Reseña
La pareja de al lado, de Shari Lapena: reseña - dejaron a la bebé sola y ese resultó ser apenas el primer problema
Anne y Marco pensaron que podían cenar en la casa de al lado, vigilar a Cora con el monitor y entrar a verla cada media hora. Cuando regresaron, la cuna estaba vacía. Lo peor es que la desaparición de la bebé apenas destapó lo que esa familia llevaba escondiendo.
Por Yenny Astrid Londoño · 8 de octubre de 2026 · 16 min de lectura

El libro
La pareja de al lado
Thriller doméstico
de Shari Lapena
4 de 5 estrellas
Y en esta familia, control era justamente lo que todos creían tener hasta que desapareció una bebé.
ISBN 846634280X
Hay decisiones que uno sabe que son una mala idea mientras las está tomando, pero igual se convence de que no va a pasar nada porque está cerca, porque será solo un rato, porque tiene el monitor, porque va a revisar cada media hora y porque, al fin y al cabo, ¿qué probabilidades hay de que justamente esa noche ocurra una tragedia? Anne y Marco Conti se agarran de todas esas razones cuando la niñera cancela y ellos ya tienen una cena en casa de Cynthia y Graham, los vecinos. Cynthia, además, había dejado bastante claro que prefería que la bebé no fuera. Así que Cora, de seis meses, se queda dormida en su casa mientras sus padres cenan literalmente al lado.
Hasta ahí uno puede entender la cadena de decisiones. Entenderla no significa dejar de pensar que la idea era una soberana pendejada. Ellos entran a verla por turnos, llevan el monitor y se tranquilizan repitiéndose que están a unos cuantos metros. El problema llega cuando vuelven definitivamente a casa, encuentran la puerta abierta y la cuna vacía. Y Shari Lapena hace algo muy inteligente desde ese momento: no necesita fabricar la culpa de los padres porque ya venía incluida en la premisa. Antes de que la policía haga la primera pregunta, Anne y Marco ya están repasando cada minuto de la noche y nosotros ya estamos pensando lo mismo que probablemente pensaría medio barrio: ¿a ustedes quién carajos les dijo que dejar una bebé sola era buena idea?
Pero si la novela se limitara a castigar esa decisión, duraría cincuenta páginas. Lo que empieza a aparecer después es bastante peor. Marco tiene problemas económicos que Anne no conoce. Anne no está bien y lleva tiempo tratando de sostener una maternidad que no se parece en nada a esa versión bonita en la que una mujer tiene un hijo y automáticamente sabe qué hacer, qué sentir y cómo convertirse en la criatura más plena del universo. Cynthia mira demasiado. Graham sabe más de su propia casa de lo que parece. Richard, el padrastro rico de Anne, detesta a Marco. Y el detective Rasbach empieza a hacer lo que mejor le conviene a este tipo de historias: preguntar hasta que las respuestas dejan de coincidir. Para cuando uno se da cuenta, ya no está buscando solamente a Cora. Está haciendo inventario de las mentiras de todos los adultos que la rodean.
Anne ya se sentía una mala madre antes de que desapareciera Cora
Anne es el personaje que más gana cuando uno deja de mirar el libro únicamente como un rompecabezas. Su depresión posparto, su ansiedad y sus episodios disociativos no están ahí solamente para volverla sospechosa; también explican por qué la desaparición de Cora le cae encima con una violencia particular. Ella no necesita que nadie le diga que falló. Ya venía sintiendo que no estaba viviendo la maternidad como se suponía que debía vivirla, y ahora tiene la peor prueba posible para acusarse a sí misma: dejó a su hija sola y su hija desapareció.
Ahí hay una crueldad que me parece más interesante que varios de los giros posteriores. Mientras Anne se destruye pensando en lo que pudo haber hecho distinto, el hombre que duerme a su lado sabe una parte de la verdad que ella no conoce. Marco la ve quebrarse, la acompaña en la búsqueda, responde preguntas, soporta la sospecha de la policía y se presenta como otro padre desesperado. Solo que él sabe perfectamente por qué Cora salió de esa casa. No sabe cómo terminó todo ni dónde está la niña después de que el plan se le salió de las manos, pero sabe algo que Anne daría cualquier cosa por saber: la desaparición no fue un accidente ni un secuestro cometido por un extraño que entró al azar.
Eso cambia la forma de mirar a Marco. No porque lo convierta en un villano de caricatura, sino porque su desesperación es real y al mismo tiempo es responsable de haber creado la situación que ahora lo aterroriza. Puede amar a su hija y haber tomado una decisión monstruosamente irresponsable. Puede estar muerto del miedo y seguir mintiéndole a Anne. Puede querer recuperar a Cora y, aun así, haberla entregado. Esa contradicción es bastante más interesante que decidir si es bueno o malo y seguir derecho.

Marco no estaba buscando al secuestrador con la misma información que los demás
La empresa de Marco está mal, necesita dinero y Richard se niega a prestárselo. En ese momento aparece Bruce Neeland con una propuesta que solo puede parecer razonable cuando la desesperación ya le ganó varias peleas al sentido común: simular el secuestro de Cora, exigir un rescate a la familia adinerada de Anne y devolver a la bebé cuando reciban el dinero. Marco acepta porque cree que está participando en una estafa controlada. La niña no va a sufrir, nadie va a hacerle daño y al final todos volverán a casa con excepción, claro, de unos cuantos millones que cambiarán de bolsillo.
Uno puede entender que Marco esté desesperado por salvar su negocio. Lo que cuesta bastante más entender es el salto mental que lo lleva de 'mi suegro no me presta plata' a 'voy a entregar a mi hija de seis meses a un tipo para fingir un secuestro'. Entre una cosa y la otra había, no sé, bancos, vender algo, quebrarse dignamente, llorar en posición fetal, cualquier opción que no incluyera usar a Cora como garantía de una estafa familiar. Pero Marco cruza esa línea y, desde ese momento, queda atrapado en su propia genialidad.
Bruce lo traiciona. El rescate no produce el regreso de Cora y Marco deja de ser el hombre que participaba en un plan para convertirse en un padre que de verdad no sabe dónde está su hija. Ahí Lapena consigue una situación bastante buena: Marco tiene que fingir frente a todos que está descubriendo un secuestro que él mismo puso en marcha, mientras al mismo tiempo empieza a vivir el mismo miedo que fingía. No puede contar la verdad sin incriminarse, pero callarse puede costarle la vida de Cora. Se metió solito en un hueco y después descubre que ni siquiera conoce la profundidad.
Aviso de spoilers
Desde acá voy a contar quién estaba realmente detrás del secuestro de Cora, qué relación tenía Richard con Bruce, qué sabía Cynthia, cómo regresa la bebé y qué pasa en las últimas páginas. Si todavía no has leído La pareja de al lado, este es el momento de salir. Ya bastante mala idea fue dejar sola a Cora; no voy a dejarte también el final tirado en la puerta.
Marco creyó que estaba engañando a Richard y Richard ya lo había usado primero
Cuando Bruce aparece muerto, la historia podría haber tomado el camino sencillo: Marco eligió mal a su cómplice, el cómplice quiso quedarse con el dinero y todo terminó peor de lo planeado. Pero Anne reconoce a Bruce como un viejo conocido de Richard y ahí la estafa cambia de dueño. El hombre que Marco creía haber encontrado en el momento exacto de su desesperación no había llegado por casualidad. Richard había preparado el terreno para que Marco creyera que el falso secuestro era idea suya.
Y esta vuelta me gusta más que la revelación de que Marco participó, porque tiene una ironía bastante hijueputa: Marco estaba convencido de que iba a sacarle millones al suegro que lo despreciaba y resulta que el suegro llevaba ventaja desde antes de empezar. Richard conoce los problemas económicos de Marco, sabe exactamente qué clase de carnada ponerle y utiliza su desesperación para montar una operación de la que piensa salir con dinero suficiente para liberarse de su matrimonio con Alice. El yerno cree que está manipulando a la familia rica y termina siendo la pieza más fácil de manipular.
La razón termina de aparecer con Cynthia. Richard mantiene una relación con ella y, debido al acuerdo prenupcial con Alice, divorciarse no le permitiría marcharse tranquilamente con una fortuna bajo el brazo. El secuestro le ofrece otra salida: convertir el dinero de su propia esposa en un rescate imposible de rastrear. Ahí ya no estamos frente a un abuelo intentando separar a su hija del yerno que considera indigno. Estamos frente a un hombre dispuesto a utilizar a su nieta, a Marco y el terror de toda la familia para robarle a la mujer con la que está casado.
Y mirá la belleza de esa familia: Marco entrega a su hija para robarle al padrastro de Anne; el padrastro había preparado el plan para robarle a la madre de Anne; y Anne, que no sabía nada, pasa buena parte de la novela creyendo que el desastre empezó porque ella se fue a cenar. Si alguien necesitaba una demostración de que la culpa casi nunca se reparte de manera justa, acá tiene una bastante completa.
Cynthia no organizó el secuestro, pero tampoco estaba exactamente mirando para otro lado
Cynthia es uno de esos personajes que hacen ruido desde que aparecen. Es la vecina que no quiere a la bebé en la cena, coquetea con Marco, vive al lado y tiene cámaras que terminan registrando algo que nadie más vio: Marco sacando a Cora de la casa. Cuando descubre lo que tiene grabado, no corre a la policía con la preocupación cívica de una ciudadana ejemplar. Decide chantajearlo.
Eso importa porque Cynthia no necesita haber participado en el secuestro para quedar moralmente metida en el barro. Ella tiene una prueba relacionada con la desaparición de una bebé y la convierte en una oportunidad de negocio. Después descubrimos, además, que es la amante de Richard. Pero una cosa hay que dejarla clara: que tenga una relación con él no significa que conociera el plan del secuestro. De hecho, el final deja precisamente esa diferencia sobre la mesa de una manera bastante brutal.
También me gusta lo que Cynthia provoca entre Anne y Marco. Anne sospecha durante buena parte de la historia que puede existir algo entre su marido y la vecina, y esa sospecha parece importante hasta que aparece una traición mucho más grande. Qué importa ya si Marco coqueteó, miró o hizo lo que fuera con Cynthia cuando Anne descubre que el hombre con el que tuvo una hija fue capaz de sacarla de su cuna y entregársela a otro hombre. Hay infidelidades que rompen un matrimonio. Después está eso.

Cora vuelve, pero devolver la bebé no devuelve a nadie al punto de partida
Cora finalmente regresa viva. Richard queda expuesto, Rasbach consigue armar el caso y Marco acepta colaborar. En cualquier thriller más obediente, ahí podrían empezar los agradecimientos: la bebé volvió, el responsable principal cayó y la investigación consiguió suficientes respuestas para cerrar el círculo. Pero a mí me parece que lo mejor del final es precisamente que Lapena no pretende que recuperar a Cora borre lo ocurrido.
Anne recupera a su hija, sí. También descubre que su marido la entregó, que su padrastro utilizó el secuestro para robarle a su madre y marcharse con su amante, y que Cynthia tenía una grabación capaz de destruir lo poco que quedaba en pie. Cora vuelve a la cuna, pero Anne no puede volver a ser la mujer que era antes de encontrarla vacía. Marco tampoco puede simplemente explicar que todo salió mal y esperar que el matrimonio regrese a su sitio. Hay decisiones que no se deshacen porque el resultado final haya sido menos terrible de lo que pudo ser.
Eso es importante porque durante buena parte del libro Anne vive bajo la idea de que ella es el problema: la depresión, los episodios que no recuerda, la culpa, la inseguridad como madre. Al final descubre que alrededor suyo había gente perfectamente consciente de lo que hacía tomando decisiones bastante peores. Su fragilidad era visible; la de ellos venía vestida de control, negocios, seguridad y planes supuestamente inteligentes.
Y entonces Anne cruza la puerta de al lado
La última visita de Anne a Cynthia cambia el sabor del cierre. Anne quiere saber hasta dónde llegaba la participación de la vecina y Cynthia responde con una crueldad que, dadas las circunstancias, tampoco parece una apuesta brillante: asegura que, si hubiera estado metida en el secuestro, Cora no habría sobrevivido. Después de todo lo que Anne acaba de vivir, esa frase cae en el peor lugar posible.
Anne entra en uno de sus episodios disociativos. Cuando vuelve en sí, Cynthia está muerta y ella tiene un cuchillo ensangrentado. No recuerda haberla matado. Y ahí la novela regresa a algo que llevaba sembrando desde antes: Anne puede desconocer partes de lo que hace. Solo que ahora esa condición deja de funcionar como una razón para sospechar de ella en la desaparición de Cora y se convierte en la última pregunta del libro.
Ese final me interesa mucho más si no lo reducimos a 'otro giro'. Sí, Lapena mete una revelación adicional cuando ya parecía que todo estaba resuelto, y sí, tiene una afición bastante seria por no dejar descansar la trama. Pero la muerte de Cynthia también impide un cierre limpio. Cora está de vuelta y el secuestro se resolvió, pero Anne no salió intacta. El libro empezó preguntando qué le había ocurrido a la bebé y termina dejando otra pregunta bastante más jodida sobre la mesa: qué va a pasar ahora con una mujer que recuperó a su hija y, en el proceso, perdió casi todas las certezas que tenía sobre su marido, su familia y ella misma.
Shari Lapena tiene un pequeño problema con saber cuándo ya fue suficiente
La mayor virtud de La pareja de al lado también es el punto en que más fácil se le ven las costuras. La novela corre porque siempre tiene una información nueva lista para cambiar lo que acabamos de entender. Primero sospechamos de los padres. Después Marco está implicado. Después Bruce lo traicionó. Después Bruce aparece muerto. Después Richard estaba detrás. Después Richard y Cynthia. Después Cora vuelve. Después Anne y Cynthia. Si uno entra buscando velocidad, difícilmente puede quejarse de que Lapena entregue exactamente eso.
El problema aparece cuando tantos giros empiezan a competir entre ellos. No todas las revelaciones pesan lo mismo y algunos personajes terminan existiendo más como piezas necesarias para la siguiente vuelta que como personas tan desarrolladas como podrían haber sido. Richard, por ejemplo, carga con una cantidad considerable de funciones dentro del desastre: suegro que desprecia a Marco, hombre atrapado por un acuerdo prenupcial, amante de Cynthia, cerebro detrás del secuestro, manipulador de Bruce y responsable de convertir la desesperación económica de Marco en la puerta de entrada al plan. Al hombre solamente le faltaba haber llamado personalmente a cancelar la niñera.
Pero acá viene la contradicción: si le quitamos parte de ese exceso, probablemente también le quitamos parte de la gracia. Este no es un thriller que dependa de un único giro perfecto que reorganiza toda la novela. Depende de la sensación de que cada respuesta viene con otra pregunta pegada. Lapena no está tratando de hacer con el matrimonio lo que Gillian Flynn hace en Perdida ni con la memoria lo que Paula Hawkins hace en La chica del tren. Su juego es más directo: mantener el desastre en movimiento. Y cuando uno lo lee desde ahí, funciona bastante mejor.
La pareja de al lado no necesita parecer más profunda de lo que es
Hay material para hablar de maternidad, culpa, depresión posparto, dinero, clase social, matrimonio y esa costumbre tan humana de creer que conocemos a la persona que duerme al lado. Todo eso está en la novela y le da más cuerpo al secuestro. Pero sería forzarla convertirla en un tratado psicológico sobre la familia contemporánea. El motor sigue siendo la trama. Lapena quiere que uno pase de sospechoso en sospechoso, descubra una mentira, crea que ya entendió y vuelva a equivocarse veinte páginas después.
Y no veo nada malo en eso. No todos los thrillers tienen que dejar a uno contemplando el sentido de la existencia mientras mira por la ventana. Algunos hacen otra cosa: te sientan con una bebé desaparecida, un marido que sabe demasiado, una madre que duda de sí misma, una vecina con cámaras, un padrastro con plata y un detective que va quitando capas hasta que la familia entera parece necesitar abogado. Si además conseguís cerrar el libro más tarde de lo que pensabas porque querías saber quién estaba detrás, el trabajo básico está hecho.
Lo que sí le reclamaría a Lapena es que a veces corre tanto hacia la siguiente revelación que no se queda el tiempo suficiente con las consecuencias de la anterior. El caso más claro es Anne. Ahí había material para una novela todavía más fuerte: una mujer culpándose por haber dejado sola a su hija mientras su esposo conoce la verdad, y luego descubriendo que casi todos los hombres que parecían tener más control que ella estaban tomando decisiones mucho más destructivas. Cuando la historia se detiene ahí, gana. Cuando sale corriendo a enseñarnos otra carta escondida, entretiene, pero pierde un poco de peso.
Mi calificación: 4/5 - ★★★★☆
La pareja de al lado no me parece tan sólida como Perdida ni tan interesante en el trabajo con la memoria como La chica del tren, pero como thriller doméstico sabe exactamente cómo mantener la curiosidad viva. Tiene giros de más, personajes que podrían estar mejor desarrollados y alguna vuelta que llega cuando la anterior todavía estaba buscando silla. También tiene una premisa excelente, un conflicto que escala rápido y suficientes secretos familiares para que uno deje de mirar únicamente la cuna y empiece a desconfiar de cada adulto que entra en escena.
Y al final, lo que más me queda no es que Anne y Marco hayan cometido la irresponsabilidad de dejar a Cora sola para ir a cenar al lado. Eso fue apenas la puerta de entrada. Lo verdaderamente jodido es descubrir que Anne pasó buena parte de la historia creyéndose la persona más rota de esa familia mientras a su alrededor había gente perfectamente funcional organizando secuestros, chantajes, robos y traiciones con una tranquilidad admirable.
A veces el problema no es la persona que claramente está hecha mierda. A veces son los que parecen tener todo bajo control.
Y en esta familia, control era justamente lo que todos creían tener hasta que desapareció una bebé.
Preguntas frecuentes
¿Esta reseña de La pareja de al lado tiene spoilers?
Sí. A partir del aviso cuento quién estaba realmente detrás del secuestro de Cora, qué relación tenía Richard con Bruce, qué sabía Cynthia, cómo regresa la bebé y qué pasa en las últimas páginas. Si todavía no has leído La pareja de al lado, este es el momento de salir.
¿Qué puntuación le doy a La pareja de al lado?
Le doy 4 de 5. Como thriller doméstico sabe exactamente cómo mantener la curiosidad viva: tiene una premisa excelente, un conflicto que escala rápido y suficientes secretos familiares para que uno desconfíe de cada adulto que entra en escena.
¿De qué trata La pareja de al lado?
Anne y Marco pensaron que podían cenar en la casa de al lado, vigilar a Cora con el monitor y entrar a verla cada media hora. Cuando regresaron, la cuna estaba vacía. Lo peor es que la desaparición de la bebé apenas destapó lo que esa familia llevaba escondiendo.
¿La pareja de al lado es lo mismo que la serie The Couple Next Door?
No. La pareja de al lado es la novela de Shari Lapena, y esta reseña es del libro. La serie de televisión The Couple Next Door no es una adaptación de esa novela.
¿Cómo se compara La pareja de al lado con Perdida y La chica del tren?
No me parece tan sólida como Perdida ni tan interesante en el trabajo con la memoria como La chica del tren, pero como thriller doméstico mantiene la curiosidad viva. Lapena no intenta hacer lo mismo que ellas: su juego es más directo, mantener el desastre en movimiento.
¿La pareja de al lado tiene demasiados giros?
Sí, tiene giros de más, personajes que podrían estar mejor desarrollados y alguna vuelta que llega cuando la anterior todavía estaba buscando silla. Pero si le quitamos parte de ese exceso, probablemente también le quitamos parte de la gracia.
¿Es una novela profunda sobre la maternidad y la familia?
Hay material para hablar de maternidad, culpa, depresión posparto, dinero, clase social y matrimonio, y le da más cuerpo al secuestro. Pero el motor sigue siendo la trama, y no veo nada malo en eso: no todos los thrillers tienen que dejar a uno contemplando el sentido de la existencia.
El libro
La pareja de al lado
de Shari Lapena
Conseguir el libroMis libros
Libros de Yenny Astrid Londoño
Sobre la autora
Yenny Astrid Londoño
Yenny Astrid Londoño es autora colombiana y fundadora de Anchetas Medellín. Sus libros combinan sarcasmo, ironía y humor inteligente para contar la vida cotidiana sin maquillarla.
La lista
Desde detrás de las páginas
Novedades reales, textos exclusivos y acceso anticipado a los próximos lanzamientos.
Un correo cuando haya algo que valga la pena contar. Ni uno más.
Seguí leyendo
Otras reseñas

Paula Hawkins
La chica del tren
La chica del tren, de Paula Hawkins: reseña — Rachel olvidaba demasiado y Tom tenía muy buena memoria para inventarle el resto
Rachel bebe, pierde horas enteras y ya no sabe cuánto de lo que recuerda ocurrió de verdad. Con semejante currículum, lo fácil era no creerle. Y eso le convenía muchísimo a alguien.
8 de octubre de 2026

Gillian Flynn
Perdida
Perdida, de Gillian Flynn: Amy desapareció, pero ese matrimonio llevaba años perdido
Nick y Amy parecían saber perfectamente con quién se habían casado. El problema es que ambos se habían enamorado de una versión cuidadosamente editada del otro. Cuando la edición dejó de funcionar, empezó la guerra.
8 de octubre de 2026

A. J. Finn
La mujer en la ventana
La mujer en la ventana: Anna estaba equivocada en muchas cosas, menos en la única que nadie quiso creerle
Anna bebe, mezcla vino con medicamentos, espía a los vecinos y habla con personas que no están ahí. Después dice que vio un asesinato. Digamos que no llegó a la policía con el currículum ideal de una testigo confiable.
7 de octubre de 2026






