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Yenny Astrid Londoño.

Reseña

Las doncellas: Mariana buscaba un asesino y todavía estaba defendiendo a su marido muerto

Cambridge pone los edificios, los griegos ponen la tragedia y Mariana pone una confianza que nadie se había ganado.

Por Yenny Astrid Londoño · 8 de octubre de 2026 · 7 min de lectura

Yenny Astrid Londoño apoyando la cara en la mano, con Las doncellas, de Alex Michaelides, sobre la mesa junto a una taza, libros y una vela, con el título de la reseña superpuesto en la imagen.

El libro

Las doncellas

Thriller psicológico

de Alex Michaelides

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3 de 5 estrellas

Para investigar a Sebastian primero tenía que dejar de defenderlo.

ISBN 8420455482

A un muerto es dificilísimo pedirle explicaciones. No contesta, no se contradice y no llega tarde para recordarte por qué te emberracabas con él. Con el tiempo, hasta sus defectos pueden empezar a parecer detalles entrañables. El recuerdo va quitando cosas y uno llama amor a la edición que queda.

Mariana Andros, terapeuta de grupo, está atravesando el duelo por su marido Sebastian cuando el asesinato de una estudiante la lleva a Cambridge, donde estudia su sobrina Zoe. Allí encuentra al profesor Edward Fosca y al grupo de alumnas que lo rodea: las Doncellas.

La sospecha se organiza alrededor de un hombre visible, carismático y bastante dispuesto a aprovechar el lugar que ocupa. Mientras Mariana lo mira, hay otro hombre mucho más protegido. El suyo. El que ya murió.

Cambridge también puede ser un lugar donde nadie hace la pregunta incómoda

La universidad ofrece una escenografía magnífica para confundir prestigio con confianza. Edificios antiguos, conocimiento especializado, nombres que parecen merecer silencio cuando se pronuncian. Uno entra esperando inteligencia y corre el riesgo de extender esa expectativa a la decencia.

No son la misma cosa.

El profesor que sabe explicar una tragedia griega puede ser perfectamente capaz de producir una pequeña tragedia contemporánea con sus estudiantes. El vocabulario no lo vacuna. A veces solo le facilita una explicación más elegante.

Michaelides aprovecha ese ambiente para poner a Mariana en un espacio donde todo parece tener significado: los versos, los rituales, las relaciones entre quienes pertenecen al grupo. Es fácil empezar a buscar una clave culta que permita ordenar la violencia.

A mí me interesa también lo que sucede antes de encontrarla. La fascinación por una persona puede hacer que una institución tarde demasiado en reconocer conductas que, fuera de ese edificio, le resultarían bastante menos impresionantes. El prestigio es útil cuando hay trabajo detrás. Cuando empieza a funcionar como permiso, ya estamos jodidos.

Yenny Astrid Londoño apoyando la cara en la mano, con Las doncellas, de Alex Michaelides, una taza y una vela, con estatuas y arquitectura clásica al fondo y un texto superpuesto en la imagen.

Fosca llama la atención y eso también beneficia a alguien más

Fosca no necesita ser el asesino para resultar cuestionable. La atención que concentra es una parte importante del engaño, pero el desenlace no convierte automáticamente su conducta en un malentendido inocente.

Este es uno de los asuntos que más me interesan en el libro: la diferencia entre una sospecha equivocada y una observación falsa. Mariana puede equivocarse al interpretar el crimen sin haberse inventado todo lo desagradable que vio alrededor del profesor.

Nos cuesta aceptar esa distinción. Una vez llega la revelación, queremos devolver a cada personaje al estante correspondiente. Si no mató, limpio. Si mató, todas las cosas que dijo eran mentira. Qué maravilla de organización. Lástima que rara vez funcione.

Un hombre puede aprovechar la admiración de sus alumnas y al mismo tiempo estar siendo utilizado como señuelo por otra persona. Lo que hizo sigue mereciendo atención aunque no explique los cadáveres.

Y un señuelo funciona mejor cuando ya trae algo preocupante. No hace falta inventarle una amenaza desde cero; basta con que nosotros hagamos el resto del trabajo.

El duelo de Mariana tiene un hombre que no acepta revisión

La ausencia de Sebastian determina la manera en que Mariana se mira y entiende a los demás. No es simplemente una protagonista triste a la que le sucede un misterio. Su duelo también organiza qué posibilidades le cuesta imaginar.

Me parece una idea poderosa porque la memoria amorosa puede convertirse en una forma de autoridad. La persona recordada ya no necesita discutir; nosotros discutimos por ella. Defendemos lo que creíamos conocer y dejamos fuera lo que no encaja.

Uno puede extrañar de verdad a alguien y haberlo conocido de una manera incompleta. No hay una cantidad de dolor que vuelva imposible esa combinación.

Ahí la novela toca algo más incómodo que el asesinato ritual. Descubrir una mentira de una persona viva permite, por lo menos, mirarla a los ojos. Descubrirla después de su muerte te deja reorganizando conversaciones que ya no se pueden repetir.

No solo te pregunta qué hizo. Te pregunta dónde estabas vos mientras lo hacía, qué viste y qué no había manera de saber. Ese último punto importa: la ignorancia de Mariana no convierte en suya la responsabilidad de Sebastian.

Zoe y Sebastian estaban dentro de la confianza de Mariana

Zoe es quien ejecuta los asesinatos siguiendo un plan de Sebastian. Él había mantenido una relación con ella desde su adolescencia y había planeado eliminar a Mariana por su dinero, utilizando a Fosca como culpable aparente.

La revelación rompe dos vínculos a la vez. Mariana creía estar protegiendo a su sobrina mientras conservaba el amor por su marido muerto. Descubre que esas dos certezas compartían una historia que a ella le habían ocultado.

Y aquí hay que tener cuidado con llamar a todo aquello una aventura. Sebastian era un adulto y Zoe era una adolescente bajo una relación de confianza familiar. El secreto no vuelve simétricas las responsabilidades.

Lo que Zoe hace después es gravísimo. Pero reconocer su violencia no exige borrar la manipulación que sufrió. Podemos mirar a una persona como responsable de un daño y, a la vez, preguntar quién la utilizó antes.

Sebastian conserva una ventaja terrible durante buena parte de la novela: Mariana lo recuerda enamorada. Está menos expuesto al examen que el profesor, los estudiantes o cualquiera que siga vivo para incomodarla.

Qué protección tan eficaz. Morirse y dejar a la esposa sosteniendo la reputación.

El giro cambia el pasado y también le pide bastante al lector

La idea de revelar al marido idealizado tiene fuerza. Obliga a revisar el duelo y transforma la investigación en una crisis de conocimiento íntimo. Mariana no solo pierde una certeza sobre el crimen; pierde el matrimonio que creía haber vivido.

Mi reparo está en la cantidad de decisiones que hay que aceptar para que ese plan funcione. Los asesinatos de las estudiantes sirven a una estrategia cuyo objetivo está en otra parte, y eso puede dejar al grupo que da título al libro con menos peso humano del que promete.

Las víctimas merecen algo más que facilitar un giro enorme. Si su muerte importa principalmente por la dirección hacia la que nos hizo mirar, la tragedia puede sentirse demasiado subordinada a la sorpresa.

También cuesta la distancia entre el despliegue de mitología y la explicación final. El ambiente es sugerente, pero no todo lo que parece significativo termina siéndolo del mismo modo. A veces el decorado ofrece una profundidad que la maquinaria del crimen no necesita.

Eso no invalida la propuesta. Sí impide que yo confunda automáticamente un desenlace inesperado con uno perfectamente preparado. Son dos virtudes distintas, aunque se vendan juntas con bastante entusiasmo.

Yenny Astrid Londoño con camisa blanca, apoyando la cara en la mano, con Las doncellas, de Alex Michaelides, sobre la mesa y un texto superpuesto en la imagen.

Me interesa más lo que Mariana tiene que revisar que la inteligencia del asesino

Las doncellas encuentra su mejor lectura cuando dejamos de admirar el plan y nos quedamos con lo que arruinó. Una mujer estaba tratando de entender un crimen desde una vida cuyo pasado también necesitaba ser entendido.

La terapeuta conoce herramientas para escuchar a los demás, pero ese conocimiento no la vuelve inmune al deseo de conservar a quien amó. Eso tiene sentido. La formación no elimina los afectos que hacen difícil una pregunta.

El libro combina una atmósfera atractiva, un sospechoso que concentra miradas y una revelación que vuelve doloroso el recuerdo. También exige tolerancia frente a sus conveniencias. A mí me da más conversación la traición íntima que la promesa de un rompecabezas impecable.

Porque a Fosca Mariana podía investigarlo.

Para investigar a Sebastian primero tenía que dejar de defenderlo.

Preguntas que me hacen siempre

¿Hay que leer La paciente silenciosa antes?

No es indispensable. Hay conexiones entre los libros, pero el misterio de Mariana se puede leer por sí mismo.

¿Qué son las Doncellas?

El grupo selecto de estudiantes que rodea al profesor Edward Fosca en Cambridge.

¿La reseña tiene spoilers?

Sí. Incluye el vínculo entre Zoe y Sebastian y el plan dirigido contra Mariana.

¿De qué trata Las doncellas?

Mariana Andros, terapeuta de grupo, está atravesando el duelo por su marido Sebastian cuando el asesinato de una estudiante la lleva a Cambridge, donde estudia su sobrina Zoe. Allí encuentra al profesor Edward Fosca y al grupo de alumnas que lo rodea: las Doncellas.

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Sobre la autora

Yenny Astrid Londoño

Yenny Astrid Londoño es autora colombiana y fundadora de Anchetas Medellín. Sus libros combinan sarcasmo, ironía y humor inteligente para contar la vida cotidiana sin maquillarla.

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