Reseña
El Infierno, de Carmen Mola:
Un levantamiento militar llena Madrid de muertos y dos vidas quedan atravesadas por el caos. La historia después cruza el océano hasta Cuba, donde el supuesto paraíso tiene demasiada sangre debajo de la alfombra. Qué raro: el poder también viaja.
Por Yenny Astrid Londoño · 21 de octubre de 2026 · 8 min de lectura
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El libro
El Infierno
Novela negra
de Carmen Mola
4 de 5 estrellas
La ambientación entre Madrid y Cuba, el cruce entre política y vida íntima y el ritmo sostienen muy bien la lectura.
Madrid se despierta con una revolución en la ventana
El Infierno abre en una ciudad donde la política deja de ser conversación de café y se convierte en ruido de disparos, muertos en la calle y gente tratando de adivinar de qué lado conviene estar. El levantamiento contra la reina Isabel II atraviesa a los personajes y les cambia las opciones disponibles. Cuando la historia entra a una casa a balazos, nadie puede seguir fingiendo que los grandes acontecimientos pasan solamente en los libros de texto.
Carmen Mola no pone el conflicto como una fecha bonita para decorar el capítulo. La violencia política altera el rumbo de la trama y deja a las personas en una situación donde las decisiones se toman con miedo, no con tiempo para redactar un manifiesto. Una puede tener principios muy firmes hasta que alguien pone una pistola sobre la mesa. Ahí se descubre qué tan firme era la mesa.
Leonor y Mauro en una historia que no promete calma
La relación entre Leonor y Mauro le da a la novela un centro emocional, pero no el tipo de romance que termina con violines y una ventana abierta al atardecer. Se encuentran en circunstancias violentas, y la vida no les ofrece un espacio limpio para decidir qué sienten. Eso me interesa: el amor aquí no borra la época, no vuelve bueno al mundo ni convierte cada sacrificio en una escena preciosa.
El afecto puede ser refugio, pero también una debilidad que otros utilizan. Cuando una historia mezcla romance con thriller, el peligro es que la pareja se vuelva solo una excusa para perseguirse por varios países. El Infierno intenta que el vínculo tenga consecuencias reales: lo que uno decide afecta al otro, y lo que el mundo les exige no se resuelve con una promesa bonita.
De Madrid a Cuba: cambiar de paisaje no arregla la historia
El viaje hacia Cuba amplía el mundo de la novela y cambia la escala del conflicto. Madrid aparece marcada por la agitación política; Cuba, por el sistema colonial y la esclavitud. El título deja de ser una metáfora cómoda y se vuelve una pregunta sobre qué clase de paraíso puede construirse sobre la libertad robada de otras personas.
Me gusta que la novela haga ese desplazamiento. No presenta el océano como un borrador que borra lo ocurrido antes. Los personajes llegan a otro lugar, pero las relaciones de poder siguen con ellos. A veces solo cambian el uniforme, el idioma del patrón o el nombre de la propiedad. La injusticia, cuando es rentable, tiene una capacidad de adaptación que ya quisiera una persona normal para cambiar de trabajo.
La esclavitud no es un fondo pintoresco
El libro toca un tema que no debería convertirse en simple ambientación exótica. La esclavitud organiza la vida económica y social de la Cuba que aparece en la novela. Si la historia de amor y la intriga ocupan la primera fila, el sistema que las rodea sigue estando ahí, decidiendo quién puede moverse, quién pertenece a quién y quién se beneficia de que esa crueldad parezca normal.
Esa tensión le da peso al relato. Un romance intenso no puede quedar suspendido como si los demás personajes no estuvieran pagando la cuenta. La novela permite pensar en esa distancia entre la libertad íntima que sus protagonistas quieren y la falta de libertad radical de tantas personas a su alrededor. El amor no absuelve a nadie de mirar el mundo que le permite existir.

Una novela que se mueve entre géneros
Acá hay thriller histórico, violencia política, aventura, romance y una trama que quiere sorprender. Esa mezcla puede ser muy entretenida cuando cada género le presta algo al otro. El golpe de Estado da contexto al peligro, el romance da una razón emocional para seguir y el viaje abre nuevas complicaciones. No es una historia que se siente obligada a quedarse quieta en una sola categoría.
También hay riesgo de saturación. Cuando cada puerta trae una conspiración, un crimen, una pasión o una revelación, uno puede preguntarse si queda algún personaje disponible para tomarse un vaso de agua sin que eso se convierta en el preludio de una tragedia. Mola apuesta por el exceso, y quien ya conoce su estilo sabe que la novela no viene a pedir permiso para subir el volumen.
El ritmo de Carmen Mola sabe correr
La lectura tiene empuje. Las escenas suelen terminar con algo que obliga a continuar, y los cambios de escenario renuevan el conflicto antes de que una se acomode demasiado. Es una ventaja si buscas una novela para leer con ganas de «solo un capítulo más», esa frase que la gente dice a las dos de la mañana como si no supiera que mañana existe.
El ritmo también puede jugarle en contra a la pausa emocional. Algunas consecuencias necesitan más espacio que una página antes de que el relato ya esté apuntando hacia otra amenaza. Hay momentos en que me gustaría quedarme un poco más con lo que acaba de pasar, no porque necesite una explicación tres veces, sino porque el personaje que sobrevivió todavía tiene que procesarlo.
La violencia deja huellas, no solo cadáveres
Una cosa que valoro es que la violencia política no aparece como una batalla estilizada donde todos se sacuden el polvo y siguen hablando. Los muertos y las amenazas alteran la conducta de quienes quedan. La gente calcula, miente, se esconde y aprende a desconfiar hasta de la conversación que parecía inocente.
Pero el libro también juega con una brutalidad que puede cansar. Cuando el horror se acumula sin un cambio de escala o de perspectiva, corre el riesgo de volverse paisaje. Y eso es justo lo que no quiero que pase con una novela que se asoma a la esclavitud y la guerra. El lector no debería acostumbrarse a mirar el daño como quien mira la lluvia por la ventana.
El poder siempre llama orden a lo que le conviene
La revolución y la colonia están atravesadas por la pregunta de quién puede decidir qué es legal, necesario o inevitable. El poder no suele anunciarse como villano; suele llegar con un discurso sobre el orden, la patria, la economía o la seguridad. Después alguien queda debajo de la bota y el discurso se lava las manos.
El Infierno tiene material para mirar esa hipocresía desde varios ángulos. No toda persona que participa en una estructura conoce el mismo nivel de daño, pero tampoco basta decir «yo solo cumplía mi papel» para salir limpio de la historia. La novela no necesita convertir cada personaje en una tesis. Basta con mostrar que la obediencia también tiene consecuencias.

El viaje de Leonor no convierte Cuba en un refugio de postal
La huida desde el levantamiento contra Isabel II lleva a Leonor a La Habana y vuelve a cruzarla con Mauro. Las plantaciones y el esclavismo forman parte del conflicto, no un paisaje exótico que se pueda mirar de lejos.
Lo que no me gustó
El material histórico es duro: la fuga de Leonor desemboca en un ingenio cubano donde el esclavismo está vivo. Si el romance y los giros ocupan más espacio que esa estructura de explotación, el horror corre el riesgo de volverse decorado. También hay un cambio de escenario grande entre Madrid y La Habana; no siempre ambos tramos tienen el mismo pulso.
Una historia de amor con el mundo en contra
La novela puede gustarte si quieres una lectura de ritmo alto, con aventura histórica, romance y violencia. También si te interesan los relatos que cruzan la historia de España con la experiencia colonial en Cuba. No la recomendaría como una novela romántica convencional ni como un retrato delicado de una época. Las dos cosas serían venderte una hamaca donde hay una tormenta.
Si te gusta Carmen Mola, vas a encontrar varios ingredientes de su estilo: giros, crudeza y personajes empujados al límite. Si no, igual puede funcionar como puerta de entrada al thriller histórico, siempre que te interese una trama que no se queda en Madrid.
¿Hay que leer La Bestia antes?
No es imprescindible. El Infierno tiene su propia trama y puede leerse de manera independiente, sin tarea previa para entender el conflicto central.

Mi puntuación
4 de 5 estrellas. La ambientación entre Madrid y Cuba, el cruce entre política y vida íntima y el ritmo sostienen muy bien la lectura. Le bajo un punto por la acumulación de golpes dramáticos y por momentos en que la prisa no deja que algunos personajes procesen lo vivido. Me entretuvo y me dio material para discutir, aunque el volumen a ratos pudo bajar un poquito.
Leonor huye de un infierno y encuentra otro
La recomendaría a quien quiera leer un thriller histórico con una historia de amor atravesada por revolución y esclavismo. No entraría esperando un romance cómodo: La Habana y los ingenios forman parte del horror que la novela pone frente a Leonor y Mauro.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata El Infierno, de Carmen Mola?
La novela parte de un levantamiento militar contra Isabel II en Madrid y sigue a personajes cuyas vidas quedan marcadas por la violencia. Más adelante, la historia se desplaza a Cuba y aborda también el sistema de esclavitud colonial.
¿Hay que leer La Bestia antes?
No es necesario. El Infierno tiene su propia trama y puede leerse por separado.
¿Es una novela romántica?
Incluye una historia de amor importante, pero se mezcla con thriller histórico, violencia política y aventura. No es un romance convencional.
¿En qué lugares transcurre?
La trama se mueve principalmente entre Madrid y Cuba, en dos contextos marcados por la violencia y las relaciones de poder.
¿Es una lectura muy violenta?
Sí. Incluye asesinatos, conflicto político y referencias a la esclavitud. Si preferís evitar escenas duras, tenelo presente.
¿El Infierno pertenece a la serie de Elena Blanco?
No. Es un thriller histórico independiente de Carmen Mola, ambientado entre Madrid y La Habana en el siglo XIX.
El libro
El Infierno
de Carmen Mola
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Yenny Astrid Londoño
Yenny Astrid Londoño es una autora y emprendedora colombiana, fundadora de Anchetas Medellín. Escribe sobre la vida real con sarcasmo, ironía y humor inteligente, transformando situaciones cotidianas, errores y relaciones imperfectas en historias con las que el lector puede reírse y reconocerse.

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