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Yenny Astrid Londoño.

Reseña

La última Sra. Parrish: Amber quería el marido de Daphne sin haberlo revisado bien

Vio la casa, las joyas y al señor que pagaba todo. La letra pequeña del matrimonio no estaba en las fotos.

Por Yenny Astrid Londoño · 8 de octubre de 2026 · 8 min de lectura

Yenny Astrid Londoño con La última Sra. Parrish, de Liv Constantine, sobre la mesa junto a una copa de vino, unas gafas y un cuaderno, con el título de la reseña superpuesto en la imagen.

El libro

La última Sra. Parrish

Thriller psicológico doméstico

de Liv Constantine

4 de 5 estrellas

La otra todavía está preguntando cuánto cuesta entrar.

ISBN 8491392130

Hay gente que mira un matrimonio ajeno como quien revisa un apartamento en venta. Se fija en la ubicación, los acabados, la amplitud y lo bien que quedaría viviendo ahí. La persona que ya lo ocupa empieza a parecerle un problema administrativo.

Amber Patterson hace algo parecido con la vida de Daphne Parrish. Le interesa su posición, el dinero y su marido Jackson. Se acerca fingiendo una afinidad ligada a una hermana enferma que no existió de la manera en que la cuenta. Daphne le abre un espacio y Amber empieza a utilizarlo.

Lo que me interesa de esa entrada no es únicamente la ambición. Es el desprecio con que una persona puede decidir que otra no merece lo que tiene antes de preguntarse qué vida está llevando en realidad.

Amber convierte una amistad en una solicitud de reemplazo

La impostura inicial explota la compasión de Daphne. Eso ya dice bastante del método: Amber encuentra una pérdida importante y la usa como contraseña. No está buscando una conversación; está preparando acceso.

Una amistad necesita tiempo para que las dos personas se conozcan. Ella prefiere estudiar lo que una necesita y ofrecerlo con una precisión bastante poco desinteresada. Si Daphne espera comprensión, Amber produce comprensión. Si hace falta mostrarse discreta, se acomoda.

La crueldad no está solo en mentir. Está en mirar la confianza recibida como si fuera una debilidad de la que conviene sacar provecho. Hay una forma de inteligencia que entiende muy bien a los demás y utiliza ese conocimiento para joderlos mejor.

Además, Amber cree que ya comprendió a Daphne. La ha convertido en una mujer privilegiada que tiene demasiado y, por lo visto, no sabe apreciarlo. Esa idea le evita cualquier consideración por lo que está haciendo. Si la otra no merece su vida, quitársela hasta puede parecerle una corrección del universo.

Qué entusiasmo tan conmovedor por la justicia cuando coincide exactamente con lo que uno quiere llevarse.

Yenny Astrid Londoño con un traje negro junto a La última Sra. Parrish, de Liv Constantine, una copa de vino y unas gafas de sol, con un atardecer junto al mar y un texto superpuesto en la imagen.

Jackson tiene el dinero y eso no lo convierte en un buen destino

La apariencia de Jackson resulta fundamental para la fantasía de Amber. El hombre ofrece todo lo que ella puede reconocer desde afuera como señal de éxito. Está tan ocupada mirando lo que tiene que termina interpretando lo que hace con una generosidad bastante interesada.

Una infidelidad puede venderse como prueba de un amor excepcional si uno necesita sentirse la excepción. Él engaña a la esposa porque conmigo encontró lo verdadero. La esposa no lo entiende. El matrimonio ya estaba muerto. Conmigo será otra historia.

Por supuesto, mija. Y el comportamiento anterior era apenas una prueba de sonido.

Lo que Amber no mira con suficiente atención es la continuidad del hombre entre una relación y otra. El dinero cambia el escenario; no borra el modo en que alguien usa el poder. Que te compre algo no responde a la pregunta de qué espera obtener a cambio.

La novela aprovecha esa ceguera porque la ambición no siempre significa ver mucho. A veces significa mirar una sola cosa con tanto deseo que todo lo demás pierde importancia. Amber observa con detalle lo que quiere conseguir y pasa de largo por lo que debería hacerla detenerse.

Cuando Daphne habla cambia el significado de los regalos

El cambio de perspectiva revela que Jackson es un marido violento y controlador. La vida de Daphne, vista desde adentro, está muy lejos del privilegio sin problemas que Amber había imaginado.

Ese desplazamiento es el gran acierto de la premisa. No hace falta que cambien la casa o las joyas: cambia la información que tenemos sobre ellas. Lo que parecía una señal de cariño puede pertenecer a una relación donde el afecto y el miedo se administran desde la misma mano.

A mí me interesa esa corrección de la mirada. La riqueza puede comprar privacidad, respetabilidad y una cantidad considerable de personas dispuestas a no hacer preguntas. Desde afuera hay comodidades; desde adentro puede haber un hombre decidiendo qué podés decir, cómo debés comportarte y cuánto te va a costar contrariarlo.

Y la pregunta de por qué no se fue resulta bastante más fácil cuando se formula desde una silla donde él no puede escucharte. Una relación violenta incluye obstáculos que no aparecen en la fotografía del matrimonio.

Daphne necesita que la historia deje de ser contada únicamente por la mujer que envidia su vida. El cambio de voz permite precisamente eso. La supuesta ganadora puede explicar qué estaba perdiendo mientras los demás la felicitaban.

Daphne entiende el plan y encuentra cómo usarlo

Daphne termina utilizando la ambición de Amber para salir de su matrimonio con Jackson. La mujer que creíamos desplazada conoce mucho mejor el lugar del que la otra quiere apoderarse.

Como inversión narrativa es eficaz. Amber calcula una operación de conquista y descubre que aquello que estaba ganando tiene condiciones que nadie le había explicado.

También dice algo sobre la arrogancia de sentirse la única persona con un plan. Ella observa a Daphne desde una posición de superioridad; esa superioridad depende de información incompleta. Nunca se detuvo a pensar que la esposa pudiera estar comprendiendo más que ella.

Pero acá es donde yo dejo de aplaudir cómodamente. Porque una cosa es disfrutar que una manipuladora pierda el control y otra asumir que la violencia de Jackson constituye un castigo adecuado.

La novela permite una satisfacción que conviene examinar: se lo buscó, recibió lo que merecía, por fin aprendió. Entiendo la tentación. Amber ha hecho suficiente daño para que la caída produzca alivio.

Eso no vuelve menos violento al hombre ni transforma el maltrato en un recurso de justicia.

Amber puede ser horrible sin que Jackson se convierta en su correctivo

Este es el punto que más conversación me da. Podemos condenar todo lo que Amber hizo sin necesitar que un marido abusivo complete la sentencia. No hace falta quererla para reconocer ese límite.

Si solo defendemos a las mujeres que nos resultan agradables, la defensa viene con una evaluación de simpatía bastante peligrosa. Jackson no adquiere permiso porque la nueva pareja haya mentido o porque nos produzca ganas de decirle que estaba advertida.

Daphne busca escapar de una situación que conoce. Esa necesidad merece atención y no la voy a juzgar como si tomara decisiones desde una vida tranquila. Al mismo tiempo, el desenlace admite una incomodidad moral que no desaparece porque la inversión esté bien diseñada.

Me parece más valioso conversar sobre esa dificultad que despachar todo con una carcajada de venganza. El libro entrega el placer de ver a Amber equivocarse, pero también una ocasión para preguntarnos qué estamos celebrando exactamente.

Una estafadora puede perder. Un hombre violento sigue siendo un hombre violento. Son dos hechos que no necesitan absolverse mutuamente para existir en la misma página.

Yenny Astrid Londoño con una bata roja y una copa de vino, junto a La última Sra. Parrish, de Liv Constantine, con un atardecer junto al mar y un texto superpuesto en la imagen.

Lo que no me gustó de La última Sra. Parrish

Mi reserva está en la facilidad con que el sufrimiento de una mujer desagradable puede presentarse como una recompensa para el lector. El libro entrega el placer de ver a Amber equivocarse, pero también una ocasión para preguntarnos qué estamos celebrando exactamente.

Podemos condenar todo lo que Amber hizo sin necesitar que un marido abusivo complete la sentencia. Una estafadora puede perder; un hombre violento sigue siendo un hombre violento. No necesitan absolverse mutuamente para existir en la misma página.

Y el marido deja de interesarme como premio desde bastante temprano: un hombre no se vuelve un gran destino porque dos mujeres estén disputando el lugar a su lado.

La vida que Amber quería era una vida que Daphne necesitaba dejar

La última Sra. Parrish funciona como una novela sobre la diferencia entre acceso y conocimiento. Amber consigue acercarse a la familia, participar en la intimidad y reconocer oportunidades. Sin embargo, estar cerca no le alcanza para entender.

Su deseo hace una selección. Ve el lujo y la supuesta ventaja de Daphne; tarda mucho más en ver a Jackson. Esa desigualdad entre lo que observa y lo que acepta sostiene la inversión del libro.

Mi interés está en el cambio de perspectiva y en sus consecuencias. Mi reserva está en la facilidad con que el sufrimiento de una mujer desagradable puede presentarse como una recompensa para el lector. El thriller da material para las dos conversaciones.

Y quizá por eso el marido deja de interesarme como premio desde bastante temprano. Un hombre no se vuelve un gran destino porque dos mujeres estén disputando el lugar a su lado.

A veces una de ellas está tratando de salir.

La otra todavía está preguntando cuánto cuesta entrar.

Si te gustó este libro, sigue por aquí

Si te quedaste con ganas de más, estas dos reseñas van por el mismo lado.

Si te gustó La última Sra. Parrish, pasa por mi reseña de Verity: La sombra de un engaño: En esta historia todos mienten. El problema es que uno termina escogiendo a su mentiroso favorito.

Si te gustó La última Sra. Parrish, pasa por mi reseña de Perdida: Nick y Amy parecían saber perfectamente con quién se habían casado. El problema es que ambos se habían enamorado de una versión cuidadosamente editada del otro. Cuando la edición dejó de funcionar, empezó la guerra.

Preguntas que me hacen siempre

¿Es el mismo libro que La conspiración de la señora Parrish?

Sí. Ese es un título utilizado en la edición española de The Last Mrs. Parrish. Revisá la ficha de la edición que vayas a comprar.

¿Liv Constantine es una sola escritora?

Es el seudónimo de las hermanas Lynne y Valerie Constantine.

¿La reseña revela el giro?

Sí. Explico la violencia de Jackson y cómo cambia el sentido de la ambición de Amber.

¿De qué trata La última Sra. Parrish?

Amber Patterson hace algo parecido con la vida de Daphne Parrish. Le interesa su posición, el dinero y su marido Jackson. Se acerca fingiendo una afinidad ligada a una hermana enferma que no existió de la manera en que la cuenta. Daphne le abre un espacio y Amber empieza a utilizarlo.

¿Qué fue lo que no me gustó de La última Sra. Parrish?

Mi reserva es lo fácil que resulta presentar el sufrimiento de una mujer desagradable como una recompensa para el lector, y que un marido abusivo parezca completar la sentencia de Amber.

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La última Sra. Parrish

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Sobre la autora

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Yenny Astrid Londoño es autora colombiana y fundadora de Anchetas Medellín. Sus libros combinan sarcasmo, ironía y humor inteligente para contar la vida cotidiana sin maquillarla.

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