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Yenny Astrid Londoño.

Reseña

Nadie lo vio venir: la mejor amiga también sabía dónde guardaban las llaves

Bryden desaparece de un edificio de lujo. La seguridad era excelente, hasta que tocó protegerla de la gente que conocía.

Por Yenny Astrid Londoño · 8 de octubre de 2026 · 7 min de lectura

Yenny Astrid Londoño con Nadie lo vio venir, de Shari Lapena, sobre la mesa junto a una taza, una vela y un portátil, con el título de la reseña superpuesto en la imagen.

El libro

Nadie lo vio venir

Thriller doméstico

de Shari Lapena

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4 de 5 estrellas

Normalmente eso se llama confianza. Hasta que alguien decide usarlo.

ISBN 8410257866

Hay una confianza bastante particular en abrirle la puerta a una amiga. Uno puede estar despeinado, tener platos en el lavaplatos y decirle que espere mientras termina una llamada. No prepara una versión presentable de la casa. Tampoco revisa las intenciones de cada persona a la que le abre la puerta. Para eso, supuestamente, están los desconocidos.

Shari Lapena empieza a joder precisamente por ahí. Bryden y Sam Frost viven con su hija Clara en un edificio exclusivo. Un día Bryden no recoge a la niña en la guardería. Sam llega al apartamento y encuentra el portátil, el teléfono y las llaves. El carro también está. La que falta es ella.

La escena tiene algo peor que una puerta forzada: conserva la normalidad. Parece que alguien hubiera interrumpido una mañana de trabajo y después dejado los objetos esperando a una mujer que ya no puede volver a usarlos.

Un edificio seguro hasta que preguntás para quién

El lujo hace un trabajo curioso sobre la imaginación. Uno ve un vestíbulo bonito, puertas controladas y apartamentos costosos, y empieza a sentir que también compró distancia frente a lo desagradable. Como si las malas intenciones tuvieran que presentar extractos bancarios antes de entrar.

La desaparición desarma esa tranquilidad. El edificio deja de ser una garantía y se vuelve un espacio que hay que revisar. Pasillos, ascensores, vecinos: todo lo que hasta ayer era paisaje empieza a pedir explicación.

A mí me interesa esa transformación porque la seguridad doméstica suele pensarse hacia afuera. Quién puede entrar, quién tiene permiso, qué puerta quedó abierta. Cuesta muchísimo más aceptar que el permiso quizá ya lo tenía la persona que venía a hacer daño. No hay alarma que se active porque alguien te salude con demasiada confianza.

La premisa funciona sin necesidad de convertir el edificio en un castillo embrujado. Basta con que una madre no llegue a recoger a su hija y con que nadie pueda explicar dónde está. Lo cotidiano hace buena parte del trabajo.

Yenny Astrid Londoño con una blusa roja y Nadie lo vio venir, de Shari Lapena, junto a una vela y una taza, con un texto superpuesto en la imagen.

Sam tiene cosas que esconder y eso no resuelve el crimen

Sam es infiel y ha maltratado a Bryden. Que la investigación mire hacia él tiene sentido. Lo complicado empieza cuando confundimos dos preguntas distintas: qué clase de marido era y quién cometió el asesinato.

Un esposo puede ser un hijueputa y aun así no haber matado a su mujer. Eso no lo vuelve menos responsable de lo que sí hizo. Tampoco autoriza a completar con imaginación el delito que todavía hace falta demostrar.

Esta separación es incómoda porque uno quiere que el culpable coincida con la persona que ya detesta. Sería muy práctico. La investigación terminaría y nosotros podríamos conservar intacta nuestra indignación, sin reorganizar nada.

Lapena pone a Sam en un lugar menos cómodo. Sus mentiras le sirven para esconder otras cosas y al mismo tiempo lo hunden frente a la policía. La inocencia de un cargo no borra la conducta de los años anteriores. Me parece una distinción necesaria en una novela donde el matrimonio también es parte de la escena.

Hay hombres que esperan una absolución completa porque finalmente no hicieron la peor de todas las cosas de las que podían sospecharse. Hombre, qué estándar tan generoso. Todavía quedan bastantes asuntos pendientes antes de felicitarlo.

Paige no estaba acompañando a Bryden por las mismas razones que Bryden a ella

Paige, la mejor amiga, mantiene una relación con Sam. También es quien mata a Bryden y oculta su cuerpo en una maleta. Su intención era quedarse con una vida de la que Bryden formaba parte de una manera bastante difícil de sustituir mientras siguiera viva.

Ahí el libro encuentra su veneno. La cercanía que debería ofrecer apoyo se convierte en acceso. Conocer horarios, hábitos y relaciones deja de ser una señal de cariño y pasa a formar parte de la oportunidad.

Me cuesta más esa traición que la fantasía del desconocido sin rostro. Un desconocido no te ha escuchado hablar de tu hija. No sabe cómo contás tus problemas ni ha recibido tu confianza de regalo. Paige sí estaba cerca de todo eso.

Y hay una diferencia enorme entre envidiar una vida y decidir que su dueña es un obstáculo. Uno puede mirar una casa ajena y pensar que le gustaría tenerla. El problema empieza cuando también hace inventario de las personas que necesita sacar.

Paige trata a Bryden como si fuera la parte reemplazable de la familia. Pero una mujer no es el mueble que impide acomodar mejor el salón. Clara no necesita una nueva versión de su mamá y Sam no viene acompañado de una garantía que diga que con la siguiente sí se portará bien.

Ese proyecto de felicidad ya estaba bastante podrido antes de que apareciera el cadáver.

Yenny Astrid Londoño con un suéter oscuro y una taza en las manos, con Nadie lo vio venir, de Shari Lapena, sobre la mesa y un texto superpuesto en la imagen.

La pista llega por un detalle que no se puede discutir con elegancia

Una testigo recuerda un tono de llamada, y ese detalle termina relacionando a Paige con la maleta. Sam, por su parte, tenía una coartada que ocultó por su consumo de opioides.

El tono de llamada tiene una gracia muy de este libro: algo pequeño, familiar y casi ridículo acaba pesando más que las explicaciones enormes. Uno puede construir una defensa bastante elaborada y después descubrir que el teléfono decidió participar.

Como recurso, también deja una pregunta sobre el peso que la resolución deposita en un recuerdo tardío. A mí un giro me convence más cuando, además de sorprender, permite regresar por el camino y ver las piezas. Si depende demasiado de que alguien finalmente recuerde justo lo indispensable, se le ve un poquito la mano a quien estaba organizando la historia.

Eso se puede discutir sin quitarle eficacia a la escena. La información cambia la lectura de las mentiras anteriores. Algunas ya no encubren el crimen que estábamos imaginando; encubren otros asuntos. La gente puede llevar una vida desastrosa por varias razones simultáneas. Qué falta de consideración con quienes queríamos organizarla en una sola carpeta.

Lizzie busca respuestas y el resto puede convertirlas en entretenimiento

La participación de Lizzie en un grupo de true crime añade otra incomodidad: una familia necesita saber qué pasó y afuera hay gente convirtiendo cada dato en una teoría. Para unos es una mujer perdida. Para otros, el caso del que se habla esta semana.

No desprecio la curiosidad. Estoy escribiendo sobre una novela de asesinato; tampoco voy a posar de persona ajena al asunto. Lo que me interesa es la distancia entre interesarse y adjudicarse autoridad sobre el dolor de alguien.

Desde una pantalla es facilísimo interpretar una expresión, decidir qué significa una demora y repartir culpabilidades con una seguridad que jamás soportaría un interrogatorio serio. Después se cierra la aplicación y se sigue con el almuerzo. La familia no puede cerrar así la ausencia.

La novela mezcla esa mirada pública con la intimidad del edificio. Ya no basta con desconfiar de quienes viven cerca; también toca entender qué historia están construyendo quienes miran desde lejos.

Bryden merece algo más que convertirse en la mujer que estorbaba

Mi reparo con esta clase de thriller aparece cuando el despliegue de sospechosos amenaza con ocupar todo el espacio que antes pertenecía a la víctima. Descubrimos lo que otros querían, escondían o temían, y la mujer asesinada puede acabar reducida al mecanismo que puso a todos a hablar.

Por eso vuelvo a Clara, a la guardería y al trabajo interrumpido. Esos detalles recuerdan que Bryden tenía un día por terminar. No estaba esperando cumplir una función dentro del plan de Paige.

Nadie lo vio venir funciona mejor cuando el misterio conserva esa pérdida debajo de las sospechas. Y su pregunta más incómoda, para mí, no es cuánto podemos confiar en un edificio caro. Es cuánto de la vida ajena llegamos a conocer sin comprender lo que la otra persona está haciendo con ese conocimiento.

Una amiga puede saber cuándo salís, qué te preocupa y dónde queda todo. Normalmente eso se llama confianza.

Hasta que alguien decide usarlo.

Preguntas que me hacen siempre

¿Es continuación de La pareja de al lado?

No. Es una historia independiente de Shari Lapena; podés leerla sin pasar por sus otros libros.

¿La reseña revela al culpable?

Sí. Hablo de Paige y del desenlace de la investigación. El aviso está antes del artículo.

¿Para quién funciona esta novela?

Para quien disfruta los secretos familiares, las sospechas entre vecinos y una investigación en la que la vida privada complica cada declaración.

¿De qué trata Nadie lo vio venir?

Bryden desaparece de un edificio de lujo. La seguridad era excelente, hasta que tocó protegerla de la gente que conocía.

El libro

Nadie lo vio venir

de Shari Lapena

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Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Yenny Astrid Londoño es autora colombiana y fundadora de Anchetas Medellín. Sus libros combinan sarcasmo, ironía y humor inteligente para contar la vida cotidiana sin maquillarla.

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