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Yenny Astrid Londoño

Reseña

Juego de tronos, de George R. R. Martin:

En Poniente, el invierno no es la única cosa que se acerca. También vienen las alianzas con letra pequeña, los familiares ambiciosos y esa gente que te sonríe mientras calcula cuánto valés muerto.

Por Yenny Astrid Londoño · 26 de octubre de 2026 · 9 min de lectura

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Portada de la reseña del libro «Juego de tronos», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño sostiene un mockup artístico de Juego de tronos, de George R. R. Martin

El libro

Juego de tronos

Fantasía épica

de George R. R. Martin

4.5 de 5 estrellas

Le quito media por el exceso de nombres y ciertas vueltas estratégicas; el resto se lo gana con personajes que no caben en una etiqueta cómoda y un conflicto que mezcla intimidad y política sin pedir permiso.

Esta reseña habla de las familias, del conflicto por el poder y de la amenaza que crece más allá del Muro, sin contarte quién termina haciendo qué. A Juego de tronos lo conocen muchas personas por la serie, pero el libro tiene su propio ritmo y su propia manera de meterte en la cabeza de varios personajes. Si no sabés quién es quién, tranquila: al principio todos parecen tener tres nombres y un pariente dispuesto a complicarles la vida.

Un reino donde el verano también puede ser una amenaza

La historia abre con una promesa de frío. En Poniente, las estaciones pueden durar años y el regreso del invierno viene acompañado por algo que la mayoría prefiere considerar un cuento. Mientras tanto, en el sur, la gente importante se ocupa de cosas que considera más urgentes: herencias, matrimonios, cargos y quién se sienta más cerca del poder.

Esa distancia entre la amenaza real y la pelea inmediata me parece una de las ideas más sabrosas de la novela. El reino tiene un problema enorme en el horizonte, pero sus gobernantes están demasiado ocupados discutiendo quién merece la silla. Muy humano. Uno puede ver venir el desastre con luces y sirena y aun así ponerse a pelear por el parqueadero.

La familia Stark vive en el norte, cerca del Muro, bajo un clima que no necesita metáforas para ser hostil. Ned Stark recibe una propuesta que lo obliga a entrar en la política de Desembarco del Rey. Desde ahí, la historia se abre a casas, alianzas y puntos de vista que no comparten ni la misma idea de justicia ni el mismo miedo.

Los Stark no vienen con armadura para el juego

Ned cree en el deber, en la palabra dada y en hacer lo correcto aunque resulte incómodo. Valores preciosos. En la corte, también pueden ser una invitación para que alguien más astuto te use de alfombra.

La novela no presenta a la familia Stark como un bloque idéntico. Cada hijo tiene su manera de entender el mundo y su propio problema con las reglas que le asignaron. Arya no parece interesada en obedecer el papel que otros escribieron para ella. Sansa está más cerca de los cuentos de princesas y de la vida que cree que la espera. Jon carga con una condición social que se mete en todo, incluso en una mesa familiar. Bran, Robb y los demás tampoco están ahí solo para completar el árbol genealógico que una va a necesitar dibujar en la pared.

Me gusta que la familia sea un centro emocional y a la vez una pieza política. No se trata solo de quién ama a quién. También importa qué significa pertenecer a una casa cuando la casa espera que hagás sacrificios por ella. La lealtad puede ser una virtud y una cadena. A veces la misma persona que te protege es quien te explica por qué no podés escoger tu propio camino.

Imagen de la reseña del libro «Juego de tronos», escrita por Yenny Astrid Londoño. Ilustración de Juego de tronos, de George R. R. Martin, con un texto superpuesto: «En Poniente hasta el parentesco viene con cláusula de traición».

Desembarco del Rey: el palacio como oficina de recursos humanos del desastre

Cuando Ned llega a la capital, el poder no se presenta como un villano con capa negra y carcajada. Llega vestido de costumbre, protocolo, bromas privadas y gente que tiene una razón muy convincente para pedirte algo. La corte funciona como una oficina donde cada conversación podría ser una entrevista de trabajo o la preparación de una traición. Nunca sabés cuál de las dos.

Ese ambiente me entretiene porque el conflicto no depende de que todos sean tontos. Cada quien tiene un objetivo, una versión de los hechos y una cantidad distinta de información. Hay personas con poder que no saben gobernar; personas sin poder que leen mejor la habitación que el rey; y gente que cree estar usando a otra mientras ya le está haciendo el trabajo.

No todas las maniobras son igual de emocionantes. Hay nombres, cargos y alianzas que se acumulan hasta que una quisiera un pequeño folleto turístico: «Bienvenidos a Poniente; la traición va a la derecha, la sucesión a la izquierda». La complejidad da profundidad, pero exige atención. Si leés con el celular en la mano, probablemente una conversación te cobre una alianza que no sabías que existía.

Daenerys y la política lejos de Poniente

La narración también sigue a Daenerys y a su hermano Viserys, que viven lejos del reino mientras el apellido Targaryen sigue pesando sobre sus decisiones. Viserys habla de recuperar un trono como si el pasado le debiera una indemnización. Daenerys empieza la historia con mucho menos control sobre su propia vida.

Su recorrido permite ver el poder desde otra posición: no desde la silla del gobernante, sino desde la persona convertida en ficha de un acuerdo. A mí me interesa observar cómo cambia su margen de decisión y qué aprende para sobrevivir en un mundo que la trata como propiedad política. No hace falta que un personaje empiece mandando ejércitos para tener agencia; a veces su primera pelea es conseguir que los demás dejen de decidir hasta cómo debe respirar.

Algunas partes de este hilo me atraparon más que otras. Cuando la narración se concentra en el cambio de Daenerys, siento una historia personal con peso. Cuando se demora en rodearla de personajes cuya función parece anunciar qué puede pasar después, la lectura pierde fuerza. La promesa de un destino no reemplaza el trabajo de hacerme querer acompañar el camino.

El Muro y aquello que nadie quiere tomar en serio

En el norte extremo, la Guardia de la Noche vigila el Muro. Su función parece sencilla hasta que uno recuerda que vigilar una amenaza durante mucho tiempo suele volverla paisaje. Jon llega allí esperando encontrar un lugar donde su condición no importe; descubre que ninguna institución está libre de jerarquías, rencores y personas que se creen dueñas de la verdad.

La parte del Muro hace algo que disfruto: le recuerda al lector que los conflictos de los nobles no son necesariamente lo más grave que ocurre. Más allá de sus títulos y de sus disputas, hay un peligro que no negocia con nadie. El problema es que, cuando una novela insiste en cientos de páginas sobre la política, también me tiene que convencer de que esa amenaza no está esperando convenientemente fuera de cámara.

El contraste funciona cuando se conectan las dos escalas: la urgencia cotidiana y aquello que puede cambiar el mundo. No tanto cuando cada personaje parece vivir en una novela distinta que todavía no recibió el memorando.

Imagen de la reseña del libro «Juego de tronos», escrita por Yenny Astrid Londoño. Ilustración de Juego de tronos, de George R. R. Martin, con un texto superpuesto: «El invierno se acerca y los nobles siguen peleando por la silla».

El poder no vuelve inteligente a quien lo tiene

Martin escribe un mundo donde el apellido abre puertas, pero no garantiza que alguien sepa qué hacer al cruzarlas. La autoridad puede venir de una herencia, de un matrimonio, de una espada o de que una habitación entera tenga miedo de contradecirte. Ninguna de esas cosas asegura que la persona sea sensata.

Eso me sirve para leer la política del libro con una pregunta que no se queda en «¿quién es el más malo?». También pregunto quién gana si todos aceptan las reglas actuales, quién paga la cuenta y qué se considera una traición cuando el sistema entero está construido sobre favores. El honor de Ned se enfrenta a una maquinaria donde ser honesto no te vuelve invulnerable. Qué decepción para quienes creían que portarse bien incluía seguro contra malas personas.

La novela deja que la violencia tenga consecuencias y que las decisiones afecten a más de un personaje. No siempre me gusta lo que hace con ellos, pero agradezco que el peligro no parezca una lámpara decorativa. Acá las heridas cambian los planes y el poder se cobra incluso cuando alguien cree haber tomado la decisión correcta.

Lo que no me gustó

La cantidad de personajes y nombres hace que la entrada sea empinada. Hay casas con símbolos, lemas, hermanos, primos y una historia que parece exigir examen al final del capítulo. La complejidad es parte del gusto, pero al comienzo me costó distinguir qué debía recordar y qué podía dejar pasar sin que luego me faltara una pieza.

También hay tramos donde el movimiento se frena para dejar espacio a la estrategia. Me interesa el ajedrez político, pero no necesito que cada jugador me explique tres veces que tiene una jugada secreta. Y no todos los puntos de vista me atraparon igual: cuando el hilo se aleja de los personajes que me importan, el libro me pide paciencia con un cheque que no siempre tiene fondos.

Por último, la dureza del mundo puede volverse una competencia de quién ha sufrido más. La violencia sirve cuando revela poder o cambia una relación; se vuelve cansona cuando solo repite que Poniente es cruel y que aquí nadie puede pasar un martes tranquilo.

Imagen de la reseña del libro «Juego de tronos», escrita por Yenny Astrid Londoño. Ilustración de Juego de tronos, de George R. R. Martin, con un texto superpuesto: «Tener una corona no te vuelve menos bruto; solo te da más gente para culpar».

Mi veredicto

Juego de tronos me gusta por la política que nace de decisiones personales, la familia Stark y el contraste entre las peleas por la corona y el invierno que avanza. No me parece perfecto: la entrada puede ser abrumadora y algunos tramos se demoran más de lo que necesitan.

Pero cuando todas esas líneas empiezan a tocarse, entiendo por qué este mundo engancha. La fantasía no está solo en los dragones o en las criaturas del norte. También está en la ilusión de que el poder se puede controlar después de invitarlo a la mesa.

Mi puntuación

4,5 de 5 estrellas. Le quito media por el exceso de nombres y ciertas vueltas estratégicas; el resto se lo gana con personajes que no caben en una etiqueta cómoda y un conflicto que mezcla intimidad y política sin pedir permiso.

La silla no se queda vacía

Lo recomiendo si te gustan las sagas corales, las familias metidas en guerras de poder y las decisiones que tienen consecuencias. Leé con calma y no te preocupés si al principio confundís a dos señores con barba: en Poniente hasta los parientes parecen tener un asesor de imagen.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata Juego de tronos?

Varias casas nobles compiten por el poder en Poniente mientras la familia Stark, la Guardia de la Noche y Daenerys Targaryen enfrentan conflictos distintos que empiezan a cruzarse.

¿Juego de tronos es el primer libro de Canción de hielo y fuego?

Sí. Es la primera novela de la saga Canción de hielo y fuego, escrita por George R. R. Martin.

¿Necesito ver la serie antes de leer el libro?

No. La novela presenta el mundo y sus personajes por sí misma. Si ya viste la adaptación, igual podés disfrutar los distintos puntos de vista y los detalles que desarrolla el libro.

¿Es una fantasía con magia desde el comienzo?

La novela mezcla política, historia familiar y elementos fantásticos. La magia y la amenaza sobrenatural están presentes, aunque buena parte del conflicto se concentra en las decisiones de los personajes.

¿Hay que memorizar todas las casas?

No. Es útil reconocer a los Stark y a las familias centrales, pero no hace falta aprender cada lema de memoria para seguir la trama.

¿La historia se cuenta desde un solo personaje?

No. La novela alterna puntos de vista y eso permite ver el conflicto desde personajes con intereses y posiciones muy distintas.

¿A quién le recomiendo Juego de tronos?

A quien disfrute fantasía épica, intriga política y elencos grandes. Si preferís una trama breve con una protagonista única y ritmo constante, puede exigirte más paciencia.

El libro

Juego de tronos

de George R. R. Martin

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Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Yenny Astrid Londoño es una autora y emprendedora colombiana, fundadora de Anchetas Medellín. Escribe sobre la vida real con sarcasmo, ironía y humor inteligente, transformando situaciones cotidianas, errores y relaciones imperfectas en historias con las que el lector puede reírse y reconocerse.

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