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Yenny Astrid Londoño.

Reseña

El cirujano: Catherine sobrevivió y todavía le toca demostrar que tiene derecho a vivir tranquila

Hay un asesino en Boston y una mujer a la que el pasado vuelve a perseguir. La habilidad de ella no sirve para convencerlo de que la deje en paz.

Por Yenny Astrid Londoño · 8 de octubre de 2026 · 8 min de lectura

Yenny Astrid Londoño con un uniforme médico azul y un estetoscopio, sentada junto a El cirujano, de Tess Gerritsen, entre libros, fotografías y un cuaderno, con el título de la reseña superpuesto en la imagen.

El libro

El cirujano

Thriller criminal y médico

de Tess Gerritsen

4.5 de 5 estrellas

No tendría que venir acompañado de la obligación de parecer invulnerable.

ISBN 9500425203

Hay una costumbre bastante cómoda de admirar a una mujer porque sobrevivió y después impacientarse cuando todavía tiene miedo. Ya pasó, ya saliste, sos fuerte. Como si la fortaleza viniera con la obligación de no volver a molestar a nadie con el asunto.

Catherine Cordell es una médica que sobrevivió a un ataque y mató a su agresor. Tiempo después, en Boston, aparecen crímenes que reproducen detalles de aquella violencia. Los detectives Jane Rizzoli y Thomas Moore investigan mientras el pasado deja de ser para Catherine algo que pueda mantener a distancia.

La amenaza tiene una precisión que le gana al consuelo. No basta con decirle que aquello terminó. Alguien está utilizando lo que sufrió para acercarse otra vez.

Catherine puede trabajar bien y tener miedo al mismo tiempo

La profesión de Catherine impide reducirla fácilmente a una víctima inmóvil. Tiene conocimientos, responsabilidades y una capacidad concreta para intervenir cuando otra persona necesita ayuda.

A mí me interesa que esa competencia exista junto al miedo. No hace falta escoger una de las dos para que resulte creíble. Una mujer puede hacer un trabajo exigente y llegar a casa revisando una puerta más de una vez.

La vida después de una agresión no se vuelve una exhibición permanente de recuperación. También necesita rutinas, silencios y días en los que la persona no tenga que explicar por qué algo la inquieta.

Gerritsen coloca el oficio de Catherine cerca de la amenaza. La precisión médica, que en su trabajo sirve para cuidar, aparece deformada en los procedimientos del asesino. Eso añade una incomodidad que va más allá del simple conocimiento técnico.

El mismo vocabulario puede pertenecer a dos intenciones completamente distintas. Saber cómo funciona un cuerpo no dice todavía qué estás dispuesto a hacer con él. Por eso la habilidad del criminal no debería confundirse con una grandeza que merezca admiración.

Yenny Astrid Londoño con una bata blanca y guantes negros, mirando una fotografía en una mesa de laboratorio, con un texto superpuesto en la imagen.

El apodo le da prestigio a una crueldad que no lo necesita

La prensa llama al asesino el Cirujano por la precisión de sus crímenes. Es un nombre eficaz para una novela y bastante revelador sobre la manera en que convertimos ciertas violencias en personajes.

Un apodo concentra la atención. Le da unidad al caso y permite hablar del responsable como si estuviera presentando una firma. Las víctimas, mientras tanto, pueden empezar a quedar detrás de esa identidad tan fácil de recordar.

No digo que un thriller deba renunciar a construir una amenaza reconocible. Me interesa que no perdamos de vista quién paga por esa construcción. La precisión del daño no vuelve menos brutal al daño.

Además, la asociación con la medicina tiene una perversidad particular. El cuidado requiere acceso al cuerpo y confianza en quien lo toca. Este asesino utiliza una habilidad relacionada con ese acceso para imponer lo contrario.

Lo inquietante no está solamente en la herida que puede producir. Está en que entiende dónde una persona espera protección y sabe convertir ese lugar en vulnerabilidad. Catherine tiene motivos concretos para reconocer la amenaza. No es la señora que está imaginando demasiado.

Rizzoli también está trabajando contra lo que esperan de una mujer

Jane Rizzoli entra en la investigación desde un entorno policial donde debe pelear por el reconocimiento de su capacidad. Su relación con el caso no se agota en seguir las decisiones de Moore.

Me interesa esa presencia porque el thriller puede colocar a dos mujeres frente a formas distintas de desconfianza. Catherine necesita que crean lo que teme. Rizzoli necesita que tomen en serio lo que sabe hacer.

No son problemas idénticos y no conviene simplificarlos. Pero la novela permite observar cuánto trabajo adicional aparece cuando una mujer debe demostrar, además de la tarea concreta, que tiene derecho a ocupar ese lugar.

Rizzoli puede ser áspera, equivocarse y tener conflictos. No necesito convertirla en una figura impecable para entender por qué resulta agotador que cada defecto parezca representar a todas las mujeres que podrían entrar después.

Un hombre difícil suele ser un hombre difícil. Una mujer difícil puede convertirse rápidamente en una discusión sobre si las mujeres sirven para ese trabajo. Qué capacidad tan admirable para ampliar el problema cuando conviene.

Yenny Astrid Londoño con un vestido negro de lentejuelas, sentada junto a una rosa roja y una mesa con instrumental quirúrgico, con un texto superpuesto en la imagen.

El regreso de la amenaza no cancela lo que Catherine ya hizo

Hay algo cruel en tener que volver a enfrentar un peligro relacionado con aquello de lo que ya escapaste. La supervivencia puede sentirse puesta en duda, como si el final anterior hubiera sido apenas un aplazamiento.

Pero Catherine no vuelve al punto de partida. Lo vivido sigue existiendo, con sus consecuencias y también con su capacidad de actuar. La amenaza nueva no borra a la mujer que logró salir de la anterior.

A mí me importa esa diferencia porque las historias de persecución a veces parecen castigar cualquier intento de reconstruir una vida. La víctima consigue un espacio y el relato lo destruye para demostrar que el asesino siempre puede llegar.

El suspense necesita peligro; el personaje necesita algo más que perder cada refugio. Cuando la novela conserva su oficio, sus decisiones y sus relaciones, Catherine tiene una vida que el criminal amenaza, en lugar de existir únicamente para recibir esa amenaza.

También cuesta aceptar el deseo de protección sin confundirlo con incapacidad. Pedir ayuda es una acción. La autonomía no consiste en tener que sobrevivir sola para merecer respeto. Ya bastante trabajo tiene uno tratando de seguir vivo.

La cercanía de Moore no debería reemplazar la vida de Catherine

La relación entre Moore y Catherine introduce afecto en una historia atravesada por la violencia. Esa cercanía puede ofrecer descanso, pero también necesita una medida cuidadosa.

Una mujer perseguida no requiere una relación amorosa para que su recuperación tenga sentido. El afecto puede acompañar; no debería convertirse en la certificación de que por fin está bien.

Me interesa cuando la proximidad permite reconocer a Catherine fuera del expediente. Menos cuando el consuelo corre el riesgo de organizarla alrededor del hombre que la protege. Son lecturas que conviene mantener abiertas mientras avanzamos.

La investigación y la intimidad tienen necesidades distintas. Un detective necesita hechos. Una persona que sufrió necesita que no todas las conversaciones le pidan pruebas. Poner ambas cosas cerca puede producir escenas complejas, siempre que el libro no las resuelva con una promesa sentimental demasiado sencilla.

El miedo no se deja convencer únicamente porque alguien te quiera. Ojalá. Sería un servicio precioso y probablemente ya lo estarían cobrando por suscripción.

Yenny Astrid Londoño con una chaqueta negra frente a una mesa de laboratorio con instrumental quirúrgico, con un texto superpuesto en la imagen.

Lo que no me gustó de El cirujano

Con la relación entre Moore y Catherine tengo una reserva: una mujer perseguida no requiere una relación amorosa para que su recuperación tenga sentido. El afecto puede acompañar; no debería convertirse en la certificación de que por fin está bien.

Me interesa cuando la proximidad permite reconocer a Catherine fuera del expediente. Menos cuando el consuelo corre el riesgo de organizarla alrededor del hombre que la protege, o cuando el libro resuelve esas escenas con una promesa sentimental demasiado sencilla.

Y no lo recomendaría como si solo ofreciera una investigación ingeniosa con el dolor convenientemente apartado: trabaja con agresión sexual, cuerpos dañados y miedo muy físico, y eso define la experiencia de lectura.

La violencia del libro exige algo más que curiosidad

El cirujano trabaja con agresión sexual, cuerpos dañados y miedo muy físico. Eso define la experiencia de lectura. No lo recomendaría como si solo ofreciera una investigación ingeniosa con el dolor convenientemente apartado.

Su propuesta tiene fuerza por la relación entre la precisión clínica, la amenaza doméstica y las mujeres que deben conservar una vida mientras otros pretenden decidir sobre sus cuerpos. Mi interés está en esa relación, tanto como en la identidad del criminal.

Acá no revelo al asesino ni el enfrentamiento final. Prefiero quedarme con una pregunta que el punto de partida ya vuelve urgente: cuánto le exigimos a una superviviente para aceptar que su miedo todavía merece atención.

Catherine puede salvar a una persona en un hospital y necesitar que alguien la cuide al salir. Puede haber sido valiente y estar aterrada. Puede haber ganado una pelea sin quedar obligada a pelear todas las demás sola.

Sobrevivir ya fue suficiente trabajo.

No tendría que venir acompañado de la obligación de parecer invulnerable.

Si te gustó este libro, sigue por aquí

Si te quedaste con ganas de más, estas dos reseñas van por el mismo lado.

Si te gustó El cirujano, pasa por mi reseña de El cuarto mono: Sam Porter tiene una víctima que encontrar y un relato que no debería recibir como si fuera una confesión desinteresada.

Si te gustó El cirujano, pasa por mi reseña de La novia gitana: Dos hermanas, una forma espantosa de morir y una inspectora para la que cerrar el caso no significa poder irse tranquila a casa.

Preguntas que me hacen siempre

¿Es el primer libro de Rizzoli e Isles?

Es la primera novela de la serie que se conoce con ese nombre. Aquí la investigación la llevan Jane Rizzoli y Thomas Moore; no conviene esperar que la pareja televisiva aparezca ya formada.

¿Hay violencia sexual y escenas gráficas?

Sí. Son elementos importantes de la historia y de la amenaza contra Catherine.

¿Hace falta conocer la serie de televisión?

No. La novela se puede leer desde el principio y conviene distinguirla de su adaptación.

¿De qué trata El cirujano?

Catherine Cordell es una médica que sobrevivió a un ataque y mató a su agresor. Tiempo después, en Boston, aparecen crímenes que reproducen detalles de aquella violencia. Los detectives Jane Rizzoli y Thomas Moore investigan mientras el pasado deja de ser para Catherine algo que pueda mantener a distancia.

¿Qué fue lo que no me gustó de El cirujano?

Que la relación con Moore corre el riesgo de convertirse en la certificación de que Catherine por fin está bien, y que la violencia del libro es muy física y define la experiencia de lectura.

El libro

El cirujano

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Sobre la autora

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Yenny Astrid Londoño es autora colombiana y fundadora de Anchetas Medellín. Sus libros combinan sarcasmo, ironía y humor inteligente para contar la vida cotidiana sin maquillarla.

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