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Yenny Astrid Londoño

Reseña

El juego del alma, de Javier Castillo:

Miren Triggs recibe una polaroid de una chica atada mientras investiga otro crimen. A quien mandó la foto le faltó ponerle «te toca». Qué hijueputa manera de invitar a participar.

Por Yenny Astrid Londoño · 21 de octubre de 2026 · 7 min de lectura

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Portada de la reseña del libro «El juego del alma», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño con un mockup artístico de El juego del alma, de Javier Castillo

El libro

El juego del alma

Thriller psicológico

de Javier Castillo

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3.5 de 5 estrellas

Miren y el cruce de casos me mantienen dentro; la violencia contra adolescentes me saca cada vez que parece más interesada en impresionar que en comprender.

Un comienzo que entra dando pata

Nueva York, 2011. Una chica de quince años aparece crucificada en un suburbio. No es una imagen hecha para que una se acomode con té y galletas. El crimen reclama atención inmediata, quizá demasiada. Javier Castillo sabe abrir una puerta de golpe; mi pregunta es qué hace después con la persona que había detrás de ella.

Cuando una víctima es menor de edad y la violencia tiene una puesta en escena tan fuerte, el thriller camina sobre una cuerda. Puede usar el horror para denunciar la forma en que alguien controla y humilla. También puede usarlo para conseguir que el lector diga «uy, qué fuerte» y pase la página. A mí la segunda opción no me gusta un carajo. Quiero saber quién era esa joven, no solo cómo la encontraron.

La polaroid y el nombre Gina Pebbles

Mientras investiga, Miren recibe un sobre con una fotografía de otra adolescente amordazada y maniatada. La anotación dice «Gina Pebbles, 2002». Entre esa fecha y el crimen de 2011 hay años suficientes para que una persona haya intentado rehacer su vida, o para que una familia haya vivido esperando noticias.

La fotografía convierte a alguien en mensaje. El remitente decide qué se ve, cuándo se ve y a quién se le entrega. Miren recibe una pista, pero Gina queda otra vez sin voz. Esa asimetría es el asunto que más me interesa: la novela puede tratar la imagen como rompecabezas o preguntarse quién tiene derecho a usar el sufrimiento ajeno para mover una investigación.

Miren ya no llega inocente

Después de La chica de nieve, Miren no es la estudiante que apenas descubre lo que cuesta perseguir una historia. Trabaja como periodista de investigación. Tiene experiencia, cicatrices y un instinto que probablemente se activa incluso cuando ella quisiera dormir.

Eso cambia la lectura. Una protagonista que ya sabe mirar puede resultar más eficaz. También puede confundirse y creer que toda pista la está llamando personalmente. El sobre enviado a ella alimenta esa tentación: alguien escogió a Miren para jugar. ¿Por qué? La pregunta sirve para el suspense, pero también para examinar cuánto necesita ella que el caso tenga una conexión íntima. A veces uno cree que está salvando a alguien y en realidad también está intentando salvar una versión anterior de sí mismo.

Jim Schmoer y la investigación compartida

Miren sigue la pista con Jim Schmoer, su antiguo profesor de periodismo. Me gusta que la investigación no dependa de una mujer omnisciente que ve lo que nadie más ve porque el autor le instaló un radar de fábrica. Tener a Jim permite discusión, desacuerdo y una mirada que conoce la profesión desde otra edad.

La vieja comodidad del profesor que lo explica todo mientras ella pone el cuerpo me da pereza. Una alianza interesante deja a ambos cometer errores y cargar consecuencias. La investigación criminal no se vuelve más creíble porque uno diga «tengo un contacto» cada tres páginas. Se vuelve creíble cuando las pistas cuestan tiempo y los testigos no responden como si hubieran leído el guion.

Imagen de la reseña del libro «El juego del alma», escrita por Yenny Astrid Londoño. Ilustración de El juego del alma, de Javier Castillo, con un texto superpuesto: «Hay preguntas que parecen periodismo hasta que te apuntan a la cara».

La institución religiosa: misterio con historia o decorado siniestro

La pista conduce a una institución religiosa con rituales extraños. Es un escenario potente. También es una caja de trucos que el género ha abierto demasiadas veces: pasillos oscuros, símbolos, alguien susurrando que no hay que entrar. Ya entendimos que el edificio tiene secretos; por favor, que los personajes también tengan razones.

Me interesa mucho más el poder de una institución que la decoración lúgubre. ¿Quién decide qué se calla? ¿A quién protegen sus normas? ¿Qué pasa con una adolescente cuando un adulto en posición de autoridad define su cuerpo, su culpa o su obediencia? Ahí sí hay miedo que no depende de apagar las luces. Un rito extraño puede dar atmósfera. Una estructura que impide denunciar puede dar una novela.

Dos casos, nueve años y una sola pregunta incómoda

La conexión entre la chica encontrada en 2011 y Gina Pebbles en 2002 es la promesa del libro. No voy a inventarte la respuesta. Prefiero mirar la arquitectura de la pregunta. Si dos historias separadas por años se tocan, alguien tuvo tiempo para construir silencio. Y el silencio no se sostiene solo: requiere instituciones, miedo, indiferencia o una mezcla de las tres.

Me gusta cuando el thriller vuelve visible ese trabajo invisible. Hay una obsesión del género con el criminal genial que organiza todo como partida de ajedrez. A veces el verdadero cómplice es mucho menos brillante: un adulto que no quiso problemas, un superior que cuidó la reputación, un vecino que pensó que no le correspondía meterse. Esa gente no sale en las fotografías promocionales, pero ayuda muchísimo.

El título me cae mal a propósito

El juego del alma suena a apuesta, a reglas y a jugador. Las víctimas no se inscribieron. Ese lenguaje funciona si la novela nos obliga a notar la crueldad de tratar vidas como fichas. Funciona menos si la narración termina gozándose cada prueba como un escape room con adolescentes amarradas.

En el thriller es fácil decir «qué giro tan ingenioso» mientras una persona ficticia queda reducida a un objeto de ingeniería narrativa. Yo también disfruto un misterio bien armado. Pero cuando hay menores y violencia sexualizada o ritualizada, mi entusiasmo necesita freno. El caso puede ser inteligente; la víctima debe seguir siendo una persona.

El periodismo frente al espectáculo

Miren trabaja en un medio. Eso significa que descubrir la verdad no agota sus decisiones: también tiene que pensar qué publicar, cuándo y con qué detalles. Un nombre puede ayudar a encontrar a alguien o exponerlo otra vez. Una foto puede mover a un testigo o convertir el dolor en tráfico. El periodismo de investigación se juega su ética en esas decisiones pequeñas, no en un discurso hermoso al final.

Ahí hay una tensión que sí vale la pena mirar. Si el sobre llega a Miren, quien lo envía también entiende que una periodista tiene altavoz. Puede estar buscando ayuda o usando el medio para dirigir la conversación. A mí me interesa el segundo riesgo porque ya vimos demasiados villanos encantados con su propia campaña de relaciones públicas.

Imagen de la reseña del libro «El juego del alma», escrita por Yenny Astrid Londoño. Ilustración de El juego del alma, de Javier Castillo, con un texto superpuesto: «El mal no siempre grita; a veces administra muy bien sus horarios».

La foto de Gina obliga a Miren a entrar en un caso que no empezó con ella

La imagen de una adolescente maniatada, la crucifixión que investiga la policía y la institución religiosa llevan la trama a lugares distintos sin borrar a las jóvenes del centro. El título de ‘juego’ se vuelve más incómodo cuanto menos parece estar jugando Gina.

Lo que no me gustó

La historia reúne la crucifixión de una adolescente, la foto de Gina y una institución religiosa. Esa densidad puede hacer que el lector sienta que cada pista llega con otra capa de misterio antes de tener tiempo de procesar a las muchachas implicadas. El recurso funciona para mantener la intriga, pero a mí me cansa cuando la gravedad de la violencia queda subordinada a la siguiente pregunta de suspenso.

¿Hay que leer La chica de nieve primero?

Sí lo recomendaría. El juego del alma es la segunda entrega de Miren Triggs. Podés entender la premisa del nuevo caso por la sinopsis, pero la historia previa da contexto a quién es Miren y por qué ciertos asuntos la tocan tanto. Además, empezar por el segundo libro de una serie de misterio es como llegar a una reunión familiar cuando ya todos llevan dos horas peleando. Se puede, pero vas a preguntar bastante.

¿Para quién es esta novela?

Para lectores de thrillers oscuros con varias líneas temporales, periodismo de investigación y secretos institucionales. Si querés una historia ligera o preferís evitar violencia contra menores, elegí otra cosa. No hay nada heroico en forzarse a leer una escena que hoy no podés sostener.

Imagen de la reseña del libro «El juego del alma», escrita por Yenny Astrid Londoño. Ilustración de El juego del alma, de Javier Castillo, con un texto superpuesto: «Cuando alguien convierte el sufrimiento en espectáculo, la audiencia también queda embarrada».

Mi puntuación

3,5 de 5 estrellas. Miren y el cruce de casos me mantienen dentro; la violencia contra adolescentes me saca cada vez que parece más interesada en impresionar que en comprender. Una polaroid puede abrir una investigación. No debería cerrar la humanidad de Gina.

Gina Pebbles no es una pista más

Si vas a leerla, que sea por la investigación de Miren y la forma en que una fotografía conecta dos casos. La novela se mueve entre misterio y violencia contra adolescentes; esa combinación es justo lo que más me atrae y lo que más le exijo.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata El juego del alma?

Miren Triggs investiga el asesinato de una adolescente en Nueva York en 2011 y recibe una polaroid que apunta a Gina Pebbles, otra joven fotografiada en 2002.

¿Es la continuación de La chica de nieve?

Sí. La editorial la sitúa dentro de la serie de Miren Triggs, después de La chica de nieve.

¿Quién es Jim Schmoer?

El antiguo profesor de periodismo de Miren que la acompaña en la investigación.

¿Aparece una institución religiosa?

Sí. La sinopsis editorial indica que las pistas los llevan a una institución con rituales extraños.

¿La novela trata violencia contra menores?

Sí, ese es un elemento central de la premisa. Conviene revisar una muestra si es un tema sensible para vos.

¿El juego del alma es una novela de terror religioso?

Es un thriller de investigación: la institución religiosa y sus secretos forman parte del caso, junto con la crucifixión de una adolescente y la foto de Gina Pebbles.

El libro

El juego del alma

de Javier Castillo

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Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Yenny Astrid Londoño es una autora y emprendedora colombiana, fundadora de Anchetas Medellín. Escribe sobre la vida real con sarcasmo, ironía y humor inteligente, transformando situaciones cotidianas, errores y relaciones imperfectas en historias con las que el lector puede reírse y reconocerse.

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