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Yenny Astrid Londoño

Reseña

El amor en los tiempos del cólera:

Reseña de El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez: Fermina, Florentino, vejez, obsesión y amor sin idealizaciones fáciles.

Por Yenny Astrid Londoño · 21 de octubre de 2026 · 8 min de lectura

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Portada de la reseña del libro «El amor en los tiempos del cólera», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño en una escena editorial con un mockup artístico de El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez.

El libro

El amor en los tiempos del cólera

Clásico latinoamericano

de Gabriel García Márquez

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4.5 de 5 estrellas

Ella elige otra vida, se casa con el doctor Juvenal Urbino y envejece junto a él.

Florentino Ariza ama a Fermina Daza durante décadas. Ella elige otra vida, se casa con el doctor Juvenal Urbino y envejece junto a él. Cuando vuelve a abrirse una posibilidad, la pregunta parece romántica: ¿puede el amor resistir más de cincuenta años? Gabriel García Márquez escribe una novela mucho más traviesa y menos tranquilizadora. A mí me interesa preguntar algo que la postal del enamorado eterno suele esconder: ¿qué personas quedaron en medio de esa espera y por qué seguimos llamando noble a toda obsesión que dura lo suficiente?

Fermina no es el premio por la paciencia de Florentino

De jóvenes, Florentino y Fermina sostienen un vínculo alimentado por cartas, distancia e imaginación. Hay algo hermoso en esa intensidad y algo peligrosamente fácil de idealizar. Cuando el otro vive sobre todo en palabras, uno puede enamorarse de una persona o de la versión que necesita para contar su propia historia. La diferencia aparece cuando se encuentran en la vida real, que tiene olores, horarios, mal genio y decisiones ajenas.

Fermina toma una decisión que ha irritado a generaciones de lectores: no convierte el primer amor en destino obligatorio. Se casa con Juvenal Urbino, construye una familia y atraviesa un matrimonio con prestigio, rutinas y desencantos. Puede parecer menos novelesco que esperar bajo la lluvia, pero también exige elecciones concretas. Me molesta cuando una reseña la reduce a obstáculo entre el héroe y su recompensa. Ella tiene vida antes, durante y después del deseo de Florentino.

El matrimonio con Urbino tampoco merece la etiqueta fácil de «amor verdadero» o «error burgués». García Márquez muestra la intimidad como un trabajo de años, con ternura y con desgaste. La convivencia puede volverse profunda precisamente porque las personas se conocen en sus formas menos poéticas. También puede acumular silencios y pequeñas crueldades. Fermina no necesita elegir entre un cuento de hadas y una cárcel. Necesita elegir dentro de una vida que cambia.

Por eso la segunda oportunidad, cuando llega, no borra el tiempo anterior. Una viuda no vuelve a ser la muchacha que otro conservó en su memoria. Si Florentino quiere encontrar a Fermina, tendrá que mirar a la mujer mayor que existe, no a la figura que lleva medio siglo retocando en su cabeza.

Florentino: el romántico que también usa a los demás

Florentino es inolvidable, sí. También es capaz de convertir su persistencia en coartada. Mientras se declara fiel a Fermina en el plano ideal, mantiene relaciones con otras mujeres. Ese contraste no tiene por qué leerse con una moralina simplona sobre pureza sexual. El problema aparece cuando esas mujeres quedan subordinadas a la gran narración que él hace de sí mismo. Si cada vínculo sirve para medir cuánto sigue amando a una ausente, las personas presentes pasan a ser instrumentos.

Hay episodios especialmente incómodos en esa trayectoria. No quiero cubrirlos con la palabra «picardía» ni despacharlos como costumbres de otra época. Leer un clásico no implica fingir que todo lo que contiene merece aplauso. Tampoco exige prohibirlo para demostrar sensibilidad. Podemos aceptar que una novela importante represente deseos, abusos y contradicciones sin convertir al protagonista en modelo de conducta.

Lo fascinante de Florentino es precisamente esa mezcla: puede ser tierno, paciente, ridículo, egoísta y bastante cruel. La novela gana cuando permite que todo eso conviva. La pierde la lectura que lo absuelve porque escribe cartas bonitas. Yo también he visto personas capaces de jurar amor eterno y olvidar que el mundo está lleno de gente que no pidió actuar de relleno en su película.

La pregunta «¿Florentino amó de verdad?» me parece menos fértil que «¿qué entendía por amar?». Tal vez la novela no nos da una respuesta única porque el amor nunca ha sido una licencia automática para disponer de otras vidas.

Imagen de la reseña del libro «El amor en los tiempos del cólera», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño en una imagen editorial con la frase del libro sobre Esperar medio siglo no convierte a nadie en santo.

El cólera, el cuerpo y la vejez

El título junta amor y enfermedad desde el principio. Los síntomas del enamoramiento pueden parecerse a los del malestar físico; la pasión altera el cuerpo, pero también lo hacen el tiempo, la pérdida y la vejez. García Márquez se niega a dejar el amor encerrado en una cara joven y una promesa de matrimonio. Eso, para mí, es una de las mayores virtudes del libro.

La vejez no aparece como castigo por haber sobrevivido demasiado. Trae limitaciones, orgullo, deseo, torpeza y humor. Me gusta que la novela se atreva a mirar cuerpos mayores sin tratarlos como si la intimidad hubiese expirado. A veces la literatura se comporta como si solo los jóvenes pudieran empezar algo; aquí empezar de nuevo ocurre después de haber vivido casi todo.

El Caribe del relato tiene calor, olores, jerarquías y transformaciones sociales. No es un papel tapiz exótico para que dos enamorados posen frente a él. El progreso, la navegación, la medicina y las diferencias de clase entran en la manera de amar y de imaginar el futuro. Florentino y Fermina no flotan fuera de la historia por mucho que a él le guste creerse fiel a una emoción inmutable.

El final ha sido leído como una victoria del amor. Yo lo leo también como una decisión de suspender por un momento la obligación de que el mundo tenga la última palabra. Es hermoso y, al mismo tiempo, no resuelve retrospectivamente cada daño del camino. Un cierre bello no convierte los cincuenta años anteriores en un trámite inocente.

Imagen de la reseña del libro «El amor en los tiempos del cólera», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño en una imagen editorial con la frase del libro sobre Fermina no era el premio de una paciencia masculina.

Las cartas escriben una persona que después debe existir fuera del papel

La correspondencia juvenil entre Florentino y Fermina es una de las grandes seducciones de la novela. Escribir permite elegir cada palabra, corregir el gesto torpe y convertir una espera en promesa. También permite que el destinatario complete los vacíos con lo que desea encontrar. Si solo nos conocemos a través de frases cuidadosamente preparadas, la vida cotidiana llega a interrumpir una obra de ficción que escribimos entre dos.

Fermina percibe esa diferencia y toma distancia. No necesita demostrar que Florentino era indigno para tener derecho a cambiar de idea. A muchas mujeres se les exige un expediente de pruebas antes de permitirles retirar un amor que habían declarado en la juventud. Como si una promesa adolescente obligara a hipotecar el resto de la vida. García Márquez muestra la fuerza del enamoramiento y también el momento en que la persona real se resiste a seguir siendo personaje del enamorado.

Décadas después, Florentino todavía corre el riesgo de dirigirse a la destinataria de aquellas cartas y no a la viuda que tiene enfrente. Ella ha amado, discutido, envejecido, cuidado y perdido. Si el reencuentro vale algo, tendrá que admitir que la nostalgia no es una biografía compartida. Una historia puede retomarse, pero no se reanuda en la página que uno marcó con una cinta hace cincuenta años.

Esa tensión es la que vuelve al libro más interesante que cualquier póster de «el amor verdadero espera». El amor que espera puede estar cuidando una posibilidad. También puede estar cuidando una imagen de sí mismo. Hay que mirar qué hace cuando el otro deja de obedecer la imagen.

Imagen de la reseña del libro «El amor en los tiempos del cólera», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño en una imagen editorial con la frase del libro sobre Un amor puede durar para siempre y seguir debiéndole explicaciones a otros.

Lo que no me gustó

Voy a decirlo y que venga el Ministerio de Cultura por mí:

Florentino Ariza me parece bastante cansón.

El hombre pasa medio siglo enamorado de Fermina y eso suena precioso si uno lo resume rápido.

«Esperó cincuenta años por el amor de su vida».

Ay, qué romántico.

Ahora abramos el expediente completo.

Mientras esperaba tuvo un desfile de mujeres que ya quisiera una empresa de eventos, pero emocionalmente seguía presentándose como el gran mártir del amor eterno.

Mi rey…

Eso no es exactamente guardar castidad emocional.

Y algunas de esas relaciones tienen dinámicas que hoy uno lee y dice:

momentico, Gabriel.

Momentico.

También me molesta esa tendencia a vender la obsesión como prueba máxima del amor.

Persistir puede ser romántico.

No aceptar que una persona siguió con su vida durante cincuenta años también puede ser otra cosa.

El libro me parece bellísimo y tiene frases que dan ganas de subrayar hasta la portada.

Pero que esté escrito como los dioses no significa que yo tenga que comprarle a Florentino todo el paquete romántico.

Una cosa es amar.

Otra es hacer una carrera universitaria en no superar a una mujer.

Mi veredicto

Es un clásico al que vale la pena llegar sin la obligación de venerarlo. Lo recomiendo si te interesan las novelas sobre deseo, matrimonio, envejecimiento y el modo en que una persona puede engañarse durante toda una vida con palabras preciosas. Si querés una historia romántica limpia, quizá te toque discutir con Florentino en voz alta. Yo lo hice.

Mi puntuación es 4,5 de 5 estrellas. La riqueza de Fermina, el tratamiento de la vejez y la prosa pesan muchísimo. Le descuento por momentos donde la seducción narrativa puede disfrazar el costo que pagan otras mujeres.

El amor puede durar medio siglo. Eso no demuestra que siempre haya sido generoso. Ahí está, para mí, el corazón incómodo de esta novela.

Lo que me queda

Lo que me queda es la pregunta que la novela deja abierta: qué entendía Florentino por amar, y qué pagaron las otras personas mientras él lo averiguaba.

Preguntas que me hacen siempre

¿De qué trata El amor en los tiempos del cólera?

Cuenta la relación cambiante entre Florentino Ariza y Fermina Daza a lo largo de más de cincuenta años, incluida la vida matrimonial de Fermina con el doctor Juvenal Urbino y la posibilidad de un encuentro tardío.

¿Fermina Daza se casa con Florentino?

No al comienzo de su vida adulta. Elige casarse con Juvenal Urbino. La novela explora qué significa esa decisión para los tres a través del tiempo.

¿Es una novela romántica feliz?

Tiene belleza y humor, pero también obsesión, desigualdades, infidelidades, duelo y vejez. Venderla como romance sin matices sería engañoso.

¿Por qué Florentino genera tanta discusión?

Por la distancia entre su imagen de enamorado fiel y la forma en que se relaciona con otras mujeres. La novela permite admirar la construcción del personaje sin justificarlo todo.

¿Es difícil de leer?

Su lenguaje es rico y su ritmo se toma tiempo para construir una vida entera. Quien prefiera tramas veloces puede necesitar paciencia; quien disfrute la prosa y los personajes encontrará mucho.

¿Qué papel tiene la vejez en la historia?

Es central. El libro pregunta si el deseo y la posibilidad de empezar de nuevo pueden existir después de décadas de pérdidas, matrimonio y cambios corporales.

El libro

El amor en los tiempos del cólera

de Gabriel García Márquez

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Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Yenny Astrid Londoño es una autora y emprendedora colombiana, fundadora de Anchetas Medellín. Escribe sobre la vida real con sarcasmo, ironía y humor inteligente, transformando situaciones cotidianas, errores y relaciones imperfectas en historias con las que el lector puede reírse y reconocerse.

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