Reseña
Mentira: la señora avisa que vive de engañar y uno todavía le presta atención
Eva Ramos sabe fabricar versiones. A mí me interesa qué queda de una persona cuando lleva demasiado tiempo sosteniéndolas.
Por Yenny Astrid Londoño · 8 de octubre de 2026 · 7 min de lectura

El libro
Mentira
Thriller de misterio
de Juan Gómez-Jurado
4 de 5 estrellas
Después de eso, si seguís creyéndole, también toca preguntarte qué necesitabas escuchar.
ISBN 8466683089
Cuando alguien empieza una conversación advirtiendo que su trabajo consiste en mentir, lo razonable sería acomodar la silla cerca de la salida. Pero basta con que nos diga que con nosotros será distinto para que aparezca esa pequeña vanidad tan útil para los embaucadores: a los demás sí, a mí no. Yo merezco la excepción.
Ave María. Ya empezó a trabajar y todavía no le hemos preguntado el nombre.
La narradora de Mentira utiliza Eva Ramos como identidad. Gómez-Jurado coloca esa desconfianza desde el principio, y por eso el interés no depende solamente de sorprendernos con una mentira escondida. Estamos avisados. Lo difícil es entender qué hacemos con el aviso mientras seguimos escuchándola.
Eva no nos debe una confesión porque la escuchemos con atención
Que una narradora se dirija al lector produce una intimidad muy conveniente. Parece que hubiera dejado de hablar para el resto y se hubiera acercado a contarte algo al oído. Uno empieza a sentirse escogido, que es un estado magnífico para bajar las defensas.
A mí me interesa más ese efecto que la simple etiqueta de narradora poco fiable. La etiqueta sirve para describir el recurso; no explica por qué, aun conociéndolo, nos dejamos llevar.
La franqueza parcial puede ser una forma muy eficiente de administrar la confianza. Si alguien reconoce un defecto, esperamos que también reconozca los demás. Si admite una mentira, concedemos cierta credibilidad a lo que viene después. Y ahí puede empezar otro engaño.
Eva nos obliga a mirar esa negociación. No hay razón para pensar que contar una historia desde adentro equivale a entregarla completa. Una persona también puede explicar muchísimo para evitar la única pregunta que no quiere responder. Todos conocemos a alguien capaz de producir cuarenta minutos de contexto sin acercarse a lo que hizo.
Lo que no todos tenemos es la paciencia de convertirlo en una novela.

La nieve tiene la vulgar costumbre de no dejarse convencer
Eva y su hermano Pablo quedan aislados en una aldea asturiana por una tormenta de nieve. El encargo que los lleva hasta allí se transforma en una situación donde hay cadáveres, sospechosos y pocas posibilidades de marcharse.
El encierro cambia el valor de sus habilidades. Una mentirosa profesional puede organizar lo que otra persona cree; tiene bastante menos autoridad sobre una carretera bloqueada. El clima no se siente halagado porque le hablen bonito.
Eso vuelve interesante el escenario. La capacidad de controlar versiones tiene límites materiales. Hay frío, hay cuerpos y hay gente atrapada que necesita tomar decisiones antes de disponer de toda la información.
En una situación así, la confianza tampoco puede esperar a volverse perfecta. Tocará creerle a alguien para moverse, aunque ese alguien no haya pasado una auditoría moral. El suspense se alimenta de esa obligación: desconfiar de todos puede parecer prudente hasta que necesitás que uno te ayude.
Y un pueblo pequeño no vuelve sencilla la investigación. Conocerse desde hace años también ofrece muchísimas oportunidades para tener cuentas pendientes que un recién llegado no entiende. La familiaridad puede esconder cosas con la misma eficacia con la que las revela.
Pablo complica la comodidad de mirarla como una máquina
La presencia de su hermano introduce una responsabilidad que no cabe del todo en el retrato de una mujer dedicada a fabricar identidades. Eva puede tratar una conversación como una maniobra; Pablo le exige algo que una maniobra no reemplaza.
Una relación cercana tiene memoria. Conoce las versiones que usaste antes, lo que hacés cuando estás asustada y las promesas que seguís debiendo. No se impresiona necesariamente con la demostración que funciona frente a los demás.
Me interesa que el libro permita mirar a Eva desde esa cercanía. Una protagonista puede ser brillante para resolver problemas ajenos y bastante torpe cuando el problema incluye a alguien que quiere. Eso le da un conflicto más concreto que simplemente demostrar que siempre es la más inteligente del salón.
Porque la inteligencia como espectáculo se agota. Uno puede admirar una jugada, dos, cinco. Después también quiere saber qué le cuesta a la persona hacerlas y qué no logra resolver con ese talento.
Pablo representa una posibilidad de leer el oficio de Eva con otra pregunta: qué intenta proteger cuando miente. Eso no justifica automáticamente sus decisiones. Pero impide confundir a la persona con el inventario de sus trucos.
Aprender a mentir también puede ser aprender qué quieren oír los poderosos
El pasado de Eva incluye la formación bajo un hombre manipulador. Esa relación importa porque un oficio no aparece de la nada: alguien enseña procedimientos, establece premios y decide qué consecuencias tendrá equivocarse.
A veces llamamos carácter a lo que otra persona entrenó durante años. Vemos a alguien reaccionar con frialdad y olvidamos preguntar en qué condiciones aprendió que mostrar miedo era una desventaja.
Eso tampoco convierte su pasado en un permiso para hacer cualquier cosa. Me parece más interesante sostener ambas preguntas: cómo llegó a ser así y qué está eligiendo ahora. Entender un mecanismo no obliga a celebrarlo.
Hay una perversidad particular en formar a alguien para que pueda engañar a cualquiera y después exigirle lealtad absoluta. El maestro quiere una herramienta excepcional, pero se siente profundamente ofendido si descubre que la herramienta también aprendió a defenderse de él.
Con Eva, la identidad fabricada deja de ser solamente una ventaja de thriller. También plantea cuánto de uno queda disponible después de acostumbrarse a ser lo que una situación exige. Cambiar de versión puede salvarte una vez. Hacerlo siempre puede volverte incapaz de reconocer cuándo estás descansando.
El lector también quiere una mentira que le quede cómoda
Nos encanta señalar la credulidad de los personajes porque desde afuera creemos ver más. El libro nos ha entregado un lugar privilegiado y nosotros lo ocupamos como si fuera mérito propio.
Pero seguimos dependiendo de alguien que decide qué contarnos. La lectura atenta ayuda; no fabrica información que todavía no está en la página. Por eso me parece útil observar no solo qué sospecho, sino por qué una explicación me resulta más atractiva que otra.
A veces queremos creerle al personaje que nos cae mejor. O al que habla con seguridad. O al que encaja en el tipo de culpable que ya aprendimos a buscar. Después llamamos intuición a esa comodidad.
Mentira propone jugar precisamente en esa zona. No basta con ir anotando falsedades como quien corrige un examen. También toca admitir que ciertas versiones nos ganan porque nos ofrecen una posición agradable dentro de la historia.
Yo puedo desconfiar de Eva y, aun así, disfrutar muchísimo que me lleve de la mano. La contradicción tiene bastante humanidad. También tiene un riesgo: cuando alguien te conduce con demasiada soltura, conviene mirar de vez en cuando adónde van tus pies.

No voy a declarar perfecto todo lo que consiga desorientarme
El reto de una novela construida alrededor de la mentira es conservar una diferencia entre ocultar y hacer trampa. El lector puede aceptar que un personaje engañe. Lo que cuesta más es sentir que la historia modifica las condiciones cada vez que estamos cerca de comprenderla.
Ese es mi criterio para este juego. Me interesa que las revelaciones permitan revisar lo anterior, que una mentira tenga función y que el pasado explique sin convertirse en una fábrica de excusas. La sorpresa sola no alcanza para resolver esas exigencias.
Por eso prefiero hablar de lo que la propuesta de Mentira pone en movimiento sin venderte una sentencia sobre cada pieza del desenlace. Aquí no te cuento el culpable ni el último giro. El interés de Eva ya está en otra parte: en esa capacidad de acercarse al lector mientras nos advierte que la cercanía tampoco es una garantía.
Gómez-Jurado ofrece una historia independiente, así que podés entrar sin tener un mapa de Reina Roja en la mano. Lo que sí conviene llevar es cierta disposición a revisar lo que creés.
Eva te avisa desde el principio.
Después de eso, si seguís creyéndole, también toca preguntarte qué necesitabas escuchar.
Preguntas que me hacen siempre
¿Hay que leer Reina Roja antes?
No. Mentira es una novela independiente de aquel universo.
¿Esta reseña cuenta el final?
No. Comenta el punto de partida y la construcción de Eva sin identificar al culpable ni revelar el último giro.
¿Es la Mentira de Care Santos?
No. Aquí reseño la novela de Juan Gómez-Jurado publicada en 2026; son libros distintos.
¿De qué trata Mentira?
Eva y su hermano Pablo quedan aislados en una aldea asturiana por una tormenta de nieve. El encargo que los lleva hasta allí se transforma en una situación donde hay cadáveres, sospechosos y pocas posibilidades de marcharse.
El libro
Mentira
de Juan Gómez-Jurado
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Sobre la autora
Yenny Astrid Londoño
Yenny Astrid Londoño es autora colombiana y fundadora de Anchetas Medellín. Sus libros combinan sarcasmo, ironía y humor inteligente para contar la vida cotidiana sin maquillarla.
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