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Yenny Astrid Londoño

Libros y lecturas

Protagonistas literarios que dan ganas de sacudirlos, aunque uno entiende por qué no se van

Protagonistas que toman decisiones desesperantes, qué función cumplen y cuándo la frustración está bien escrita; con ejemplos de thrillers reseñados.

Por Yenny Astrid Londoño · 26 de octubre de 2026 · 11 min

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Portada del artículo «Protagonistas literarios que dan ganas de sacudirlos, aunque uno entiende por qué no se van», escrito por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño leyendo un thriller en una mesa, con una libreta de decisiones absurdas y varias novelas

Aviso de spoilers leves: comento decisiones y relaciones de La chica del tren, El novio, La paciente silenciosa y La empleada, sin revelar sus finales.

Aviso de spoilers leves: comento decisiones y relaciones de La chica del tren, El novio, La paciente silenciosa y La empleada, sin revelar sus finales.

Hay un momento en ciertos libros en que uno deja de leer y empieza a hablarle al protagonista. “No le abras la puerta”. “No le contestes”. “Si te dijo que no fueras, por algo será”. “¿Me estás diciendo que acabas de volver a la misma casa donde encontraron el cadáver?”. Y claro, el personaje no escucha porque está ocupado tomando la decisión exacta que va a dejar a todo el mundo gritando en el capítulo siguiente.

La pregunta útil no es solo por qué los personajes hacen cosas tan estúpidas. A veces la historia necesita que el conflicto avance; otras, la decisión sale de una necesidad emocional que la persona no sabe nombrar. Y hay ocasiones en que el autor nos está tentando a confundir a una víctima con alguien incapaz de pensar. No todo error de personaje está bien escrito, pero tampoco toda mala decisión es un hueco de trama.

En esta guía voy con protagonistas que me dieron ganas de sacudirlos por motivos distintos: una persona que no puede abandonar la sospecha, alguien que confía en una versión demasiado conveniente y un terapeuta que se acercó tanto a un misterio que dejó de mirar sus propios límites. La idea no es burlarnos del miedo ni de la vulnerabilidad. Es entender cuándo una elección desespera porque está bien construida y cuándo solo parece un botón que el guion necesitaba apretar.

Imagen del artículo «Protagonistas literarios que dan ganas de sacudirlos, aunque uno entiende por qué no se van», escrito por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño en una librería, sosteniendo un libro en una mano y señalando en una libreta una lista de

“No le contestes” es una frase fácil de decir desde el sofá, sobre todo cuando el personaje no puede oírte y el autor ya decidió que sí va a contestar.

De qué va esto

El personaje que se equivoca no siempre está mal escrito

Un protagonista puede tomar una decisión malísima y seguir siendo creíble. En la vida real la gente vuelve con su ex, le cree al tipo que ya le mintió, se sube al carro de alguien que acaba de conocer y revisa el teléfono de madrugada esperando una respuesta que no va a llegar. Uno no necesita inventar dragones para que una persona ignore las señales; basta con ponerle miedo, deseo o una esperanza mal estacionada.

La decisión empieza a funcionar cuando sabemos qué necesidad está tratando de resolver. ¿Quiere sentirse querida? ¿Necesita que alguien le crea? ¿Tiene miedo de quedarse sola? ¿Está intentando recuperar control en una situación que la supera? Si la historia nos deja ver ese motor, uno puede frustrarse con el personaje y entender por qué se mueve así. Si solo toma decisiones tontas porque la trama necesita otra persecución, ahí ya no estoy gritando “qué personaje tan humano”; estoy preguntando quién dejó el guion sin supervisión.

Y también hay que separar la mirada del lector de la posición del personaje. Nosotros tenemos la portada, la sinopsis, la música imaginaria de peligro y probablemente ya sospechamos que el hombre encantador no es tan encantador. El personaje solo tiene sus datos, sus necesidades y su historia. No es justo exigirle omnisciencia cuando ni siquiera le han contado lo que pasó en la habitación de al lado.

Rachel Watson: desconfiar de su memoria no la vuelve tonta

En [La chica del tren](/resenas/la-chica-del-tren-paula-hawkins-resena), Rachel bebe, pierde horas y tiene recuerdos incompletos. Cuando cree haber visto algo importante, no cuenta con una credibilidad perfecta para presentarse como testigo modelo. Ella misma duda de lo que recuerda. Eso puede desesperar al lector, sobre todo cuando queremos que junte las piezas con la eficacia de una detective que desayuna café y sabe dónde dejó las llaves.

Pero Rachel no está jugando con información que nosotros sí conocemos. La historia la muestra como alguien que tiene motivos para desconfiar de su memoria y además está atrapada en una situación emocional que le va quitando suelo. Hay una diferencia entre “¿por qué no lo explica mejor?” y “¿por qué nadie le cree aunque todos tienen razones para dudar?”. Esa diferencia es el centro de su vulnerabilidad.

Sí, a ratos provoca decirle que deje de mirar por la ventana del tren y se ocupe de su propia vida. Pero esa impaciencia también forma parte de la trampa que monta la novela: cuando una mujer llega con una historia desordenada, qué rápido decidimos que no vale la pena escucharla. La desesperación que produce Rachel no es simplemente que se equivoque. Es que nosotros también queremos creer que el problema está solo en ella.

Sydney: querer una pareja no es una prueba de compatibilidad

La protagonista de [El novio](/resenas/el-novio-freida-mcfadden-resena) quiere encontrar a alguien, y la ciudad ya está ofreciendo suficientes razones para que la idea de una cita perfecta venga acompañada de una salida de emergencia. Sydney conoce a un hombre que parece una buena opción mientras las noticias sobre mujeres asesinadas le van recordando que confiar puede tener un costo.

Uno quiere ponerle un filtro de antecedentes a cada conversación. ¿Qué sabés de este tipo? ¿Por qué es tan perfecto? ¿Dónde está la pregunta que no le hiciste? Pero también sabemos que leer un thriller nos pone en modo alarma. En una comedia romántica, una invitación a cenar parece una invitación a cenar; en un thriller, parece el prólogo de una investigación criminal. El género nos da información que Sydney no siempre tiene.

Lo que me desespera no es que quiera enamorarse. Lo que importa es cómo la novela juega con la diferencia entre intuición y evidencia. Desear una pareja no significa que una persona sea ingenua; y encontrar sospechoso a todo el que habla bonito tampoco es una estrategia de seguridad infalible. La historia tiene que construir el riesgo, no culpar a la protagonista por haber querido una vida normal en una novela que no piensa dejarla tranquila.

Theo Faber: cuando ayudar se vuelve otra excusa para acercarse

En [La paciente silenciosa](/resenas/la-paciente-silenciosa-alex-michaelides-resena), Theo está convencido de que puede llegar hasta Alicia y entender por qué dejó de hablar después de dispararle a su marido. Un lector puede admirar su insistencia y al mismo tiempo preguntarse cuándo deja de ser cuidado y empieza a convertirse en una obsesión personal.

Yo no lo sacudiría para que “se despierte” de un giro. Lo sacudiría para que recuerde que ayudar no le da derecho a cruzar cualquier límite. La buena intención no es un pase VIP. Si la persona que atiende también está intentando resolver su propia historia, necesita reconocerlo, porque de lo contrario el paciente termina cargando con una investigación que no le corresponde.

Como personaje, Theo funciona porque la novela nos deja observar la diferencia entre lo que dice querer y el lugar desde el que actúa. El problema no es que el protagonista tenga una vida interior complicada. El problema es cuando interpreta su necesidad personal como una misión generosa y espera que los demás le agradezcan la invasión.

Imagen del artículo «Protagonistas literarios que dan ganas de sacudirlos, aunque uno entiende por qué no se van», escrito por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño con un libro abierto sobre la mesa y una taza al lado; marca una página con el dedo, mirando a

“No todo error de un protagonista es un hueco de trama; a veces es una necesidad humana con muy mala estrategia.”

Millie: quedarse también puede ser la decisión menos mala

En [La empleada](/resenas/la-empleada-freida-mcfadden-resena), Millie recibe un trabajo con vivienda y acepta quedarse en una habitación del ático cuya puerta se cierra desde afuera. Desde el sofá uno piensa: “Yo me habría ido”. Sí, claro. Con el arriendo pagado, el carro en buen estado y tres oportunidades de empleo esperando al lunes.

Millie viene de salir de prisión, vive en el carro y necesita que alguien le dé una oportunidad. La decisión de quedarse no es la elección más segura; tampoco aparece en el vacío. La novela entiende que una condición peligrosa puede parecer aceptable cuando la alternativa inmediata es dormir en el asiento del conductor. Eso no vuelve buena la oferta. Nos ayuda a entender por qué ella la acepta.

La historia además hace que el lector mire a Nina y Andrew desde una distancia distinta. Millie no sabe todo lo que nosotros empezamos a sospechar, y tampoco tiene poder suficiente para levantarse e irse sin perder el trabajo y la habitación. Uno puede querer que tome una decisión distinta, pero si no entiende qué pierde al irse, la crítica al personaje se vuelve una forma de fingir que la vulnerabilidad solo le pasa a otra gente.

Cuándo sí le echo la culpa al guion

Hay señales de que el personaje está tomando una decisión mala por razones propias: la historia ha preparado ese miedo, ese deseo o esa contradicción. Y hay señales de que el autor lo está empujando por una puerta porque necesita que alguien encuentre un cadáver en la siguiente escena. Si una persona inteligente deja de notar tres pistas evidentes sin que sepamos qué la distrae, la decisión puede sentirse como un trámite.

Me pregunto: ¿el libro ya mostró esa debilidad? ¿Hay algo que el personaje teme perder? ¿El lector conoce más datos que él? ¿La decisión provoca una consecuencia que modifica cómo actúa después? Si varias respuestas son sí, probablemente estoy ante una mala decisión bien escrita. Si todas son no, a lo mejor el protagonista solo está pagando la cuenta del ritmo.

También importa la repetición. Un personaje puede volver a confiar una vez porque lo necesita, otra vez porque cree haber entendido el riesgo y una tercera porque la historia está examinando una dependencia. Pero si repite la misma conducta y el libro actúa como si cada vez fuera nueva, la tensión deja de crecer. Hasta el error necesita desarrollo; cometerlo siete veces no lo convierte en arco narrativo por insistencia.

Imagen del artículo «Protagonistas literarios que dan ganas de sacudirlos, aunque uno entiende por qué no se van», escrito por Yenny Astrid Londoño. Yenny con camisa clara y un libro abierto, anotando en una libreta qué necesita salvar el personaje con su decisión.

La pregunta que me hago antes de gritarle al personaje

Antes de decir “pero por qué hizo eso”, intento preguntar qué creía el personaje que podía salvar con esa elección. A veces la respuesta es algo que yo no habría escogido: la posibilidad de que alguien lo quiera, de que la familia no se rompa, de que la verdad no lo destruya. Entenderlo no significa aprobarlo, pero hace que el libro respire más que una lista de decisiones sensatas.

Y después sí, si la protagonista regresa a una casa donde la están esperando con una sonrisa demasiado perfecta, le hablo. El personaje no me escucha. El autor probablemente ya lo sabe. Pero mi parte como lectora consiste en disfrutar esa conversación inútil mientras la trama me demuestra por qué no debí leer en la cama si mañana tenía que levantarme temprano.

Si lo que te intriga es cuándo esa frustración viene de una conducta dañina y cuándo el personaje simplemente está sufriendo, también podés leer [personajes literarios que necesitaban terapia urgentemente](/blog/personajes-literarios-que-necesitaban-terapia).

Si lo que te intriga es cuándo esa frustración viene de una conducta dañina y cuándo el personaje simplemente está sufriendo, también podés leer [personajes literarios que necesitaban terapia urgentemente](/blog/personajes-literarios-que-necesitaban-terapia).

Preguntas frecuentes

¿Por qué los protagonistas de los thrillers toman malas decisiones?

El suspense suele nacer de información incompleta, miedo, deseo o presión. Una mala decisión puede ser creíble cuando responde a una necesidad que la historia ya mostró; si no, puede sentirse como una conveniencia del guion.

¿Rachel de La chica del tren es una protagonista tonta?

Rachel tiene problemas con la memoria y el alcohol, y eso afecta cuánto confía en su propio relato. La novela también cuestiona la facilidad con que los demás la descartan. Su confusión no equivale a falta de inteligencia.

¿Sydney debería confiar en su novio en El novio?

La novela construye la duda a partir de su deseo de encontrar pareja y la presencia de crímenes alrededor. La reseña analiza ese juego de sospecha sin convertir el deseo romántico en culpa de la protagonista.

¿Theo Faber cruza límites en La paciente silenciosa?

La pregunta central es cuánto de su investigación nace de la intención de ayudar y cuánto responde a su propia historia. La reseña de Yenny examina esa tensión y el papel de Theo como terapeuta.

¿Millie es ingenua por aceptar el trabajo en La empleada?

Millie necesita un empleo y un lugar donde vivir después de salir de prisión. Aceptar una habitación peligrosa no es una decisión ideal, pero la novela muestra las pocas alternativas que siente tener.

¿Una mala decisión significa que el personaje está mal escrito?

No necesariamente. La decisión puede ser coherente con sus deseos, temores o información. Se siente forzada cuando no tiene preparación ni consecuencias y solo existe para que avance la trama.

¿Cómo sé si un error es un hueco de trama?

Revisa qué sabía el personaje, qué podía perder y si la novela preparó esa elección. Si el comportamiento contradice lo que el libro mostró sin dar ninguna razón, puede ser un problema de construcción.

¿Este artículo contiene spoilers?

Habla de rasgos generales y decisiones iniciales, sin revelar los giros centrales. Las reseñas enlazadas pueden incluir spoilers; cada una lleva su aviso correspondiente.

Fuentes y enlaces consultados

- Reseñas de Yenny Astrid Londoño - La chica del tren: reseña y opinión - El novio: reseña y opinión - La paciente silenciosa: reseña y opinión - La empleada: reseña y opinión

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