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Yenny Astrid Londoño.

Reseña

El cuarto mono: el asesino dejó un diario y todavía quiere dirigir la conversación

Sam Porter tiene una víctima que encontrar y un relato que no debería recibir como si fuera una confesión desinteresada.

Por Yenny Astrid Londoño · 8 de octubre de 2026 · 8 min de lectura

Yenny Astrid Londoño con una chaqueta de cuero y una taza, sentada junto a El cuarto mono, de J. D. Barker, entre fotografías y estatuillas de tres monos, con el título de la reseña superpuesto en la imagen.

El libro

El cuarto mono

Thriller criminal y suspense

de J. D. Barker

4.5 de 5 estrellas

El diario puede tener muchas páginas. La víctima no tiene por qué disponer de tanto tiempo.

ISBN 8423355659

Un asesino que deja un diario tiene una ventaja bastante irritante: además de hacer daño, pretende escoger cómo vamos a entenderlo. Uno ya está ocupado con los cuerpos y todavía recibe un encargo de lectura. Qué consideración.

El cuarto mono comienza con un hombre atropellado que lleva una caja vinculada a un asesino en serie. Sam Porter y su equipo, en Chicago, deben averiguar dónde está la última víctima. La posible muerte del responsable no resuelve el problema de alguien que sigue encerrado.

Ese arranque tiene fuerza porque le quita al lector una comodidad habitual. Encontrar al asesino no equivale a salvar a la persona. Y en medio de la urgencia aparece un relato que exige atención precisamente cuando el tiempo hace falta en otra parte.

El cadáver no terminó el caso

En muchos relatos policiales, la identificación del culpable parece contener el cierre. Ya sabemos quién, ya podemos ordenar lo ocurrido. Barker utiliza la premisa para separar conocimiento y solución.

Porter necesita una ubicación concreta. Saber a qué clase de hombre pertenece una caja no abre la puerta donde alguien está esperando. La investigación tiene que producir una acción, y esa obligación hace que cada explicación compita con el tiempo disponible.

Me gusta la crueldad narrativa de esa diferencia. Un caso puede estar lleno de información y todavía no ofrecer lo indispensable. El expediente crece mientras la víctima necesita algo mucho más sencillo: salir.

La urgencia obliga a leer los objetos y las palabras con un interés práctico. No son recuerdos para exhibir después frente a una cámara. Pueden indicar un lugar o una relación que permita moverse.

Y eso establece una buena tensión con el diario. Quien lo dejó puede estar proporcionando respuestas, pero también administrando el recorrido. La policía necesita aprovecharlo sin concederle toda la autoridad que parece reclamar.

Yenny Astrid Londoño con una chaqueta de cuero, junto a El cuarto mono, de J. D. Barker, estatuillas de tres monos y un cuaderno, con un texto superpuesto en la imagen.

Las cajas convierten el dolor en un mensaje

El patrón del Cuarto Mono incluye el envío de una oreja, los ojos y la lengua a las familias de sus víctimas. La referencia a no oír, no ver y no hablar se acompaña de una pretensión moral vinculada al cuarto mono.

Lo que me inquieta de ese mecanismo no es únicamente la mutilación. Es el deseo de hacer que otras personas reciban y entiendan un mensaje a través del cuerpo de alguien que quieren.

El asesino obliga a la familia a participar de su representación. No le basta con el daño físico; necesita la espera, la apertura de una caja y el significado que él ha decidido imponer.

Hay criminales de ficción construidos para fascinarnos con la precisión de su método. Acá conviene recordar el costo de esa fascinación. Cada símbolo viene de una persona que no pidió convertirse en parte de una idea.

La coherencia del ritual puede hacer que una trama resulte memorable. No vuelve profundo al responsable por sí sola. Tener un sistema también puede significar que alguien organizó mejor su capacidad de ser un hijueputa.

El diario merece atención y también desconfianza

Los pasajes del diario abren una historia de infancia marcada por la violencia. Esa alternancia permite que el pasado compita con la investigación presente y modifica lo que esperamos entender del criminal.

Pero contar un origen no es lo mismo que entregar una explicación neutral. Una persona elige por dónde empieza, qué recuerda y qué pide que interpretemos como causa. Incluso una confesión puede estar trabajando en su propia reputación.

Me interesa leer el diario con esa cautela. El horror del pasado puede ser verdadero dentro del relato y, aun así, estar dispuesto para producir un efecto en quien lo recibe.

Eso importa porque la infancia suele funcionar como una llave demasiado poderosa en las historias de asesinos. Alguien nos cuenta lo que le hicieron y de pronto cada atrocidad posterior parece parte de una cadena inevitable. La cadena puede ayudar a comprender; la inevitabilidad ya necesita más examen.

Un niño maltratado merece protección. El adulto que hace daño merece que lo investiguen. No hay obligación de cancelar una de esas frases para sostener la otra.

El diario puede ampliar al personaje sin convertir a las víctimas actuales en notas al pie de su sufrimiento original. Ese equilibrio es el que me interesa vigilar.

Yenny Astrid Londoño con una blusa negra, junto a El cuarto mono, de J. D. Barker, estatuillas de tres monos y un cuaderno, con una ventana con lluvia al fondo y un texto superpuesto en la imagen.

Porter trabaja con gente y eso importa más que la pose del detective

Porter no es solo una mirada individual siguiendo a un monstruo. La investigación incluye un equipo, procedimientos y conversaciones que ponen distintos datos en relación.

Me gusta que el trabajo policial tenga espacio porque el asesino espectacular suele terminar apropiándose de toda la inteligencia del libro. Él prevé, él diseña, él entiende. Los demás corren tratando de recuperar la información que el señor se digna entregar.

Cuando el equipo tiene peso, la investigación conserva otra clase de capacidad: comparar, discutir, reconocer un error y avanzar sin necesitar una revelación teatral en cada página.

La atención al detective también plantea una pregunta sobre el uso de sus dificultades personales. Pueden darle una vida que continúe más allá del caso o convertirse en la colección habitual de heridas para que parezca profundo.

Mi interés está en que su condición se relacione con lo que mira y con lo que le cuesta hacer. El dolor no funciona mejor porque sea abundante. Funciona cuando modifica una acción, una relación o un silencio que después reconocemos.

La violencia puede sostener la tensión y también desgastarla

El cuarto mono pide tolerancia frente a material gráfico. Conviene decirlo con claridad: el miedo viene acompañado de mutilación y crueldad; no estamos frente a un misterio de salón donde el cadáver se retira antes del té.

Eso puede aportar una urgencia real, pero también obliga al libro a administrar el impacto. Si todo necesita ser peor que lo anterior, el lector puede terminar midiendo la atrocidad en vez de sentir la amenaza.

A mí me interesa que la violencia preserve una relación con las personas. Que recordemos quién espera, quién perdió a alguien y quién todavía puede salir. Cuando el procedimiento del asesino ocupa toda la atención, el dolor empieza a parecer una demostración técnica.

Por eso la carrera por encontrar a la víctima es tan importante. Vuelve concreto lo que podría quedarse en fascinación por un método. Mientras alguien siga vivo, investigar conserva un propósito que no se agota en descifrar una mente.

El thriller funciona mejor cuando la pregunta de dónde está esa persona pesa tanto como la pregunta sobre quién dejó el diario.

Yenny Astrid Londoño con chaqueta de cuero, apoyando la cara en la mano, junto a El cuarto mono, de J. D. Barker, y estatuillas de tres monos, con un texto superpuesto en la imagen.

Lo que no me gustó de El cuarto mono

El cuarto mono pide tolerancia frente a material gráfico: el miedo viene acompañado de mutilación y crueldad. Eso puede aportar una urgencia real, pero también obliga al libro a administrar el impacto. Si todo necesita ser peor que lo anterior, el lector puede terminar midiendo la atrocidad en vez de sentir la amenaza.

Cuando el procedimiento del asesino ocupa toda la atención, el dolor empieza a parecer una demostración técnica. A mí me interesa que la violencia preserve una relación con las personas: que recordemos quién espera, quién perdió a alguien y quién todavía puede salir.

Y es el primer volumen de una trilogía: no hay que exigirle que cierre toda la historia, pero un primer libro tiene que sostener el interés presente y no limitarse a prometer que la grandeza llegará cuando compremos dos más.

El primer libro abre un recorrido más largo

Esta es la entrada de una trilogía que continúa con La quinta víctima y La sexta trampa. Vale la pena saberlo antes de exigirle a este volumen que cierre toda la historia como si no tuviera más camino.

Eso no lo dispensa de ofrecer una investigación que importe por sí misma. Un primer libro tiene que sostener el interés presente, no limitarse a prometer que la grandeza llegará cuando compremos dos más.

Acá conservo la resolución y los giros posteriores. Lo que la premisa ya permite discutir es la relación entre el crimen y el relato que el criminal deja: cuánta atención necesita recibir una historia para ayudar a encontrar a alguien, y en qué momento esa atención empieza a darle al asesino exactamente el público que quería.

El cuarto mono tiene un punto de partida perturbador, una investigación urgente y un pasado que exige desconfianza. Para quien disfruta el thriller oscuro y puede tolerar su violencia, esa combinación ofrece una entrada potente.

Yo, mientras tanto, prefiero no olvidar a quien sigue esperando.

El diario puede tener muchas páginas. La víctima no tiene por qué disponer de tanto tiempo.

Si te gustó este libro, sigue por aquí

Si te quedaste con ganas de más, estas dos reseñas van por el mismo lado.

Si te gustó El cuarto mono, pasa por mi reseña de El cirujano: Hay un asesino en Boston y una mujer a la que el pasado vuelve a perseguir. La habilidad de ella no sirve para convencerlo de que la deje en paz.

Si te gustó El cuarto mono, pasa por mi reseña de La novia gitana: Dos hermanas, una forma espantosa de morir y una inspectora para la que cerrar el caso no significa poder irse tranquila a casa.

Preguntas que me hacen siempre

¿Es una novela independiente?

Es el primer volumen de una trilogía. Continúa con La quinta víctima y La sexta trampa.

¿Tiene violencia explícita?

Sí. Incluye secuestro, mutilaciones, tortura y material perturbador relacionado con la infancia.

¿Esta reseña destripa la trilogía?

No. Se concentra en el primer libro y conserva la resolución y las revelaciones de los siguientes.

¿De qué trata El cuarto mono?

El cuarto mono comienza con un hombre atropellado que lleva una caja vinculada a un asesino en serie. Sam Porter y su equipo, en Chicago, deben averiguar dónde está la última víctima. La posible muerte del responsable no resuelve el problema de alguien que sigue encerrado.

¿Qué fue lo que no me gustó de El cuarto mono?

Que la violencia gráfica puede desgastarse: si todo tiene que ser peor que lo anterior, uno termina midiendo la atrocidad en vez de sentir la amenaza. Y que un primer libro de trilogía debe sostenerse solo.

El libro

El cuarto mono

de J. D. Barker

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Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Yenny Astrid Londoño es autora colombiana y fundadora de Anchetas Medellín. Sus libros combinan sarcasmo, ironía y humor inteligente para contar la vida cotidiana sin maquillarla.

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