Cookies, las justas. Uso Google Analytics para contar qué se lee y qué se ignora: números, no chismes. Vos decidís. Cómo uso los datos

Yenny Astrid Londoño

Reseña

Cadáver exquisito:

Reseña de Cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica: Marcos Tejo, canibalismo legal, lenguaje y la complicidad de una sociedad entera.

Por Yenny Astrid Londoño · 21 de octubre de 2026 · 8 min de lectura

Compartir

Portada de la reseña del libro «Cadáver exquisito», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño en una escena editorial con un mockup artístico de Cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica.

El libro

Cadáver exquisito

Distopía y horror social

de Agustina Bazterrica

4.5 de 5 estrellas

Agustina Bazterrica no necesita esconder un monstruo debajo de la cama.

El mundo de Cadáver exquisito hace algo espantoso con una tranquilidad que da más miedo que el horror mismo: después de una crisis sanitaria que impide consumir animales, legaliza la crianza y el sacrificio de seres humanos para abastecer la industria cárnica. Agustina Bazterrica no necesita esconder un monstruo debajo de la cama. Lo pone a trabajar con uniforme, contrato y lenguaje corporativo. Ahí fue donde esta novela me agarró: no en la pregunta fácil de «¿hasta dónde llegarían?», sino en la más jodida de «¿cuánto tardaríamos en aprender a llamar normal a lo imperdonable?».

Una palabra puede dejarte dormir después de hacer una barbaridad

La llamada Transición no elimina la violencia; la vuelve administrable. Para vender carne humana hay que empezar por quitarle a la persona el nombre, la biografía y cualquier posibilidad de ser reconocida como semejante. Se habla de producto, procesamiento y calidad. Es el mismo truco de siempre con una escala que ya no permite fingir que no lo vemos.

Marcos Tejo trabaja en un frigorífico. Conoce el funcionamiento de la maquinaria, las categorías comerciales y la distancia calculada entre el consumidor y el cuerpo del que sale lo que compra. Bazterrica nos coloca junto a alguien que no puede alegar ignorancia. Marcos sabe. Lo interesante es qué hace con ese conocimiento y cuánta comodidad conserva mientras se indigna por dentro.

A veces leemos distopías como si fueran predicciones tecnológicas. Aquí me parece más útil leer el procedimiento moral: primero se declara una excepción, luego se construye una norma, después la norma se vuelve empleo, tradición y costumbre. Cuando llega la generación siguiente, ya no pregunta quién autorizó el primer paso. Pregunta cuánto cuesta el kilo.

El lenguaje es decisivo. Las palabras no son una capa inocente que se pone encima del crimen; ayudan a organizarlo. Si llamás «cabeza» a una mujer criada para ser consumida, tal vez conseguís pasar por el pasillo sin mirarla a los ojos. Si necesitás demasiados eufemismos para explicar un negocio, quizá el problema no era el vocabulario, parce.

Marcos Tejo no es mi guía moral

Marcos atraviesa un duelo, una separación y la preocupación por su padre. Esas heridas explican parte de su distancia emocional, pero no deberían servirnos para limpiar sus decisiones. A mí me parece brillante que la novela nos acerque a él lo suficiente para comprender su agotamiento, sin regalarle una absolución automática.

Cuando recibe como obsequio a una mujer criada para el consumo, se activa el mecanismo más incómodo del libro. ¿Puede relacionarse con ella de una manera diferente dentro de una estructura que le entregó poder absoluto sobre su cuerpo? ¿Alcanza con sentir lástima? ¿Qué pasa cuando «proteger» a alguien significa seguir decidiendo por esa persona? Son preguntas que arruinan cualquier lectura cómoda del salvador de turno.

Me interesa especialmente la diferencia entre repugnancia y resistencia. Uno puede detestar un sistema y seguir cobrando el salario que le paga, usar su lenguaje, cumplir sus horarios y beneficiarse de sus jerarquías. Eso no vuelve irrelevante la conciencia de Marcos. La vuelve insuficiente. Y nos mete a nosotros en el asunto: ser capaces de explicar una injusticia con palabras bonitas tampoco demuestra que estemos haciendo algo contra ella.

La novela no me pide que admire su contradicción. Me pide que la observe. En eso resulta más honesta que tantas historias donde basta un acto sentimental para convertir a un cómplice en héroe.

Imagen de la reseña del libro «Cadáver exquisito», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño en una imagen editorial con la frase del libro sobre Cuando una sociedad cambia los nombres, suele estar escondiendo los cuerpos.

El terror está en la cadena de suministro

Hay escenas duras, claro. Pero el efecto más persistente no depende de una descripción sangrienta concreta. Viene de la normalidad logística. Hay procesos, capacitación, controles, jerarquías, regalos empresariales. Hay una sociedad que consigue consumir sin mirar. El horror tiene albaranes, uniformes y reuniones de trabajo; ya no necesita a un psicópata excepcional.

Eso abre un debate potente sobre nuestra relación con los animales, aunque reducir el libro a una consigna vegetariana me parece quitarle dientes. Bazterrica trabaja también sobre esclavitud, cosificación de las mujeres, desigualdad económica y la facilidad con que una institución transforma personas en recurso. No todas esas violencias son equivalentes; compararlas exige cuidado. La novela provoca precisamente porque fuerza a revisar qué hacemos para que otra criatura deje de contar.

El padre de Marcos añade otra capa: mientras una generación envejece y pierde autonomía, la sociedad celebra una maquinaria que niega la autonomía a otra clase de cuerpos. El paralelo no necesita subrayarse con marcador fluorescente. Está en la fragilidad de todos y en la arrogancia de creer que a nosotros siempre nos tocará estar del lado que compra.

Yo cerraría el libro y miraría el supermercado de otra manera, sí, pero también la oficina, el hospital y cualquier lugar donde una palabra técnica sirva para que alguien no tenga que hacerse cargo de lo que está haciendo.

Imagen de la reseña del libro «Cadáver exquisito», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño en una imagen editorial con la frase del libro sobre Sentir asco por el sistema no te saca de su nómina.

La compasión privada no alcanza cuando el negocio sigue abierto

Hay una fantasía cómoda en las distopías: basta con que alguien vea a una víctima como persona para que el sistema empiece a derrumbarse. Bazterrica es más cruel. El reconocimiento íntimo puede cambiar la vida de quien mira, pero no apaga las máquinas, no cancela contratos y no modifica por sí solo la ley. Si Marcos se conmueve ante una mujer concreta, todavía falta preguntar qué pasa con todas las demás a quienes nunca verá.

Esa distancia entre afecto personal y justicia colectiva me parece uno de los puntos más fértiles para conversar después. Nos resulta fácil defender a alguien cuyo rostro conocemos. Mucho más difícil exigir cambios cuando la víctima es una cifra, una categoría o una persona que no nos debe ternura. Un sistema injusto puede tolerar pequeñas excepciones sentimentales si nadie cuestiona la regla que las vuelve necesarias.

También hay que hablar de los consumidores. La novela no permite que toda la responsabilidad descanse en el operario o en el gerente. Para que una industria así exista tiene que haber apetito, dinero y una coreografía de no preguntar. Quien compra quizá no sostenga el cuchillo, pero sostiene una demanda. Eso no significa que todos los actores tengan igual poder. Significa que la inocencia del último eslabón merece, por lo menos, una conversación incómoda.

Por eso no salí pensando solo «qué malo es Marcos». Me quedé pensando en los mecanismos que nos dejan sentir compasión por un caso individual mientras seguimos considerando normal la estructura que produce miles. Cuando el dolor se vuelve excepción conmovedora, el negocio respira tranquilo.

Imagen de la reseña del libro «Cadáver exquisito», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño en una imagen editorial con la frase del libro sobre El monstruo más eficiente trabaja con contrato y horario.

Lo que no me gustó

Este libro da asco.

Y eso es un elogio.

Pero también es mi problema con él.

Bazterrica quiere que la normalización de lo monstruoso te revuelva el estómago y lo consigue tan bien que llega un momento donde una piensa:

Sí, Agustina.

Entendí.

Nos convertimos en unos hijueputas.

Podemos dejar de describir el procesamiento industrial cinco minutos.

Sé perfectamente que la repetición y el lenguaje frío son parte de la crítica: si repetís una barbaridad suficiente, termina convirtiéndose en procedimiento.

Eso es justamente lo aterrador.

Pero algunas escenas parecen competir para ver cuál consigue hacerte cerrar el libro primero.

Y yo no necesito salir físicamente mareada para comprender la metáfora.

También está Marcos.

Uno pasa buena parte del libro buscando alguna grieta humana en él.

Algo.

Una esperanza.

Una prueba de que no está completamente tragado por el sistema.

Y cuando llegás al final…

Bueno.

Gracias por el puñetazo, señora Bazterrica.

Muy amable.

Ese final funciona precisamente porque no te acaricia después.

Pero ganas de insultar a alguien quedan.

Mi veredicto sin hacerme la inocente

Cadáver exquisito vale la pena por la precisión de su idea central y por el modo en que desmonta la coartada del lenguaje. Es una novela breve comparada con todo lo que deja discutiendo después. Si te gusta el horror social que no te deja fingir que la maldad pertenece exclusivamente a una minoría de enfermos, entrá. Si necesitás un personaje moralmente seguro para acompañarte, acá vas a caminar bastante sola.

Mi puntuación es 4,5 de 5 estrellas. La idea, la ejecución y la incomodidad que produce pesan más que mis reservas sobre cierta acumulación de golpes y la agencia limitada de la mujer central.

Al final no me inquieta solo que una sociedad pueda aceptar comer personas. Me inquieta lo fácil que resulta hacerlo cuando primero decide que no son personas. Esa receta, lamentablemente, no nació en la ficción.

El lenguaje que vuelve normal lo monstruoso

La palabra técnica hace su trabajo y después el libro nos lleva al mostrador, al empleo y al precio del kilo. Entre una cosa y la otra no hace falta mentir: basta con no preguntar.

Lo que me quedó

Lo que me quedó no fue Marcos ni el final. Fue la pregunta de cuántos eufemismos necesito para seguir comprando sin mirar.

Preguntas que me hacen siempre

¿De qué trata Cadáver exquisito sin spoilers?

Después de una crisis que vuelve peligroso el consumo de animales, una sociedad legaliza la producción de carne humana. Marcos Tejo, empleado de un frigorífico, recibe a una mujer criada para ese fin y su relación con el sistema se vuelve más difícil de sostener.

¿Cadáver exquisito es terror o ciencia ficción?

Combina distopía, horror social y sátira de la industria. La premisa especulativa organiza el mundo, pero el miedo viene sobre todo de su funcionamiento cotidiano.

¿Es un libro muy gráfico?

Sí. Contiene violencia corporal, sacrificio industrial y deshumanización. Conviene saberlo antes de leer, especialmente si estos temas te afectan.

¿Marcos es el héroe de la historia?

La novela lo usa como punto de vista, pero conocer sus pérdidas no equivale a justificar su complicidad. Esa diferencia es una de las discusiones más valiosas del libro.

¿La novela habla solo de vegetarianismo?

No. Permite pensar el consumo animal, pero también las estructuras que convierten cuerpos en mercancía, el poder de los eufemismos y la desigualdad.

¿Por qué importa tanto el lenguaje en Cadáver exquisito?

Porque el sistema necesita palabras que oculten la identidad de las víctimas. Cambiar los nombres facilita que ciudadanos y trabajadores acepten prácticas que reconocerían como atroces si hablaran con precisión.

El libro

Cadáver exquisito

de Agustina Bazterrica

Conseguir el libro

Si comprás con este enlace, Yenny recibe una pequeña comisión y vos pagás lo mismo.

¿Querés más como esta? Entrá al Club de lectores y llevate gratis Sobreviviendo a mis muertos.

Entrar al Club de lectores →

Compartir

Mis libros

Libros de Yenny Astrid Londoño

Ver todos mis libros →

← Volver a Reseñas

Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Yenny Astrid Londoño es una autora y emprendedora colombiana, fundadora de Anchetas Medellín. Escribe sobre la vida real con sarcasmo, ironía y humor inteligente, transformando situaciones cotidianas, errores y relaciones imperfectas en historias con las que el lector puede reírse y reconocerse.

Conocé mi caos →

Sobreviviendo a mis muertos, de Yenny Astrid Londoño, libro gratis en PDF para suscriptores

Un libro mío, gratis

Llevate un libro mío gratis

Suscribite y recibí Sobreviviendo a mis muertos completo en PDF.

Después te escribiré solamente cuando tenga algo que valga la pena contarte.

Gratis para suscriptores de Yenny Astrid.