Reseña
El silencio de la ciudad blanca, de Eva García Sáenz de Urturi:
En Vitoria reaparecen crímenes rituales justo cuando el hombre condenado por los anteriores va a salir de permiso. La coincidencia tiene menos cara de destino que de alguien jugando con la ciudad entera.
Por Yenny Astrid Londoño · 22 de octubre de 2026 · 7 min de lectura
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El libro
El silencio de la ciudad blanca
Novela negra
de Eva García Sáenz de Urturi
4 de 5 estrellas
Vitoria, el patrón de edades y la sospecha alrededor de Tasio arman un caso con identidad propia.
Una ciudad que creía tener el caso cerrado
Dos décadas antes de los nuevos crímenes, Vitoria ya había vivido asesinatos extraños. Tasio Ortiz de Zárate, arqueólogo brillante, fue condenado. Está cerca de salir de prisión en su primer permiso cuando aparecen más víctimas. El pasado, que supuestamente ya tenía nombre y sentencia, decide presentarse sin tocar la puerta.
Esa premisa me agarra por una pregunta: ¿qué le hace una ciudad a su propia memoria para poder seguir funcionando? Hay casos que se vuelven una fecha, una noticia archivada, un edificio al que se mira de reojo. Cuando el patrón regresa, no solo hay que buscar al asesino. También toca revisar quién necesitaba tanto creer que el capítulo estaba cerrado.
La Catedral Vieja no es un decorado bonito
Una pareja de veinte años aparece muerta en la Catedral Vieja, con picaduras de abeja en la garganta. Después, otra pareja de veinticinco años en la Casa del Cordón. La elección de lugares históricos y edades no suena a improvisación. Alguien prepara una escena para que la ciudad la vea y se reconozca en ella.
Me fascinan los thrillers donde el espacio importa, pero me cansa cuando el patrimonio funciona solo como postal del crimen. Una catedral no vuelve inteligente al asesino por sí sola. Una plaza antigua tampoco explica una pista porque la cámara se deslice por ella con música dramática. Vitoria tiene historia, calles y gente que vive allí; no es un catálogo turístico con cadáveres incluidos.
Tasio: condenado, señalado y demasiado conveniente
Tasio ya pagó, o está pagando, por los asesinatos anteriores. Que aparezca una serie semejante justo antes de su permiso reabre preguntas incómodas. ¿Lo imitan? ¿Se equivocaron con el caso anterior? ¿Alguien diseñó el calendario para que todos miraran de nuevo al hombre de siempre? No necesito saber la respuesta para notar que la coincidencia sirve muy bien a quien quiera manipular la investigación.
En novela negra hay un vicio: presentar al sospechoso perfecto tan temprano que una termina mirándolo con desconfianza antes de saber qué desayunó. A ver, si el caso llega envuelto con moño y tarjeta que dice «culpable», quizá alguien puso el moño. La gracia es no confundir la sospecha razonable con pereza policial. Una condena previa importa; no sustituye las pruebas de un crimen nuevo.
Kraken sabe perfilar, pero no leer almas
Unai López de Ayala, Kraken, trabaja en perfiles criminales y carga una tragedia personal. Esa combinación tiene potencial y una trampa. El perfilador de ficción a veces parece un adivino con expediente: mira una escena, frunce el ceño y anuncia la infancia, la profesión y la marca de zapatos del asesino. Mijo, respirá. Interpretar no es tener wifi en la cabeza del criminal.
Lo que sí me interesa es verlo lidiar con el margen de error. Una hipótesis puede orientar la búsqueda y también cerrarle los ojos a quien la formuló. Si Kraken se equivoca, el costo no es solo académico: hay personas en riesgo y un sospechoso a quien toda la ciudad ya aprendió a mirar. La inteligencia me convence más cuando sabe dudar que cuando recita certezas impecables.

Las parejas y la edad: alguien escribió una regla
Dos víctimas de veinte años, luego dos de veinticinco. El patrón despierta una cuenta atrás. Si la investigación se concentra en descifrar qué significa la secuencia, también deberá proteger a quienes podrían encajar en ella. Una regla criminal es aterradora porque convierte a personas vivas en casillas futuras.
Las parejas asesinadas en la Catedral Vieja y en la Casa del Cordón aparecen siguiendo un patrón que remite al caso de hace dos décadas. La repetición vuelve a las víctimas parte de una puesta en escena, y ahí la investigación de Unai necesita mirar más allá de la simetría del crimen. Me interesa el contraste entre el patrón que el asesino prepara y la vida real que queda reducida a una fecha en el expediente.
Arqueología, pasado y una ciudad construida por capas
Tasio es arqueólogo; las claves del thriller rozan restos antiguos y leyendas del norte de España. Esa combinación le da a la investigación una textura distinta de la del policial urbano genérico. Vitoria no aparece solo como ubicación en una ficha: sus edificios, sus edades y su memoria pueden convertirse en piezas de lectura.
Pero cada capa histórica necesita servir a la trama y a las personas. Si todo símbolo antiguo termina revelando una clave perfecta, la historia se parece a un recorrido guiado diseñado por un asesino con demasiado tiempo libre. A mí me gusta que el pasado pese, no que resuelva todo por tener un nombre en latín. La ciudad puede esconder cosas sin volverse una máquina de enigmas.
El regreso del miedo cambia a los vivos
Cuando un asesino escoge lugares conocidos, también secuestra hábitos. La ruta habitual al trabajo cambia. Un padre mira de otra manera la salida nocturna de su hija. Un edificio al que antes entrabas sin pensar adquiere otra temperatura. Esa transformación colectiva me interesa más que el titular de «ciudad aterrorizada».
El miedo público es desigual. Hay quien puede encerrarse y pagar seguridad; hay quien debe cruzar la misma calle a las seis de la mañana porque tiene un turno. Las novelas negras se vuelven más honestas cuando muestran que una ciudad no siente miedo como una sola persona. Lo sienten personas concretas con opciones diferentes.
La tragedia de Unai no debe hacer el trabajo de su carácter
Kraken lleva una pérdida. En el género, eso suele ser contraseña para llamarlo «profundo»: le damos al detective una desgracia, un café solo y ya creemos conocerlo. No, mi amor. Una herida importa por cómo altera sus decisiones, su forma de cuidar a otros y su manera de admitir que se equivocó.
Por eso miro menos el dato biográfico y más el trato que le da a la gente mientras investiga. ¿Escucha a sus compañeros? ¿Deja que alguien le contradiga un perfil? ¿Recuerda a las víctimas sin convertirlas en extensión de su propia tragedia? Una pena antigua no da licencia para mandar mal ni para monopolizar el dolor del caso.

Vitoria no es solo escenario: el caso viejo vuelve a ordenar la vida de la ciudad
El regreso de los asesinatos cuando Tasio Ortiz de Zárate está a punto de salir de prisión enfrenta a Unai con una investigación que ya tiene culpable, memoria pública y nuevas víctimas. La Catedral Vieja y la arqueología atan el misterio al pasado local.
La ciudad también puede equivocarse al recordar
El regreso del patrón amenaza con volver a Tasio culpable de todo en la imaginación pública. No hace falta que sea inocente para que esa reacción sea peligrosa: una investigación nueva exige pruebas nuevas. La memoria colectiva tiende a simplificar, y simplificar ahorra trabajo justo donde más cuesta equivocarse. Al mismo tiempo, las familias de las víctimas anteriores merecen algo más que ver su dolor usado como contexto dramático de otro caso. Si la ciudad va a revisar el pasado, que lo haga con rigor, no con titulares que caben en una taza de recuerdo.
Lo que no me gustó
La mezcla de asesinatos ritualizados, arqueología, leyendas y tragedia personal de Unai trae muchos hilos a la vez. Si alguno se siente como explicación añadida en lugar de una necesidad del caso, el misterio pierde claridad. Además, el uso de parejas jóvenes como víctimas puede hacer que el patrón criminal se note antes que la individualidad de quienes murieron.
¿Para quién es?
Para quien disfrute los thrillers de asesinos en serie, investigaciones con perfil criminal, ciudades históricas y secretos que saltan entre pasado y presente. Si preferís un policial seco y muy pegado al procedimiento, aquí encontrarás más atmósfera y simbolismo. Y si la violencia contra parejas jóvenes te resulta difícil de leer, revisá una muestra antes.

Mi puntuación
4 de 5 estrellas. Vitoria, el patrón de edades y la sospecha alrededor de Tasio arman un caso con identidad propia. Le resto una estrella a la saturación de símbolos: me gusta descifrar una ciudad, pero no quiero que cada baldosa venga con nota al pie y música de amenaza.
Vitoria vuelve a abrir el expediente
La recomiendo si disfrutás un policial donde el lugar y su memoria pesan tanto como el perfil criminal. Tasio, Unai y la Catedral Vieja sostienen la entrada; la mezcla de mitología, arqueología y tragedia personal exige que te guste seguir varios hilos.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata El silencio de la ciudad blanca?
Nuevos asesinatos rituales sacuden Vitoria cuando Tasio Ortiz de Zárate, condenado por crímenes semejantes veinte años antes, está por salir de permiso.
¿Quién es Kraken?
Es Unai López de Ayala, el investigador especializado en perfiles criminales que protagoniza la trilogía.
¿Quién es Tasio Ortiz de Zárate?
Un arqueólogo condenado por los asesinatos antiguos, cuya situación vuelve relevante cuando aparecen nuevos crímenes.
¿Dónde transcurre la novela?
En Vitoria-Gasteiz, con lugares como la Catedral Vieja y la Casa del Cordón dentro de la premisa.
¿Es el primer libro de una serie?
Sí. Abre la Trilogía de la Ciudad Blanca, seguida por Los ritos del agua y Los señores del tiempo.
¿Tiene elementos sobrenaturales?
Usa mitología y atmósfera inquietante, pero se presenta como thriller criminal, no como novela de fantasmas.
El libro
El silencio de la ciudad blanca
de Eva García Sáenz de Urturi
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Sobre la autora
Yenny Astrid Londoño
Yenny Astrid Londoño es una autora y emprendedora colombiana, fundadora de Anchetas Medellín. Escribe sobre la vida real con sarcasmo, ironía y humor inteligente, transformando situaciones cotidianas, errores y relaciones imperfectas en historias con las que el lector puede reírse y reconocerse.

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