de demostrar constantemente que no es aquella que nos hizo daño.
El amor no se hizo para quedarse guardado
El final que no viene con mariposas
No sé cuándo vas a volver a enamorarte. Ni siquiera sé si querés hacerlo. Pero sí creo que haber sufrido no debería obligarte a renunciar a una parte de vos que también te hizo feliz.
Querer no fue el problema.Sentir no fue el problema.Haber sido capaz de dar amor tampoco.
Tal vez lo pusiste donde no correspondía. Tal vez alguien no supo cuidarlo. Tal vez vos tampoco supiste cuidarte mientras querías.
Eso ya pasó.
Pero el agua que alguna vez se derramó no demuestra que el agua fuera mala. Demuestra que estaba fluyendo.
Y quizás algún día vuelva a hacerlo. Con más cuidado. Con otros límites. Con los ojos abiertos.
Pero que fluya.
Porque después de todo lo que hemos vivido, convertir el corazón en una represa para que nadie vuelva a hacernos daño puede parecer una gran idea. Hasta que uno descubre que también dejó del otro lado todo lo que todavía podía hacernos sentir vivos.
Haber amado a la persona equivocada
no significa que amar haya sido el error.
Preguntas que me llegan siempre
Lo que escribe la gente que está pensando en volver a intentarlo
¿Cómo saber si estoy listo para volver a enamorarme?
No hay una señal definitiva. Pero hay una diferencia útil: estar solo porque te gusta tu vida así no es lo mismo que estar solo porque alguien del pasado todavía decide, desde su ausencia, a quién le permitís acercarse. Si lo único que mantiene tu capacidad de querer encerrada es el miedo a que vuelva a salir mal, el problema ya no es aquella persona.
¿Es normal tener miedo a enamorarse de nuevo?
Completamente. Después de ciertas historias el cerebro intenta protegernos imaginando todas las formas posibles en que algo podría salir mal. Es muy eficiente para evitar heridas y pésimo para vivir. El problema empieza cuando ya no estás rechazando solo a quien podría hacerte daño, sino también a cualquiera que pudiera hacerte bien.
¿Cuánto tiempo hay que esperar para volver a amar después de una decepción?
No existe un calendario. Nadie tiene que salir a buscar pareja porque otro decidió que ya lleva demasiado tiempo solo, ni instalar tres aplicaciones y anunciar que está abierto al amor. La única pregunta que vale es si estás solo porque querés o porque tenés miedo.
¿Volver a enamorarse significa volver a ser ingenuo?
No. No se trata de volver como eras antes; ni siquiera sería posible. Cada relación deja información. Esta vez podés querer y observar a la vez: entregar sin desaparecer, disfrutar sin convertir cada promesa en escritura pública, amar sin darle a otra persona las llaves de toda tu existencia.
¿Cómo dejar de comparar a alguien nuevo con mi ex?
Dejando que una persona nueva sea nueva. Es injusto presentarle a alguien una factura emocional elaborada por otro: ni sabe qué debe y ya está pagando intereses. Dejá que las cosas tengan la oportunidad de ser lo que son sin obligarlas a pagar las deudas de quien estuvo antes.
¿Cerrarse al amor protege de verdad?
Protege de las heridas y también de casi todo lo demás. Uno puede cuidar tanto el corazón que termine conservándolo prácticamente nuevo: sin rayones, sin golpes y sin uso. Evitar todo lo que puede doler implica evitar muchísimo de lo que podría hacernos felices.
Sobre la autora
Yenny Astrid Londoño
Escribo porque matar es ilegal. Empresaria, tarotista, fabricante de anchetas y autora de seis libros donde el sarcasmo y la honestidad brutal se turnan el micrófono. Si esto te removió algo, probablemente en alguno de mis libros te vas a encontrar completa.
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