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Yenny Astrid Londoño

Reseña

Érase una vez un corazón roto, de Stephanie Garber:

Fantasía romántica, maldiciones y una protagonista que intenta negociar con el destino como si el destino respetara los términos. Reseña sin spoilers del final.

Por Yenny Astrid Londoño · 26 de octubre de 2026 · 7 min de lectura

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Portada de la reseña del libro «Érase una vez un corazón roto», escrita por Yenny Astrid Londoño. Yenny Astrid Londoño sostiene un mockup artístico de Érase una vez un corazón roto, de Stephanie Garber

El libro

Érase una vez un corazón roto

Fantasía romántica

de Stephanie Garber

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4 de 5 estrellas

La atmósfera, el juego de pactos y la tensión entre Evangeline y Jacks me engancharon.

Evangeline cree en finales felices, incluso cuando la realidad le cobra intereses

Evangeline creció rodeada de objetos curiosos y relatos que le enseñaron a esperar que la magia estuviera escondida detrás de una puerta. Su optimismo no es simple ingenuidad: es una manera de sostener la esperanza cuando las cosas no le salen. Pero cuando el amor que imaginaba se cae, toma decisiones desde la herida y le pide ayuda a una fuerza que no tiene fama de regalar favores.

Me gusta que su fe en los cuentos tenga consecuencias y no funcione como una capa de protección. Evangeline quiere creer que las personas pueden cambiar, que una historia puede acabar bien y que un beso todavía puede significar algo. El mundo le responde con reglas que no se acomodan a su deseo. A veces la protagonista se aferra a una ilusión cuando ya hay señales de alerta suficientes para decorar una pared; pero precisamente esa tensión mueve el libro: creer en el amor no garantiza que una sepa reconocer un trato peligroso.

Jacks sabe pedir poco para cobrar muchísimo

El Príncipe de Corazones aparece con una elegancia fría y una reputación que hace que cada acercamiento deba tomarse con cuidado. Su trato con Evangeline parece limitado: tres besos, en el momento y el lugar que él elija. Lo que complica todo es que el acuerdo no se queda quieto y que Jacks tiene planes propios. Él no llega a ser el típico interés romántico que solo necesita una conversación sincera y una taza de chocolate para mejorar su carácter.

La dinámica entre los dos es el gancho principal. Jacks puede ser encantador, cruel, gracioso y peligroso dentro de la misma escena, lo cual ayuda a que la atracción conviva con la desconfianza. No voy a venderles esto como terapia de pareja; no hay una comunicación ejemplar ni deberíamos estar poniendo a este hombre de modelo. Pero como tensión de cuento oscuro funciona: Evangeline tiene que preguntarse constantemente si la está ayudando, usando o haciendo ambas cosas porque los inmortales también aman complicarse.

Imagen de la reseña del libro «Érase una vez un corazón roto», escrita por Yenny Astrid Londoño. Ilustración de Érase una vez un corazón roto, de Stephanie Garber, con un texto superpuesto: «Tres besos no parecen mucho hasta que el príncipe pone la fecha».

El Norte Magnífico parece sacado de un cuento con una cláusula escondida

La novela abandona lo cotidiano para llevar a Evangeline al Norte Magnífico, un territorio de historias, maldiciones, iglesias de los Destinos y belleza un poco amenazante. Los lugares tienen el brillo de un cuento y la sensación de que algo podría torcerse apenas uno se confía. Garber construye un mundo de puertas extrañas, objetos con historia y normas mágicas que exigen atención.

La atmósfera es una de sus mayores fortalezas. No parece un mapa genérico de castillos donde solo cambian los nombres: el libro combina rareza, lujo y peligro en una estética propia. Al mismo tiempo, algunas reglas de los Destinos se presentan en fragmentos y una aprende junto a Evangeline, lo que mantiene el misterio pero puede desorientar. Si una quiere un manual de magia con diagramas, aquí no lo va a encontrar; lo que hay es una joven descubriendo que cada mito venía con letra pequeña.

Los pactos y los cuentos no son inocentes

El relato juega con los finales felices como promesas que alguien puede vender. Evangeline ha creído toda su vida que el amor ordena el caos; el trato con Jacks le muestra que el deseo también abre puertas a obligaciones nuevas. Las maldiciones y las reglas no existen para premiar a quien sea buena persona, y mucho menos para garantizar que el esfuerzo se convierta en recompensa.

Me gusta ese choque entre la mirada romántica de Evangeline y un mundo que parece disfrutar poniéndola a prueba. La historia no se burla de creer en el amor; cuestiona que por creer en él una deba aceptar cualquier cosa. Eso sí: la protagonista a veces interpreta señales de peligro como un obstáculo narrativo que puede vencer con esperanza. A una le dan ganas de sentarla, hacerle un café y revisar juntas el historial del Príncipe de Corazones.

Imagen de la reseña del libro «Érase una vez un corazón roto», escrita por Yenny Astrid Londoño. Ilustración de Érase una vez un corazón roto, de Stephanie Garber, con un texto superpuesto: «Creer en el amor no obliga a firmar cualquier trato».

La lectura avanza entre encanto, sospecha y preguntas

La prosa es ágil y muy visual. Las escenas tienen un aire de fantasía romántica, con objetos memorables y lugares hechos para que una quiera entrar aunque probablemente no salga igual. La trama usa el misterio de los planes de Jacks y el alcance del trato para sostener la curiosidad. El libro sabe cuándo dejar una pregunta abierta para que una siga leyendo.

El romance se desarrolla con tensión más que con confianza. Eso evita que el pacto se vuelva una historia de amor instantánea y deja espacio para que Evangeline cuestione lo que siente. Hay un equilibrio entre aventura y emociones, aunque algunas transiciones se sienten abruptas: una escena se acaba justo cuando yo quería más explicación y luego ya estamos corriendo hacia otra consecuencia. En una saga inicial eso puede servir para ampliar el mundo, pero también deja asuntos que esperaba ver mejor desarrollados en el primer tomo.

Lo que no me gustó

La historia depende mucho de que Evangeline crea en las posibilidades románticas aun cuando la situación le está gritando que no firme nada. Entiendo que su carácter se construye alrededor de la esperanza, pero hay momentos en que su ingenuidad me hizo perder paciencia. El libro reconoce que Jacks es peligroso, aunque a veces la atracción ocupa tanto espacio que una quisiera ver más reflexión sobre el desequilibrio de poder entre un inmortal que sabe las reglas y una joven que apenas las está aprendiendo.

También me habría gustado que ciertas normas de los Destinos quedaran más claras antes de que sus efectos fueran decisivos. El misterio es parte del encanto, pero no toda confusión se siente deliberada. Algunos personajes secundarios aparecen para mover a Evangeline hacia la siguiente revelación y luego se retiran antes de tener suficiente vida propia. Y el cierre deja varias puertas abiertas porque es el primer libro de una trilogía: yo acepto que haya continuidad, pero igual quería un poquito más de recompensa por las preguntas que ya venía cargando.

Mi veredicto

Érase una vez un corazón roto me atrapó por su mundo de cuento oscuro y por la fricción entre una protagonista que quiere creer y un príncipe que jamás entrega algo sin cobrarlo después. La premisa de los tres besos es sencilla, pegajosa y lo bastante peligrosa como para sostener el romance y el misterio. Evangeline no siempre toma la decisión más sensata, pero su deseo de que exista un final feliz hace que una entienda por qué entra en el trato.

Lo recomendaría a quien disfrute fantasía romántica con maldiciones, tensión y personajes moralmente sospechosos. No lo leería esperando una relación saludable ni una magia explicada con pizarrón. Es el primer tomo de una historia más grande, y se nota: algunas respuestas se reservan. Yo seguiría leyendo, aunque la próxima vez le pediría a Evangeline que antes de aceptar otro beso consulte términos y condiciones.

Imagen de la reseña del libro «Érase una vez un corazón roto», escrita por Yenny Astrid Londoño. Ilustración de Érase una vez un corazón roto, de Stephanie Garber, con un texto superpuesto: «Jacks ofrece ayuda como quien entrega un regalo con factura escondida».

Mi puntuación

4 de 5 estrellas. La atmósfera, el juego de pactos y la tensión entre Evangeline y Jacks me engancharon. Le resto un punto por algunas decisiones demasiado ingenuas, reglas poco claras y secundarios que todavía necesitan más profundidad.

Un cuento bonito con condiciones peligrosas

Te la recomiendo si querés una fantasía romántica que use los cuentos de hadas para hablar de deseo, elección y consecuencias. Si te desesperan los personajes que ven una bandera roja y preguntan si combina con el vestido, Evangeline te va a hacer respirar hondo. Pero ese mundo tiene tanto encanto como veneno y una no siempre sabe cuál de los dos está oliendo.

Preguntas frecuentes

¿Érase una vez un corazón roto es el primer libro de una saga?

Sí. Es el inicio de la trilogía Érase una vez un corazón roto de Stephanie Garber.

¿Quién es Evangeline Fox?

Es una joven que cree en los finales felices y hace un trato mágico con Jacks cuando su historia de amor se rompe.

¿Quién es Jacks, el Príncipe de Corazones?

Es uno de los Destinos inmortales, conocido por su poder y por hacer pactos cuyas consecuencias pueden ser peligrosas.

¿Cuál es el trato de los tres besos?

Jacks ofrece ayudar a Evangeline a cambio de tres besos, que él podrá reclamar en el momento y lugar que elija.

¿Hay que leer Caraval antes de este libro?

No es requisito para seguir la trama principal, aunque comparten universo y algunas conexiones resultan más familiares si ya leíste Caraval.

¿Qué género es Érase una vez un corazón roto?

Es fantasía romántica juvenil con cuentos de hadas, maldiciones, intriga y una aventura por el Norte Magnífico.

¿A quién le recomiendo esta novela?

A lectores de romances de tensión lenta, mundos de cuento oscuro, pactos mágicos y protagonistas que todavía creen en los finales felices.

El libro

Érase una vez un corazón roto

de Stephanie Garber

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Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Yenny Astrid Londoño es una autora y emprendedora colombiana, fundadora de Anchetas Medellín. Escribe sobre la vida real con sarcasmo, ironía y humor inteligente, transformando situaciones cotidianas, errores y relaciones imperfectas en historias con las que el lector puede reírse y reconocerse.

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